White Mountain (Black River 2) 3. Premonición #2
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3. Premonición #2

A Opi le escuece, pues siente que el comentario va de algún modo dirigido a ella, aunque no sea así.

De repente, Opi nota a alguien justo detrás, con los sentidos a flor de piel por la cercanía. Escucha mientras la persona se aclara la garganta y luego una voz suave dice:

—Perdonad.

Dusty y Will alzan la vista a la vez que Opi y Mali se giran para ver a la chica que hay a sus espaldas.

Bajita y con curvas, tiene el cabello color miel y unos ojos castaños bonitos y cálidos que no paran de deslizarse entre las cuatro personas que la están mirando con fijeza.

Lleva un jersey azul claro, una falda plisada marrón corta con medias negras tupidas y unas merceditas de Dr. Martens de suela gruesa.

Se la ve nerviosa mientras agarra con fuerza las correas de una funda de instrumento enorme que lleva a la espalda.

—Kat, ¿no? —pregunta Mali.

La chica parece sorprendida, pero luego asiente y una tímida sonrisa le ilumina la cara.

—Creo que vamos a Mates juntos, ¿verdad? —añade Mali, intercambiando miradas con Dusty y Will que confirman que ninguno de ellos sabe por qué la chica se les ha acercado.

—Sí. Perdonad por interrumpir. Es que he intentado contactar con JD y…, bueno, es como si tuviera el teléfono apagado o me hubiera bloqueado. —Baja la vista y se mira los pies—. Me preguntaba si me podríais dar su nuevo número o algo así. Dicen que ahora estudia en casa, ¿no?

Todos asienten, pero nadie habla.

—No es culpa tuya —responde Opi—. Digamos que es un poco… ermitaño. ¿Te podemos ayudar en algo?

Kat tuerce la boca hacia el lado.

—La verdad es que no. Antes del verano me grabó tocando para una de sus pistas. No paraba de decirme que me lo mandaría, pero jamás lo hizo.

—Típico de JD —musita Mali.

—Anda, qué guay, ¿qué tocas? —pregunta Dusty.

Kat echa un vistazo por encima del hombro a la abultada funda de su espalda.

—El violonchelo —responde como si fuera evidente—. Mirad, es muy importante. ¿Es posible que me deis su dirección?

Todos se quedan callados.

Al final, Dusty dice:

—Su casa está cerca de la mía. Si te parece, puedo pasarme a preguntarle.

El alivio inunda la cara de Kat.

—Eso estaría genial. Gracias. —Vacila durante otro rato mientras mira a Mali una vez más antes de girarse para irse; el peso de su violonchelo la hace perder el equilibrio.

—Eso nos dará unos cuantos días —suelta Mali—. ¿Y después qué?

Dusty arruga la cara.

—Después, mentimos otra vez, ¿no? ¿Le decimos que ha bo rrado la pista o algo así?

—Bueno, es algo que JD haría, sí —reconoce Mali.

—¿Has tenido más visiones de él? —le pregunta Will.

—¿A través de sus ojos? —aclara Dusty—. Unas pocas. Pero ninguna que nos pueda dar una pista de dónde se encuentra. Lo mismo con Eli. ¿Y tú, Op?

Opi niega con la cabeza. Ella solo tiene visiones muy puntuales.

Ha visto a través de Dusty unas cuantas veces, pero, por suerte, cuando no estaba a solas con Will.

Ha visto a través de Eli cuando este anduvo fuera buscando a JD en el bosque con Dusty en una ocasión, y luego de nuevo cuando se acercó en la gasolinera del pueblo una noche a la caza de una mujer.

Opi sintió su atracción y el modo en el que su cuerpo reaccionó ante la sonrisa de la mujer, poderoso, embriagador.

Cuando Opi salió de la visión, se notó aturullada y agitada, y no le gustó.

En cuanto a JD, Opi había tenido tres visiones.

Dos cuando había estado en los bosques vagando solo con una necesidad de compañía abrumadora.

Y una en la que se encontraba hambriento y buscaba a alguien de quien alimentarse.

