3. Premonición
Premonición
Durante años, Opi se ha considerado diametralmente opuesta a su hermana.
Mientras Dusty se quedaba casi todo el tiempo a su bola con la cabeza metida en los libros, Opi era muy sociable, tenía tiempo para todo el mundo y le encantaba formar parte de cuanto la rodeaba.
Su futuro se extendía ante ella como un camino claro y bañado por el sol.
¿Le había hecho daño que su madre la abandonase? Más que cualquier cosa. ¿Echaba de menos a sus abuelos? Por supuesto. Sin embargo, Opi estaba decidida a sanar esas heridas a base de su propio amor, amor que compartía con los demás a través de las plantas que cultivaba y de la comida que cocinaba.
No se quedó esperando a terminar el instituto para comenzar a vivir sus sueños.
Ya había empezado su camino como herbolaria y naturópata cuidando de su huerto, aprendiendo cuáles eran las mejores épocas para cosechar o sembrar semillas y experimentando con comidas, sabores y la potencia de las hierbas en la cocina.
Le gustaba tanto que atesoraba cualquier recuerdo doloroso, cualquier pérdida o cualquier migraña como algo valioso porque todo aquello había hecho que fuera quien era, y le encantaba ser Ophelia Silver.
Lo que no había previsto era que tener un propósito centrado en una sola cosa la dejaría vacía si se lo arrebataban.
No se había dado cuenta de que llevarse bien con todo el mundo no era lo mismo que tener un grupo de amigos cercanos.
Y, aunque sí que tenía un mejor amigo, Theo, había pasado por alto el hecho de que crecer implicaba que pudieran bifurcarse sus caminos.
Llevaban siendo mejores amigos desde que tenían cinco años, y se pasaban la mayor parte del tiempo picándose y riendo o jugando en el bosque, explorando y buscando alimento.
Los veranos anteriores, se batían en duelo con palos y luego echaban carreras para ver quién llegaba primero al lago a nadar.
Durante los inviernos, hacían peleas de nieve y después se tiraban las tardes enteras haciendo re postería y comiendo.
Como eran unos críos, su amistad resultaba sencilla.
No obstante, Opi estaba empezando a darse cuenta de que crecer conllevaba forzosamente una serie de cosas complicadas.
Incluso aunque Opi no hubiera cambiado, Theo se habría unido al equipo de fútbol americano.
Él ahora dedicaba las tardes, los fines de semana y las vacaciones a entrenar y a acampar con el equipo para fortalecer el vínculo con sus compañeros.
Además, al tener una relación platónica con Opi, Theo quería pasar más tiempo con otras chicas, como era normal, o también con chicos que intentaban conquistar a chicas, conociéndolas y desarrollando sentimientos por ellas.
Con el tiempo, Opi y él habrían acabado separando sus caminos de todas formas.
Opi supone que este cambio natural hace que haya sido más fácil mantener las distancias con él los últimos meses. Aun así, le cuesta dejarlo ir del todo. De lo contrario, no le quedaría nada.
Así pues, se sienta en su mesa habitual en la cafetería, con Theo a su lado, ajeno a lo que es ella, mientras él charla alegremente con una chica al otro lado, una de esas amigas con las que Opi se lleva bien, pero a la que apenas conoce.
Frente a ella se sienta otro chico agradable, Cam, que en ese momento está mirando algo en el pecho de Opi.
Esta agacha la vista hacia sí misma y frunce el ceño al preguntarse qué podría estar llamando su atención.
A diferencia de Dusty, cuya figura es delicada y femenina, Opi es todo clavícula y hombros anchos, con un pecho tirando a plano.
No se le ve el sujetador, pero podría decirse que el escote del vestido es bastante pronunciado, sobre todo en comparación con los jerséis y las chaquetas de los demás.
La chica al lado de Cam, Michaela, le da de pronto un manotazo a él en el brazo.
Cam levanta la mirada de Opi antes de que las mejillas se le pongan coloradas como tomates.
—Qué vestido más mono —dice Michaela, más para Cam que para Opi.
Cam observa a Michaela con el cuerpo girado hacia la chica, como si el hecho de que no pudiera ver a Opi significara que no se encontraba allí en absoluto.
—Mick —la llama con los ojos clavados en ella, como si se estuviera devanando los sesos para pensar en algo que decir—, ¿no me ibas a contar lo de… ese chico al que querías invitar al baile de invierno?
Michaela lo mira con los ojos entornados antes de echarse a reír y, acto seguido, se lanza a hablarles de un chico con el que debe de tener un flechazo.
Opi se remueve en el asiento y se tira del dobladillo de su vestido corto para taparse los muslos, consciente de sí misma de pronto.
Remueve la comida de su bandeja, tratando de centrarse en dejar la mente vagar a otra parte.
Sus sentidos deambulan sin rumbo por el clamoroso calor de la sala mientras practica lo de centrarse en una cosa y luego en otra.
—Dusty, ¿qué ocurre?
Opi se pone tiesa cuando la pregunta de Mali le perfora los oídos.
Desvía la mirada hacia la mesa de su hermana y ve a Dusty allí sentada con los ojos cerrados, el corazón a mil y el cuerpo totalmente rígido.
—Chis —responde Will—. Está teniendo una visión.
