Capítulo VI #2
- Es mi hermano Faryd, hace tiempo que no nos vemos, intenté llamarlo durante años pero, llegado el momento, no pude hacerlo; y cuando él sí lo hizo, yo me negué a responder.
Sin embargo, a veces, ya en los últimos tres años lo sentí, lo escuchaba.
Antes cuando lo veía no lo entendía, solo eran gritos; aunque algo si comprendí de aquello, entendí la furia, el enojo que existía entre nosotros; y ahora, ahora que la muerte nos guiña un ojo, quisiera verlo, hablar con él, pero no lo hallo, lo busco y lo busco y, con lo único que me encuentro es… con la memoria de nuestras peleas
Tras decir esto, ella desaparece.
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El agua había llegado a la cintura, Ava desistió de la puerta para dedicarse a la ventana pero, esta, estaba prácticamente amurada a la pared.
No era posible. Era increíble todo. Los gatos estaban a salvo pero, en latente peligro.
La lluvia no cesa. La rapidez con que se estaba inundando era sorprendente.
Ava estaba desconcertada, no comprende la realidad en la cual estaba atrapada ¿Cuál era la razón?
agua, lluvia, ahogamiento, inminente muerte, nada parecía tener sentido ¿Cuál podría ser el significado?
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***
Olía a vino, Milena olía vino rancio; confundido con la humedad añejada de la memoria, en el mortero del oprobio que cementa las ruinas de una familia. Un tufo, cuyo hedor, brota de los poros de una historia que se encuentra escondida en una esquina olvidada de la mente.
Milena, olía más que vino.
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La oscuridad, ominosa y densa, se volvió “palio” que oculta toda la estructura de la casa.
Camina en busca de un objeto sólido. Sus dedos, extendidos, vibran nerviosos por tocar algo que le diera relación contundente con la realidad
Una luz se enciende, era la ventana; trata de abalanzarse hacía ella pero es inútil.
Sus pasos se ejecutan con vigor, pero la distancia que la separaba, de ella, no cambia.
Entonces, grita con furia, el ímpetu que, el pavor motiva, se arroja sobre ella, aunque ella, ya no era la misma.
Lo ve en sus manos, en los pequeños dedos y sobre todo, el borde apenas alcanzado del alféizar de aquella ventana.
Milena se descubrió detrás del inocente escrutinio de una niña, se ve testigo de un recuerdo olvidado, de una pelea entre su madre y su padre, pelea que derivó al reclamo, a la culpa y a la tragedia.
Milena quiso irse, desandar sus pasos; empero, el piso, ya no suena a cerámica, no era de baldosa, o a la madera que quejosa de su infancia, habían evocado sus pies; ya no era suelo de hogar.
La luz de la ventana se apaga; y en las esquinas, donde se unen cielo raso con paredes, cual borde que enmarca la pared, donde existió una ventana, Daria y Faryd yacen en penitencia. En lo alto, cuelgan olfateando, el húmedo cemento de sus culpas.
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Las horas pasaron. El agua la había alejado del suelo. Ava, apenas hace pie en la cama, en pos de mantener su cabeza fuera, el esfuerzo late en el límite de su energía.
¿Por qué?... ¿Por qué? ..... ¿Por qué a mí?-
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Los gatos se lanzan uno en uno al agua - ¿Quién sabe por qué?
tal vez les resulta divertida la idea de chapotear; o tal vez, el ondear, de esta, los invita a lanzarse; o no, quizá era la angustia, angustia de la inminente muerte.
Esa necesidad de terminar de una vez con el sufrimiento.
Lo que sea que haya sido, nadan, por juego o por instinto de vida, nadan tratando de mantenerse a flote.
Ava, escucha entonces a su hija, es la voz de Alaia que pide auxilio.
No pudo resistir. Se sumerge en el agua, se sumerge una y otra vez; decidida, escruta cada profundo rincón del cuarto, pero era inútil, ella no estaba allí.
Ante la impotencia, por instinto o por reflejo, troca aquella frustración por una causa que la demandaba con urgencia; toma a cada gato, para, uno por uno, regresarlo al mueble que poco ofrece de refugio, pero que aún, presta esperanza a la vida.
Entonces paso lo inesperado; la puerta se abrió, el agua sale en torrente.
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Todos los muebles en el cuarto se derrumban, jalados o arrastrados por consecuencia del brutal desagote.
Escurriendo agua se fue incorporando, aparta de su rostro su cabello, y haciendo foco, toma a los pequeños felinos, contando a cada uno en voz alta, en procura de alcanzar el siete como nota máxima de su ambición.
Cuando los tuvo a todos, los abrazó tanto; que hubo de controlarse para no lastimarlos. Entonces la vio, vio a su hermana totalmente empapada, sentada en una silla en la otra punta del comedor sirviéndose un vaso de vino.
- ¡Oh sí!, claro que está pasando, ahora estoy más que segura. - Dijo ella con cierto aire de alegría y confuso pánico
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La noche no dio margen para conversar. Durmieron en el cuarto de Ava, que era el dormitorio que estuvo a salvo de la sibilina inundación.
