Voz Arcana Capítulo VI #3
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Capítulo VI #3

Éramos muy pequeñas, apenas habías comenzado a caminar.

Teníamos una pileta de lona, de esas que se arman para el verano.

Para nosotras era enorme, vivíamos en una casilla de madera en un terreno grande.

Creo que era verano. Papá llegaba del trabajo, del hospital, mamá estaba en uno de esos sillones plegables, dormida; a su alrededor había muchas botellas; no sabría decir de qué tipo, pero era alcohol.

Te caíste al agua, yo no supe reaccionar, entiende que era pequeña; no tenía idea que era lo que estaba sucediendo.

Papá llegó, vio que estabas flotando boca abajo, yo solo miraba, mamá dormía al pie de la pileta.

Papa te sacó, estaba asustado, desesperado.

Te golpeaba la espalda suavemente, te hacía masajes, él lloraba, estaba como loco.

Te dio respiración de Boca, entonces reaccionaste.

Lo siguiente fueron gritos, patadas a las botellas.

- No entiendo ¿de qué murió Mamá? ¿Que sabemos de eso?

- Poco y nada, solo lo que papá nos contó.

Mamá siempre se peleaba con papá. Ella siempre estaba mal, rara, deprimida.

Yo tendría 7 años cuando papá la llevó a una clínica, éramos muy pobres, la solíamos visitar; el lugar era miserable, una especie de loquero.

Ella, apenas nos veía, se dedicaba más a ti que a mí, como te dije eso me ponía celosa.

Siempre quería volver, pero papá no la dejaba, de eso me acuerdo, por eso yo me enoje con él.

Cuando volvió a casa, ella era otra,  era… cambiante. A veces estaba de buen ánimo, entonces éramos felices, pero, en  otros momentos, era una planta, un cactus que había que cuidar.

Un día, me sacan de la escuela, no me querían decir porque,  en ese tiempo a ti te cuidaba una vecina, mamá no podía cuidarte.

La encontraron muerta, estaba sola en la casa.

Papá trabajaba en el depósito de la sala de autopsias del viejo hospital.

Más tarde  me enteré que papá tenía una relación con la señora que nos cuidaba.

Eso me dolió mucho, me enojé mucho con él.

- Y yo me enoje con vos por tratarlo mal.

- No podía decirte nada

- Debiste

- Eras chica

- Sí, chica para no contarme qué mamá era alcohólica, que casi me deja ahogar, que papá tenía una relación con Sara.

Pero no fui chica para que me abandones en las vías del tren.

No fui chica para tener que hacerme cargo de Papá, y nunca fui grande para que me contaras cosas que ya sabía.

¡Basta de esa música, de ese cuento, de esa excusa tuya para ser la pobrecita de mí!

¡Que nadie te comprende, que nadie está para salvarte, de esos estúpidos intentos de suicidio con aviso!

¡¿Para qué?! ¡Para que corramos por ti! ¡¿Y mientras tanto?

! ¿Qué pasa con tu hija? ¡¿Qué pasó?! ...

¡le hiciste lo mismo que te hizo mamá, la trataste como un bicho raro!

- ¡Eso no es verdad!

- ¡Si lo es!

- ¡No!

- Hay placer en ese daño que causas, estás enferma sí; pero no de lo que nos haces creer,  culpas a todos ¿Pero sabes qué?

Ya te tomamos el tiempo. Sos una narcisista que usa su papel de víctima para que corramos a tu servicio. Pero se te cayó la máscara, hace rato nena, hace tiempo que nos dimos cuenta.

- ¿Te diste cuenta de qué? ¿De qué no debo ser salvada?... ¿Por qué? ¿no lo merezco?

Por eso no importaba dejarme abandonada. Por eso a papá no le importé  cuando te fuiste

- Lo siento... No quise decir eso...

¿Lo sientes? ... Que fácil

- No

- Déjame....

No te quedan palabras, ya dijiste todo

- Solo una

- Cuál

- Te amo

Milena abraza a su hermana como nunca antes lo había hecho, Ava tiembla, no sabe cómo reaccionar, intenta empujarla pero Milena no la suelta, termina derrotada, gimiendo.

- No, no  se arregla así de fácil… ¿Dónde está mi hija?

- Está cerca y está bien

Ava la mira a los ojos, Milena le responde de igual manera pero convencida de sus palabras.

- Seguro está bien… No puede ser de otra manera.

- ¿El papel? - pregunta Ava

- En mi bolsillo… No, perdón… está en el bolsillo del pantalón que use anoche

- Estaba mojado

- Sí…

- ¡No, no, no!

De un salto corren a buscarlo, lo encontraron en el cesto de la ropa; sacaron el papel, del cual solo quedó un trozo pequeño doblado a la mitad; el resto, estaba desintegrado en la tela del pantalón.

El reclamo no se hizo esperar. Del - ¡“porque tuviste que llevarte el papel”!

- a - ¡“pudiste pedirme que lo dejara!” - o al soliloquio neurótico dónde, la puteada, las blasfemias (cuando de pronto se es creyente) hasta el incisivo auto-flagelo que,  remata en la sentencia fatalista de una condena de mala suerte; simbolizada en la loca idea de ser - “el blanco fecal de todas las aves del mundo” – De todo ese expresivo reclamo, sin que se pudiera determinar a un culpable, por fatiga de angustia; se llamaron a mutis para, en silencio, cumplir con la parsimonia familiar, cuando: - El chancho está acorralado en un chiquero nuevo - (Frase que solía decirles su padre, cuando todo parece perdido) Se dirigieron  a la cocina, se prepararon una caprichosa infusión de hierbas que, en este caso, podían acompañar con unas galletas de limón, merito a los mandados de almacén de Milena en pos de mantener cargadas las arcas de provisiones.

Para luego sentarse, ceremoniosamente, en el sillón del living donde, plácidamente, sorben tres veces la, humeante, tisana.

En proceso con la actividad que las iba aparcando en la tranquilidad; Ava, con mucho cuidado, maniobra con su secador de cabello, para evaporar la humedad del, afectado, papel.

Milena aportó de su parte, con el uso de una vieja plancha que, teniendo varios años en desuso, demostró que aunque vieja “todavía podía calentar”.

Envuelto en una servilleta de tela, con calor aplicado sobre ella; terminaron por recuperar, lo que creyeron perdido.

Sin embargo, Ava, creía que el sol daría una bendición natural y que pondría en evidencia su valor, ante aquel “poder desconocido” que, las está ayudando, y así perdonar, cualquier enfado por la falta ejercida.

Se quedaron un rato en el patio, en pos de custodiar la tarea.

- No es suficiente un te amo, nunca va a ser suficiente. Y lo sé porque pude reconocer en ti ese amor. No hace falta que me lo digas para saber eso.

Sé que solo yo puedo romper esa mala forma mía, de comportarme... Que daría por cambiar el pasado.

- ¿No es lo que hacemos?

- ¿Qué quieres decir?

- Yo creo que, la razón del presente, es trascender  lo que hicieron de nosotros en el pasado, y al hacerlo lo transformamos.

- No sé si te entiendo