Capítulo V #3
- Sí… Justo después que, a estopa, se lo llevara el aguilucho.
- ¿De qué manera, esto, puede servir de algo?
- No lo sé, pero creo que debemos seguir
- Está bien
- ¿Y?.... ¿Viste que había en la galleta de la fortuna?
- No
- ¿Y qué esperas?- Milena mete la mano en el bolsillo de su pantalón y saca una pequeña esquela.
- ¿Qué dice?
- Pero justo cuando iba a dar comienzo, la lectura es interrumpida por la sobreviviente mascota - Toc, toc, toc, se escuchó pronunciar a Pepa. Luego sonaron tres golpes a la puerta.
Ambas se sobresaltan. Fue Ava la que toma la iniciativa, se levantó de la silla y se dirigió para averiguar quién era la persona que estaba llamando.
- ¡Sí! ¿Quién es?...
La voz del inspector Oscar Carrizo, resonó como quien carraspea dentro de un túnel
- ¡Buen día! – Dijo, para luego agregar – ¿Me dejaría pasar?
Las hermanas se miran, como quien busca de donde asirse ante el desconcierto ante un, siempre, inoportuno sismo
¿Qué alternativas hay ante un representante de la ley que golpea la puerta de tu casa?
Ava abrió, y entonces, luego de un gesto (implicancia del deseo de ingreso) Ava asiente, y este penetra en el hogar. La actitud del inspector era fría e incómoda, traía noticias. Ava estaba negada, su temor impedía alentar a que las diera, así que recurre al rol de anfitriona para evadirse.
Milena, reaccionó diferente, quería saber; lo invitó a sentarse apenas ingresó a la estancia, con la pregunta catapultada por la punta de su lengua.
- ¿Qué novedades tiene?
*
***
Ansioso por cumplir con la misión de su visita, y así retirarse de aquella casa; el inspector de policía, se encuentra atascado con su propia condena; condena que lo hacía reticente a todo aquello que le recordara el hedor de la culpa, el amargo sabor de su dolor.
Su actitud solía interpretarse como, un trato, despreciable a las penas ajenas; pero, la verdad es que, Oscar Carrizo, no podía tratar ni consigo mismo.
Y eso lo sé muy bien. No lo puedo explicar.
Lo siento en la “postilla de mi existencia”.
***
*
- Hemos encontrado una medalla que, creemos, pertenece a la pequeña Alaia
- ¿Una medalla? - Pregunta Ava que, justo, regresaba de la cocina con una taza de té y azúcar
-¿Y cómo saben que es de Alaia?- inquiere Milena
- Porque trae la foto de ella y la mía- acota Ava, en pos de apostillar lo comentado, y sin estar interesada en responder a su hermana, pero sí, aparejando en cambio, mucha intriga en oír, lo que el inspector tenía para decir.
- ¿Es así? – interpela, ella, en pos de confirmación.
- Sí, es correcto - contesta. Luego saca de su bolsillo una pequeña bolsa donde se encuentra la medalla y se la entrega para que la examine. Ella, tras reconocerla, la devuelve.
- ¿Donde la encontraron? - Pregunta su hermana.
- Anoche atendimos una llamada por un asesinato ejecutado en el complejo habitacional de la ciudad del Oeste, cerca de aquí. El asunto es que, revisando las pertenencias de la víctima, encontramos esta medalla. Lo que nos da una punta para seguir trabajando.
Bueno, necesitaba confirmar que la medalla fuera suya. No quiero molestar más, así que me retiro.
- En cuanto el inspector se puso de pie, las hermanas, lo hicieron. Ava lo iba acompañando a la puerta cuando, este, hizo un último comentario tras despedirse.
- Que rara cacatúa - Milena se quedó estupefacta, al darse cuenta a qué se refería
- Ava, tras cerrar la puerta, regresa al living
- ¿Cacatúa? - Dijo en pos de saber si había entendido bien lo último dicho por él. Entonces, Milena, sorprendida, señala a Pepa.
- Está completamente cubierta de plumas blancas.... Pepa se volvió albina… ¿?
- No seas tarada – manifestó Ava - tal vez... Le crecieron las plumas así porque está enferma. Vas a tener que llevarla al veterinario.
- Pero ayer no estaba así. Hasta hace un rato no estaba así- Milena, tras decir esto, se da cuenta que aún tiene la esquela de la galleta en su mano.
- Puede que no le hayas prestado atención - Infiere, despectiva, Ava
- No, estoy segura - Milena lee - Mi saco es blanco y estoy y no estoy
- ¿Qué es ese papel?
- es el que traía dentro la galleta
- ¿Crees que tiene que ver?
- Sí - responde Milena, agregando - ¿No te acuerdas cual era el traje preferido de papa?
- Sí, era un saco y pantalón de vestir
- Era blanco, lo tenía guardado, lo apreciaba mucho, decía que, con él…
Ava completa la frase - con él se casó con Mamá -
*
***
La vista se perdió en el vacío. Anida en ellas, el apremio. Se condensa pronto una necesidad de actuar
***
*
- Encontraron la medalla, ese tipo tuvo que ver con la desaparición de mi hija, tendríamos que buscar a Sisa
- ¡No, no!.... no ¿por dónde la buscaríamos? no sabemos a dónde fue. Nosotras no sabríamos cómo hacer eso - entonces, en un acto de digresión, continuó - En cambio.
- ¿En cambio qué?
- Ya sabes lo que tenemos que hacer, debemos seguir con la lista. Lo que sucedió, sucedió porque, lo que estamos haciendo, lo provocó
- Está bien, sí, tienes razón - Ava estuvo de acuerdo, sentía lo mismo.
*