Se levantaron, desayunaron café con leche y facturas, que Milena salió a comprar. Alimentaron a los gatos y a Pepa, quien no se resiste a la medicación.
Entonces, luego de sentir que habían cumplido con el solazar merecido. Tomaron secadores, trapos y escobas; y dieron inicio a la limpieza, del desastre, que dejó el insólito temporal. Bíblico fenómeno climático a domicilio, pero sin arca de Noé.
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Mientras ejecutan la tarea, Milena reniega de su abandono laboral, que provoca distanciamiento de ingresos, y que trae, a complicación, el auto-canibalismo de los saldos guardados para emergencias, que tan, orgullosamente, mantuvo durante todos sus años de trabajo.
Entonces, Ava, la interrumpe con la carga de la urgencia que, en ella, desechaba temas que, a esta altura, considera banales y que brotan, en pos de obtener explicaciones que despejen las nubes, de misterio, sobre los eventos ocurridos.
- No comprendo… ¿Cómo y por qué pasó lo de anoche?
- Bueno, tal vez, lo tuyo tiene relación con lo mío
- Sigo sin comprender
- Creo que será mejor que te cuente mi experiencia, y tras unir tu relato con el mío, tal vez podamos llegar a alguna conclusión. Propongo contarnos, todo lo más fiel y honesto posible.
- Estoy de acuerdo.
- Pero empieza tú
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El relato de Ava no interrumpe su labor con el trapeador.
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- Todo comenzó cuando te habías ido… - Comenzó ella.
Ava no dejaba detalles suelto en su descripción de lo experimentado, incluyó los primeros goteos, la lluvia torrencial, el amaine de la tormenta fuera de la casa, la inundación, la puerta y la ventana selladas, los zambullidos gatunos, y lo más importante, la voz de Alaia.
La experiencia de Milena, se desarrolló desestimando la causa que motivó su partida, dijo poco y nada de su frustración por la búsqueda de su padre.
- Lo importante, fue lo que pasó en la casa de Daria. - el relato de Milena, describió el vínculo roto de hermanos, heridos, pero con el desesperado deseo de un reencuentro.
- Daria y Faryd, vivían en dos dimensiones.
No se podían ver a pesar de compartir la misma casa.
Se buscaban, necesitaban decirse algo; lo extraño es que sí, se escuchaban; pero en sus oídos, lo único que sonaba, uno del otro, eran vituperios.
Vivían perseguidos por el hostil fantasma que, ambos, encarnaban; culpa, ira, dolor, angustia, soledad; una cadena que los unía, y que no podían romper.
Luego de obtener una revelación. Tras apagarse aquella luz, me encontré en medio de ellos.
Me daban la espalda, y la única claridad que existía era la que ellos irradiaban de sus rostros.
Gritaban desaforadamente, por momentos lo hacían al mismo tiempo, pero en otros, cuando uno gritaba el otro gemía de angustia.
Era algo muy doloroso. Me di cuenta que necesitaban un traductor, un medio por el cual comunicarse.
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Para que acontezca la comunicación, debe existir un marco de referencia entre las partes involucradas, un mismo idioma.
Pero suele ocurrir que, aun teniendo el mismo lenguaje, esto, no ocurre; y no ocurre por la falta de coincidencia, en el valor de las palabras; y me refiero a aquel que, teniendo raíces en el corazón, se trasmutan cuando son regadas por la recriminación cotidiana de la convivencia, lo que confluye en “los malos entendidos.”
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- ¡Daria, estoy acá! ¿Qué te pasa? – Dije, y ella giró, luego pregunté - ¿Que te duele? Volvió a girar hacía mí, y al oído me dijo:
- Extraño, extraño a mi hermano.
Luego volvió a su posición de origen. Sus gritos... Sus gritos no eran vituperios, no eran agresión sino un clamor, un llamado - entonces me dirigí a Faryd.
Fui hasta su nuca, y murmuré las palabras de su hermana. Se dio vuelta lentamente, lloraba. Se lo veía tan vulnerable.
- Yo también, dijo a mi oído, la amo.
Se quedó esperando en esa misma posición, y se fue descomponiendo, es decir: de su piel fluctuaban, desagradablemente, lupus. Estallaban ampollas de pus, secreción purulenta. Aquello que era, fue liberando a un hermoso niño.
Tras decirle lo que Faryd me dijo al oído a Daria, a ella le ocurrió lo mismo.
Lo que ocurrió, luego, fue extraordinario.
Daria, mucho más anciana de lo que la habíamos conocido, era empujada en su silla de ruedas por otro anciano, su hermano Faryd. Parecían dos niños jugando en medio de la casa llevando todo por delante, mientras comían como cachorros ensuciándose y ensuciando todo.
Entonces sentí la urgencia de volver. Y… por lo que me encontré, hice bien.
Dijiste: -“Luego de obtener una revelación, tras apagarse aquella luz” - ¿A qué te referías?
- Bueno. La luz venía de una ventana, en ella vi un recuerdo reprimido, o simplemente algo que había olvidado.