Eso solo aumentó su determinación para mantener su propia hambre bajo control.

—¿Qué hay de su madre? —pregunta Mali—. ¿Y si Kat no se rinde y va a su casa?

Dusty menea la cabeza.

—No la dejará entrar.

Mali baja la vista a la mesa con la mirada distante de pronto.

Opi se pregunta si está pensando en la noche que Kristen murió tratando de proteger a Mali de JD.

Aunque Mali y ella no estaban saliendo por aquel entonces, Kristen era la última persona por la que ella había sentido algo.

La chica era la que más había lamentado su pérdida y la que, sin duda, más odiaba a JD.

—¿Y no creéis que Amber sabrá dónde está JD? —pregunta Will—. A través de su vínculo o lo que sea.

Mali suelta una larga exhalación.

—¿La verdad? No lo creo. Si ese fuera el caso, pienso que a estas alturas ya habría ido a buscarlo. En mi opinión, no merece la pena preguntarle a ella. Apenas empieza a… superarlo. Intenta centrarse en el instituto.

—¿Todavía sigue escondiéndose en la biblioteca la mayor parte del tiempo? —pregunta Will.

—Sip.

Él asiente.

—¿Y Eli aún…?

—¿Sigue vigilando cómo ella se alimenta de borrachos en el pueblo una vez a la semana? —pregunta Mali—. Sip.

Mali y Eli habían acabado haciendo de madre y padre de Amber después de la marcha de JD.

Aunque Opi se encontraba entonces en pleno proceso de transformación, recuerda el tremendo conflicto que sentía Amber, atormentada por la culpa que la atenazaba por lo que había hecho y deseando ir en busca de JD.

Era como un animal perdido —nervioso, asustadizo e impredecible—.

Mientras que Eli le había enseñado cómo alimentarse, sustituyen do a Kristen en su puesto tras el bar del pueblo, Mali la había ayudado con su familia y el instituto.

Era como si Amber hubiera necesitado volverlo a asimilar, como si hubiera olvidado cómo existir sin JD.

Pero Amber había tenido un papel en la muerte de Kristen, por no mencionar lo que ella y JD le hicieron a Dusty, así que a Opi le fascina la fuerza que demuestra Mali al dejarlo todo a un lado y ayudarla como lo está haciendo.

—Por cierto —suelta Mali—, ¿volvemos a fingir que todo ha vuelto a la normalidad?

Opi exhala un lento suspiro, mientras que Dusty se ríe con incomodidad.

Mali aprovecha el momento.

—Bueno, vais a venir a la fiesta de Halloween esta noche, ¿no?

—Ajá —continúa Mali, meneando la cabeza—. Solo porque vosotros dos prefiráis esconderos en vuestra pequeña burbuja de amor como ermitaños, no podéis ignorar que ahora somos alumnos de último curso. Es nuestro momento.

—Creo que a Dusty le preocupa más bien dejarme sola en casa —responde Opi—. Eli sigue fuera, así que nos hemos quedado sin niñero.

Dusty pone mala cara, pero Mali reacciona:

—Pues, oye, señorita, es tu día de suerte. Creo que la fiesta la da uno de esos futbolistas populares, ¡por lo que Theo estará allí! Además, tú también te mereces un poco de diversión. ¡Vente!

Al ver que a nadie más le entusiasma la idea, Mali baja el mentón y los mira con ojos de cachorrito.

—Sois mis mejores amigos. El año que viene me iré a Texas. Esto no va a durar para siempre.

Una ráfaga de viento pasa sus garras heladas por el cabello de Opi mientras ella camina hacia los campos de fútbol americano.

Se estremece al mirar al norte, más allá del instituto, al tiempo que se pregunta cuánto faltará para la primera nevada.

Se sienta sobre una mesa al lado del campo y exhala el aire viciado y cargado de clase, reemplazándolo con el aire fresco del exterior, saboreando notas de césped, pino, tierra y escarcha lejana.

Igual faltan semanas, un mes incluso, pero es inevitable que nieve, y ella es incapaz de no preguntarse qué puede significar la premonición de Dusty.