Al parecer ajeno al movimiento repentino de Opi, Theo se vuelve hacia ella. La chica nota la mirada inquisitiva, pero no se molesta en darle una explicación. No sirve de nada. En su lugar, se levanta y va hacia su hermana.
Se sienta al lado de Mali, enfrente de Dusty, y aguarda.
Tras unos segundos que parecen una eternidad, Dusty abre de golpe los ojos. El corazón le late a toda velocidad; sin embargo, ella se queda mirando con fijeza hacia delante con la expresión en blanco.
—¿Dust? —pregunta Opi con tacto, inclinándose hacia delante, buscando los ojos de su hermana.
Cuando por fin enfoca la vista, Dusty la entorna en dirección a Opi.
—Nieve —susurra.
Opi observa a Will, que se encoge de hombros y extiende las manos para agarrar las de Dusty, que las tiene sobre la mesa.
—Nieve —repite Dusty, y después arruga el entrecejo—. ¿Alguna vez… te han perseguido por la nieve? ¿De noche?
Opi se percata de que su hermana la está mirando ahora a ella y arquea las cejas.
—¿A mí?
Dusty asiente.
—Acabo… de ver algo. Como un recuerdo, supongo. Corrías entre los árboles. Estaban cubiertos de nieve. Juraría que he oído un tiro. O el eco de uno. Tenías miedo. Mucho. —Sacude la cabeza como si intentara encontrarle sentido.
—No —responde Opi—. Eso no ha ocurrido. Al menos, no que yo sepa. —De la nada, la recorre un escalofrío que hace que se le ponga la piel de gallina—. Aunque todo es posible. A lo mejor he ido sonámbula o como quieras llamarlo. ¿Por algún tipo de trance inducido por la presencia?
—Tal vez —contesta Dusty, pensativa—. Pero parecías despierta. Parecías… distinta a otras veces en las que he tenido una visión tuya o he vivido alguno de tus recuerdos.
—¿Seguro que era yo?
Dusty asiente.
—Podía sentir tu… energía. Por todas partes.
—Entonces, si no ha sido una visión —comienza a decir Mali— y tampoco un recuerdo, quizá sea más bien una… ¿Cuál es la palabra?
—¿Premonición? —sugiere Will.
Mali chasquea los dedos.
—¡Sí! Eso.
—¿Te había pasado algo así antes? —pregunta Will.
Dusty niega con la cabeza.
—No. Creo que no.
—Genial —dice Mali.
Dusty vuelve a desviar los ojos hacia Opi, y esta espera que su hermana no vea los celos irracionales a través de los colores, porque, mientras las habilidades de Dusty siguen desarrollándose, las suyas brillan por su ausencia. La vergüenza envuelve sus celos con una oscuridad densa.
Dusty ladea la cabeza y mira a Opi con ojos tristes y comprensivos.
«Sip —piensa Opi—. Los ha visto».
—¿Estás bien? —pregunta Will, desviando por suerte la atención de Dusty.
—Sí. Es que daba… miedo.
—Y yo que creía que las cosas estaban volviendo poco a poco a la normalidad —suelta Mali.
Ahora es Dusty quien parece culpable.
—Y así es —se apresura a responder ella—. Al menos, así será. No sabemos lo que ha sido eso. Podría no significar nada.
—Mmm, estoy bastante segura de que sí significa algo —repone Mali.
Dusty traga saliva.
—Quizá. Pero todavía no está nevando. Tal vez tenga más visiones y podamos averiguar de qué se trata.
—Vale —responde Mali, aunque lo hace en un tono más bien interrogativo. Se produce un silencio largo y cargado—. Bueno — añade—, ¿qué opinamos de lo que Eli ha hecho en México?
Dusty se inclina hacia delante.
—¿Qué es lo que Eli ha hecho en México?
—¿Me estás diciendo que no te has enterado? —pregunta Mali con genuina incredulidad.
—¿Enterado de qué?
Mali suelta una risa entre dientes.
—Una pensaría que, si vuestro vínculo no aguanta distancias largas, deberíais echar un vistazo a las redes sociales. —Se saca el móvil de la mochila, después desliza la pantalla y se lo pasa a Dusty.
—¿Qué? —pregunta Dusty, todavía confundida.
—Sus seguidores prácticamente se han duplicado en un día.
—Mali se ríe por lo bajo—. Imagino que haría alguna especie de voltereta de locos que batió récords anoche, y todas esas cuentas deportivas han flipado.
—Clica sobre un vídeo que Opi alcanza a ver que tiene un millón de reproducciones.
Muestra su acrobacia, y luego, a una multitud extasiada cuando aterriza.
Opi pone los ojos en blanco.
—Es superior a sus fuerzas, ¿a que sí? —Una nueva oleada de celos la atraviesa cuando piensa en lo típico que es que el cambio haya hecho que a Eli le resulte aún más sencillo alcanzar su sueño. Su confianza arrogante la molesta la mayor parte del tiempo; seguro que ahora la tiene por las nubes.
Mali les enseña el vídeo a Dusty y a Will.
—Joder —suelta Will con las cejas arqueadas, impresionado.
—¿Lo ves? —Mali se ríe.
Dusty sacude la cabeza.
—Lo voy a matar.
Mali se vuelve a reír.
—¿Es malo que me encante que os peleéis? Sois como una especie de gemelos raritos con telepatía, fuerza sin igual y rabia incontrolable.
—Oye, mi rabia está perfectamente bajo control —protesta Dusty.