Capítulo V
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A la altura de este relato, me siento viejo. No sabio, sino débil, no resignado, sino con miedo. De aquí en más, todo lo que está ocurriendo, me está ocurriendo. Ya no me siento seguro, no me siento a salvo, ya no soy testigo; soy el núcleo del problema ¿para bien o para mal? No lo sé… ¿?
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- ¿Hola?..... Ava por fin contestas. Te he mandado varios mensajes y te llamé un par de veces ¿Se puede saber que estás haciendo?... Sí..... Bueno.... ¿Vas a estar en tu casa?
Sí, me llevo a Pepa ¿Todo está bien con la casa y los gatos?... Bien, bueno. Tengo que contarte algo importante. Sí, claro… tenemos que ver la primera consigna, pero lo primero es lo primero... Cargo todo y voy para allá… ¿Que tienes algo que preguntarme?... Pues ¿Pregunta?...
No entiendo, repite la pregunta.
¿Que si puedo recordar cuando me quedo dormida?... Pues no, y supongo que nadie puede.
Que pregunta rara. Bueno, cargo todo y voy.
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Mientras sale con su auto, pudo ver, como un hombre de mediana edad, limpiaba los restos del escombro, que había quedado, de la fogata en el jardín de Daria.
Se lo veía apesadumbrado, con una decisión forzada, de penitencia.
- Seguramente es el hermano - se dice Milena - ¿Pero cómo saberlo?
- No había excusa que no implicara incomodidad, un compromiso que discurriera en un dialogo confortable, que la pudiera habilitar a realizar esa pregunta; además estaba apurada, debía ir a casa de su hermana.
Pepa, que iba en su jaula, en el asiento del acompañante, comienza a chillar desaforadamente.
Entonces, en el momento en que abandona su atención por aquel hombre; para realizar un último relevamiento sobre el confort de la enjaulada mascota; la traiciona el fragor de un golpe en el parachoques del auto.
El susto la inmoviliza. Tras reaccionar, su mirada vuelve a quien, primero, había sido causante de su descuido; el extraño la miraba frío e indiferente, parecía un maniquí.
Pronto se exige salir del auto. Rauda, temiendo ser responsable, de una desgracia, se dirige de inmediato a la trompa del vehículo.
Había chocado una silla de ruedas. La sorpresa, el desconcierto, la vuelve de piedra; no pierde tiempo, y tomando la silla la conduce, para dejarla frente del hombre, que nunca deja de mirarla sin emitir ningún comentario.
En la medida que se aleja en su auto, ve, por el retrovisor algo que la perturba, es tan grande su sorpresa que, un espasmo muscular desencadena en sus manos, haciendo girar bruscamente el volante, lo que casi provoca un nuevo accidente.
El resto del viaje, se trataba de encontrar equilibrio, estabilidad que se disputa, entre la tensión y la tranquilidad necesaria; única dedicación que el mismo pánico le exigía: no perder el control, llegar con Ava, y contarle la experiencia que había vivido.
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- Estoy segura que vi lo que vi, fue tan sorpresivo que casi vuelco con el coche, era ella, estaba ahí.
- Tranquila Milena, tomate el té que se te enfría, a ver, cuéntame todo de nuevo que apenas pude entender: Salías de tu casa para venir a acá, viste al vecino limpiando, en el jardín, los escombros
- Sí, supongo que se trataba del hermano de Daría… ¿?
- Un hombre que jamás conocimos
-Sí
- ¿Y luego que pasó?
- Por mirarlo, choqué con algo. Me bajo y era la silla de ruedas.
- ¿La silla de ruedas?
- la silla de Daria… ¿Cuál más podría ser?
- ¿Qué hiciste luego?
- Tomé la silla y se la dejé a ese hombre
- A su hermano
- Sí, yo creo que era su hermano
- ¿Él dijo algo?
- No, solo me miraba con cara de poste. Me subí al auto y arranqué.
- ¿Y entonces?
- Miro por el retrovisor y la veo…
- ¿A quién viste?
- Veo a Daria sentada en la silla de ruedas, sola
- ¿Sola? ¿Y el hermano?
- La vi sola
- Y eso te asustó
- Sí, me hizo perder el control. Sé que parece estúpido, que podría ser producto de mi imaginación, pero estoy segura
- Bueno, tranquila. Según sabemos, ella, no está muerta.
- De eso te quería hablar, según el señor que cuidó a Pepa, ella desapareció, no la encontraron por ningún lado. Además está el asunto de la silla de ruedas. No pudo irse por su cuenta. Creen que la secuestraron.
- ¿Por eso el susto?
- ¿Y te parece poco? Acaso no entendiste que apareció de la nada.
Que su hermano desapareció, y que todo ocurrió en menos de un minuto…
¿o no lo entiendes? ¿Cómo ella podría aparecer en la misma silla de ruedas que acababa de atropellar?
¿En qué momento él pudo salir corriendo?
¿Solo para esconderse de mí? ¿Cómo sabía que iba a mirar por el retrovisor?
... ¿No te das cuenta? es imposible. O me estoy volviendo loca o todo esto se trata de algo más…
- ¿Algo Mágico quizá?
- Sí, supongo, no sé, la verdad, no sé qué prefiero, que sea magia o que me esté volviendo loca.
