4. Feliz Halloween #2
—Me alegro de que el fútbol americano no te haya convertido en alguien demasiado guay para ir de tus dibujos animados favoritos.
—Nunca —contesta, rebosante de alegría—. ¿Un hada demonio? —pregunta, contemplándola.
La sonrisa de Opi se ensancha más si cabe, pero antes de que pueda responder, un olor familiar y embriagador comienza a acercarse a ella.
Se inclina para ver detrás de Theo y fija la mirada en una espalda ancha.
A pesar de que no lleve su uniforme del equipo de fútbol americano, reconocería a Ben Garrett solo por su olor.
—¿Quieres que te lo presente? —pregunta Theo.
Opi vuelve a centrar la atención en su amigo.
—¿A quién? —pregunta, fingiendo ignorancia.
—¿De verdad piensas que me he tragado que has estado viéndonos entrenar por mí? —Se bebe la cerveza de un sorbo, pero no oculta su sonrisa cómplice.
Ella pone los ojos en blanco y, sin disimular mucho, estira el cuello para buscar a Dusty en la sala.
Es fácil encontrarla; se halla en la entreplanta, lejos de la multitud, como siempre.
Mali charla con un pequeño grupo mientras Dusty y Will están junto a ellos.
Will le susurra algo a Dusty al oído. Ella sonríe, tierna y alegre, y después se gira para echarle los brazos por los hombros y acercarse más para que sus narices se toquen.
Es un momento dulce e íntimo, y, en su antigua vida, habría hecho que el corazón de Opi estallase de alegría. Sin embargo, en vez de eso, lo que la recorre es esa punzada de celos enfermiza y gélida.
Siempre hambrienta, siempre vacía.
—Sí —dice, volviendo a mirar a Theo—. Preséntamelo.
«¿Qué tiene de malo? —piensa—. Es del último año. El quarterback . De todos modos, apenas se va a interesar».
Theo le dedica una mirada de asombro, pero, a continuación, asiente con una sonrisa a la par que se vuelve para presentarla. Le pone una mano a Ben en el hombro y, cuando este se gira, para sorpresa de Opi, tiene el jersey cubierto de sangre.
Su amigo se ríe mientras ella traga saliva con un nudo en la garganta. Su cerebro sabe que la sangre es falsa, aunque, por la manera en la que le palpitan los dientes y le hormiguean los dedos, está claro que su cuerpo aún no se ha enterado.
—Lo sé —repone Ben, sacudiendo la cabeza—. Pero, en mi defensa, alegaré que he tenido que quedarme con el entrenador tras el entrenamiento. Y esto es lo mejor que me he podido buscar sin tener que ir a casa a cambiarme.
—Me encanta —responde Theo, y luego señala a Opi—. Hermano de Sangre, te presento a Hada Demonio; Hada Demonio, te presento a Hermano de Sangre.
Ben se ríe y Opi juraría que se le han sonrojado las mejillas un poco. Ella sonríe y le mantiene la mirada, curiosa.
—Yo tengo que… —empieza a decir Theo. Opi lo ve por el rabillo del ojo mirar toda la sala—. Ahora vuelvo —añade. Entonces, se marcha.
Ben se muerde el labio inferior, intentando ocultar su sonrisa sorprendentemente tímida. Opi inhala su olor como si el resto de la habitación desapareciera en una niebla de ruido sordo y calor.
Dusty examina la fiesta poco iluminada bajo ella.
Sobre sus cabezas hay una nube de colores que la desorienta.
Suaviza la mirada, relajando la tensión que le queda en el cuerpo, como ha estado practicando.
Los colores empiezan a disolverse un poco, pero los disfraces le dificultan encontrar a su hermana.
Cierra los ojos y busca su vínculo con Eli. Desea que él se dé prisa y vuelva a casa para ayudarla a vigilarla.
—¿Es la visión? —pregunta Will, inclinándose contra el panel de madera dura de la pared del rellano para mirar a Dusty.
Mali aparece al otro lado de Dusty; los puños de encaje blancos de su disfraz de Sabrina cubren la barandilla al tiempo que echa un vistazo hacia abajo, hacia la habitación a rebosar de gente.
—Querrás decir «premonición » .
Dusty les dedica una ligera sonrisa y, a continuación, asiente.
—Eso, y solo… Opi en general. Estaba comenzando a no sentir tanto miedo por ella…, por que perdiera el control de nuevo…, por que se metiera en problemas o saliera herida.
—Para empezar, Dust —replica Mali—. Se ha encontrado bien conmigo durante semanas. Solo está descubriendo cómo funcionan las cosas. ¿Y la premonición? Yo no lo llamaría así. Ni si quiera sabemos lo que es. Tal vez era más una especie de sueño. O el recuerdo de un sueño.
Dusty asiente.
—Quizá. —No obstante, todavía puede oír el disparo, como si fuera una cicatriz auditiva en su interior. Muy real.
—Oye —dice Will. Ella se vuelve hacia él, y la mirada honesta y firme en sus ojos la ancla a la tierra al instante—. Si era el futuro, siempre se puede cambiar. Nada está escrito en piedra.
—Desde luego —añade Mali—. Se llama libre albedrío, y aunque hay cosas que yo ni siquiera voy a intentar comprender, sí que creo que puedes elegir tu propio destino. —Entonces, mira a Dus ty y hace una mueca—. A ver…, hasta cierto punto.
Dusty vuelve a bajar la vista hacia la fiesta, aún buscando a su hermana.
—Solo me preocupo —comienza a decir—. Con JD ahí fuera, no hemos dejado de vigilarnos las espaldas.
Podría regresar a casa en cualquier momento, y todo podría ir de mal en peor otra vez.
O la presencia podría volver. No sabemos si ha terminado con nosotros.
Así que, después de lo de hoy, yo solo… Tenemos bastante de lo que preocuparnos sin esta nueva sensación divertida de catástrofe inminente.
—JD no va a volver —responde Mali, apretando los dientes—. No es tan imbécil.
—Hablando del tema… —repone Will, haciendo un gesto con la cabeza hacia las escaleras—. Ahí está esa chica, Kat.
—La música —comenta Mali, inclinándose para verla ella misma. Suelta un jadeo—. Ay, Dios, va disfrazada de Sailor Moon.
—¿Has intentado hablar con la madre de JD? —pregunta Will en voz baja.
—¿Para qué? —contesta Dusty.
—Joder —murmura Mali, y luego, cuando Kat llega al final de las escaleras, agita la mano en dirección a la chica—. Estoy obsesionada con eso.
Kat dirige la vista a su disfraz y después de vuelta hacia Mali; parece incapaz de responder.
—Eh…, ¿gracias? —suelta al fin; sus colores cambian a rosas y un naranja melocotón.
Se gira hacia Dusty al mismo tiempo que empiezan a salirle las palabras a borbotones—: No quería inte rrum piros otra vez, chicos.
Es que… os he visto aquí arriba y tengo esta solicitud que he de mandar, así que quería preguntaros otra vez si…
—se detiene e inspira hondo— habéis visto a JD.
Dusty suspira.
—No, lo siento. No se encontraba en casa.