Voz Arcana Capítulo VII #2
86%

Capítulo VII #2

- ¡Me importa un carajo!... – rompe furiosa Ava - ¡Señor necesito encontrar a mi hija, así que no pretenda impedir que la busque porque de ustedes, hasta ahora, no hemos obtenido más que mierda!

- Tranquila Ava – interrumpe Milena, tratando de apaciguar su temperamento, para luego apartar al inspector, en pos de convencerlo para conseguir una entrevista con Fabio - Mire - dijo a voz de murmullo - señor Acarí, solo queremos conversar con el hijo del inspector, le aseguro que no queremos molestarlo.

- Está bien, pero porque sé que lo van a intentar igual, aunque yo les diga que no. Prefiero que lo hagan, pero eso sí, yo voy a estar presente, además, tengo mis preguntas también, así que… esperen un momento, trataré de pedírselo ahora.

*

El inspector se retiró, y ellas esperaron.

-Milena contempla a su hermana buscando, en su inquietud, un lugar donde poder entrar a su mundo, un mundo amurallado de ofuscamiento, de ira.

Tenía que hacerla comprender que debían ser amables; ya que era un momento muy doloroso para ese muchacho; y que, una mala forma expresiva, podía hacerlas tropezar con otra muralla, una pared que tomaría el valor de enemigo.

Un dolor que cerrara sus puertas para conseguir algo que pudiera ser de ayuda

La tomó de los hombros, le exigió con su actitud que la mirara y suavemente le digo:

- En este momento, ese muchacho tuvo una pérdida de la cual; no podrá recuperar, físicamente, la posibilidad de remediar un vínculo roto, como tú todavía puedes tener, como yo, tal vez nunca pueda reparar.

*

***

Ava comprendió, debía considerar el momento que estaba pasando el hijo del difunto inspector.

Acarí Apu, apareció con Fabio, y las instó a que los siguieran.

En pos de  encontrar mayor comodidad entraron a un bar, cuya intimidad daba posibilidad a que las dudas, pudieran expresarse en un ámbito distendido.

Eso sí,  siempre bajo su control, control que se manifestaría por el “retén policial” de sus muecas.

***

*

El bar estaba vacío, por lo tanto tuvieron oportunidad para elegir la mesa adecuada, como también hacerse de los asientos necesarios para cubrir las necesidades de la comodidad.

Insistió mucho el inspector en no dar comienzo, hasta que se hicieran los pedidos de cafetería, ya que era primordial contar con una intimidad que no fuera interrumpida  por el servicio.

El desarrollo de la presentación y explicación de las razones que, implicaba tomarse las molestias de la reunión, ya había sido  zanjado; con cauta diplomacia, durante la caminata hasta el mesón, y  en la  espera a que el servicio fuera ejecutado.

Tras unos sorbos al café, el inspector dio inicio:

- Bien, es importante que tratemos de hacer las preguntas de manera clara.

Ava es quien decide hablar primero, e intenta ser cauta, tomándose un tiempo para encontrar las palabras que mejor representen  su pregunta.

- Yo quería saber ¿Porque su padre fue a verlo?

- ¿Mi padre?... ese hombre hace tiempo que no era mi padre.

Mi padre desapareció cuando yo era un niño, quien venía en su lugar desaparecía la alegría.

Luego desapareció el hombre. Porque el tipo que venía a casa, que maltrataba a mi mamá, a mí, ya ni siquiera era un hombre.

Casi  desapareció a mi familia, a mi madre, a la mujer que era.

Se llevó mi infancia, mi adolescencia. Y por último mi pierna.

Fabián, se sacó su pierna ortopédica y la colocó en la mesa

-  y de eso fue de lo que hablamos, señora.

El inspector la retira y la deja al costado del asiento. El silencio se tornó incómodo, largo.

Es Milena quien rompe con éste.

- ¿Ustedes trabajan con animales? terapéuticamente, digo. Para los residentes

- Sí, varios

- ¿Han desaparecido algunos?

- Sí, algunos. Tuvimos robos, se llevaron computadoras, impresoras, demás: cosas y animales, no sé para qué. Supongo que solo por maldad.

- Visten a los animales, es decir ¿les ponen prendas?

- Los parientes lo hacen, a veces, toman ropa de unas cajas. Los niños y los adultos mayores. Es parte del vínculo.

- Esas ropas ¿de dónde las consiguen?

- Son sobrantes de ropa, ropa maltrecha de un centro de asistencia para niños en situación de calle, es un lugar de acogida que pertenece a la gobernación.

- ¿Podrías darnos la dirección?

Entonces el inspector Acarí Apu, manifiesta su intensión de encargarse; y pidió a las hermanas que, si no tenían más preguntas, se retiraran para que pudiera hacer su trabajo.

Ellas lo hicieron. Aunque renuentes, aceptaron abandonar la mesa, ya que debían respetar los límites que el inspector les había impuesto.

Muy agradecidas, emprendieron su retirada.

Milena, repentinamente, desandando sus pasos, extiende su mano a Fabio, quien responde con la suya, con el reflejo formal que retribuye la cortesía de las condolencias.

En ese encuentro, Milena abanicó sus dedos, como una ostra que se abre;  abandonado, en su palma, una tarjeta, junto a unas pocas palabras que, solas, fueron a parar a su oído

- Cuando descubras que, el  escozor del odio, sobrevive a su ausencia. Ve a este lugar

Luego, con demandante presencia, dejó en claro al inspector que estarían esperando su llamada.