- Sí, pero ya habíamos convenido que los hechos que se estaban aventurando no eran de este mundo y que eso podría ser beneficioso para nosotras ¿o no te acuerdas?....
- Ese es el asunto, mi temor es que no sea en beneficio nuestro ¿Por qué debiera serlo?.....Pero bueno, mejor dejémoslo así. Cambiando de tema: ¿De qué iba eso que me preguntaste?
-¿Qué cosa?
- Si me doy cuenta cuando me quedo dormida. Yo no recuerdo nunca eso, de hecho, como te respondí, no creo que alguien pueda.
- Bueno, yo si
- ¿Cómo?
- Sí, me pasó, me di cuenta cuando estaba dormida, es decir; supe exactamente cuando entré en el sueño. Tuve una sensación de… de separación
- No entiendo
- ¿Cómo explicarlo?... Anoche, luego que regresamos, busqué a los gatos en la casa de la vecina. Estaba muy cansada, así que me recosté en el diván, y así como lo hice, me levanté.
- Sigo sin entender
- Mi cuerpo se quedó en el sillón a la vez que estaba de pie, viéndolo
- Es como cuentan que pasa cuando alguien muere unos minutos.
- Sí, pero eso no es todo. Cuando quise dar un paso, es decir, tan solo giré para darlo, en pos de mirar en derredor…
. Y… y cambie de lugar… ¡Ay!... sé que suena confuso.
Lo que intento decir es que ya no estaba en casa, estaba en un bosque, jugando a las escondidas con otras chicas y…
y estábamos desnudas siendo perseguidas por hombres hermosos, también desnudos.
- ¿Hace cuánto que no coges?
- No, no, el cuerpo no era mío, te lo aseguro, no. Estaba en el cuerpo de otra persona, es decir, en el cuerpo de muchas otras mujeres, eran muchas vidas y por lo tanto muchas experiencias, pero ninguna, ninguna... era yo.
Luego me vi volando, pude ver que mis brazos eran alas, alas enormes.
Volaba sobre una playa, entonces vi a Alaia, corriendo en la arena y, sin perder tiempo, me abalancé sobre ella; quería tomarla con mis garras, quería devorarla; pero cuando ya la tenía, todo se nubló, mi vista se vio opacada por una blanca neblina, luego me encontré de pie, de nuevo frente a mí, en el sillón
- ¿Y qué paso?
- No sé, noté que tenía frío y tomé una manta que había en el lugar y cubrí el cuerpo, no sé por qué, no me preguntes porqué; no lo sé, pero tapé ese cuerpo hasta la cabeza; y en ese movimiento me convertí en aquella que dormía, es decir, en Ava dormida, sacando la frazada de la cabeza.
- Sí, como experiencia es muy extraño, pero suena como un sueño. No deberías darle tanto valor.
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Un florero estalla en pedazos, la puerta que da al jardín se encuentra semi abierta, los gemidos de uno de los pequeños gatos claman por liberarse, un aguilucho lo estaba atacando; Ava y Milena salen para tratar de salvarlo pero llegan tarde, el ave se lo llevó en vuelo.
- ¡Estopa!... ¡mi pequeña estopa blanca!... se la llevó
- Metamos a los demás gatos adentro, vamos, no perdamos tiempo
Luego de meter a los siete restantes y cerrar, Ava, se acurruca con los demás gatos.
Las hermanas estaban de acuerdo, todo estaba ligado. Lo sucedido debía tener relación
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No se trata de una serie de situaciones que se desencadenan una con la otra. No, todo es una misma cosa, solo se van develando las partes de un todo.
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- Dejame ver qué nos piden que hagamos - Ava busca y saca de su bolso un papel, el papel que Mama Huaco les había entregado, y que, según les dijo, solo cuando estuvieran listas debían desplegar; leer lo que decía y volverlo a doblar para guardarlo, hasta que se cumpliera la tarea que, éste, les encomendaba.
Esos pasos debían cumplirse cada vez, hasta que, el mismo papel, les dijera que habían terminado.
Por supuesto que les resultaba absurdo, pero, según lo entendido, al cumplir con esto; podrían obtener aquello que tanto anhelan.
- ¿Qué dice? - pregunta Milena-
- Nada claro, no se entiende. Solo tiene un número escrito.
- ¿Un número?... ¿Cuál?
- Ocho- En ese momento se abre la puerta de entrada de la casa. Milena guarda el papel.
La voz de Alaia resuena en los oídos de Ava - Mamá – Decía, aunque resultaba claro, para ella, que sonaba en su cabeza; era de ese tipo de conciencia que daría cualquier cosa porque no le ocurriera.
De la calle, en cambio, comienzan a escucharse gritos.
- Alguien pide ayuda - profiere Milena.
Ambas salen. Con lo que se encontraron, no tardó en indignarlas: Un hombre, de casaca negra y capucha que cubre su cabeza, ataca a una mujer; a lo que, tras golpearla, logra sacarle su bolso para luego huir, finalmente, en una moto.
Las hermanas, rápidamente la socorre y la conducen dentro de la casa.
- ¡Maldito hijo de puta...! ¡Me sacó el trabajo del día! ¡¿Ahora qué voy a hacer?!