White Mountain (Black River 2) 2. Distancia infinita #2
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2. Distancia infinita #2

Los días después de que la presencia se les revelara, el punto de partida obvio para su búsqueda de respuestas era investigar avistamientos de orbes.

Lo que Dusty descubrió fue un sinfín de cuentas procedentes de todo el mundo que habían visto pequeños orbes de luz, como los que ella había divisado en el bosque.

En su mayoría, se vislumbraban en el cielo, como estrellas fugaces, pero a menudo se encontraban mucho más cerca, y las descripciones de los movimientos eran las mismas.

También halló el relato extraño de orbes más grandes y sólidos que parecían cambiar de una forma metálica a otra cosa, así como de tamaño, y luego se lanzaban al cielo a una velocidad insondable.

Había incluso quien contaba que estos orbes sólidos se convertían en pequeños orbes de luz, lo que le parecía lógico a Dusty, pues la presencia de cada uno se sentía igual, y dado lo que ocurrió y los eventos que llevaron a la noche en la que cambiaron a Opi, tenía sentido que hubiera la misma entidad detrás de ambos.

El poder misterioso e inmenso de la presencia.

Las historias de avistamientos que encontró en internet en ocasiones le resultaban familiares e iban acompañadas de sentimientos de terror y asombro, incluso de las descripciones de gente que levitaba de manera espontánea después.

Aunque también se entremezclaban con relatos que parecían más imaginaciones vívidas de conspiracionistas globales, lo que hacía que la verdad fuera casi imposible de discernir.

Desea recordar con mayor claridad los destellos que había vis to a través de la presencia.

Sin embargo, Opi había estado sobrevolando el cielo y, cuando bajó de nuevo, las imágenes que Dusty había presenciado ya se le desdibujaban en la mente, más como sentimientos que como pensamientos que pudiera recordar.

La sorpresa real fue cuando Dusty se topó con enlaces entre mutilaciones de ganado y fenómenos paranormales.

A medida que leía, comenzó a acordarse de un pequeño destello que había captado a través de la presencia aquella noche, partes útiles extraídas para estudiar, experimentar, perfeccionar.

Todo había sido tan vertiginoso que casi se le había olvidado.

No obstante, entre el caos de internet, ahí estaban, cientos de miles de casos por todo el país, todos raros en su naturaleza, pero a menudo acompañados de fotografías de marcas de quemaduras extrañas en praderas o bosques y de círculos chamuscados en el paisaje cerca del ganado.

Algunos de los granjeros incluso decían que se levantaban con lo que parecían quemaduras de sol en el cuerpo.

Al igual que Kristen. A Dusty todavía le entran náuseas al pensar en todas las criaturas que murieron para que la presencia pudiera convertirla en lo que es hoy.

Y, después de lo ocurrido, aún no puede adivinar cómo todo se relaciona con ella y su montaña o con qué fin.

No se había topado con ninguna historia que enlazara la actividad paranormal con la gente que había sido alterada para sobrevivir de sangre humana.

Hasta donde sabe, Eli, Kristen, JD, Opi y ella son los primeros y los únicos sangredependientes.

—¿Dusty?

Levanta la vista de la pantalla y se encuentra a su profesora de Inglés, la señorita Milton, cerniéndose sobre ella.

Dusty se había percatado de que todo el mundo había empezado a salir de la sala cuando había sonado el timbre, pero, como solía hacer, había bloqueado esa percepción para centrarse en la pantalla que tenía delante.

—Lo siento, señorita Milton —se disculpa, un poco aturdida mientras cierra el portátil.

—Espero que te estuvieras poniendo al día con los deberes —contesta la profesora con amabilidad—. Tus notas son tan buenas que sería una pena que bajaran el último año.

Dusty agarra su mochila, pero cuando la levanta se le derrama el contenido por el suelo. Se le abre el cuaderno y revela cientos de flores prensadas que ha recogido los últimos meses; algunas se las ha cogido Will.

—¿Va todo bien en casa? —insiste su profesora.

Dusty asiente, tal vez con demasiado entusiasmo.

—Sí, no, todo va genial. Creo que solo es… la presión, ¿sabe?

La señorita Milton asiente.

—Me acuerdo. El último año puede resultar abrumador.

Dusty se pone de pie y se cuelga la mochila del hombro; el peso de varios libros de fantasía siempre la reconforta.

—¿Tienes alguna idea de lo que quieres hacer el año que viene? —pregunta la señorita Milton.

La muchacha echa un vistazo a la puerta, de repente desesperada por estar en cualquier sitio menos allí.

—Aún intento averiguarlo. —Al menos, eso es cierto.

—Tienes tiempo —le asegura la profesora. No obstante, el remolino de colores cambiantes alrededor de ella contradice ese sentimiento. Es como si le estuvieran susurrando «tic-tac».

Dusty traga saliva. No quiere pensar en el próximo año o en su vida después del instituto. Le resulta demasiado incierta, como todo lo demás.

—Si quieres hablar de algo, estoy aquí —añade la profesora.

Dusty sonríe, y luego sale corriendo al pasillo. Antes de que dé dos pasos, se choca contra un esqueleto de plástico colgante que se le enreda en el pelo. Suelta un suspiro lento y tranquilo, y procede a quitárselo de un tirón.

Los últimos años había hecho todo lo posible para evitar Halloween.

Cuando Opi y ella eran pequeñas, su padre, su madre y sus abuelos las llevaban al pueblo para hacer truco o trato.

Quedaban con Mali y su familia y con la de Amber.

Sin embargo, después de que fallecieran los abuelos de Dusty, las fiestas, como todas las demás, parecían más un recordatorio de la pérdida que algo que celebrar. Y más aún tras la marcha de su madre.