Capítulo IV #2
Ambas se hallaban al pie de la gran mesada donde se encontraban todas las ollas, los platos, y demás utensilios de cocina; el gato se paseaba entre ellos buscando algo que lo entretuviera o simplemente por querer molestar, en pos de una aventura.
Ava lavaba y Milena enjuagaba
- ¿Por qué desapareciste, un año entero? - Preguntó Ava, sin abandonar la tarea
- ¿Cómo? - respondió Milena
- Cuándo cumpliste 12 desapareciste, papá te buscó por todos lados, estaba loco ¿Qué pasó?
- Yo era joven y muy idiota, como toda adolescente. En aquel entonces yo quería salir, conocer chicos, bailar, viajar y papá no quería, me prohibía todo… y yo me escapaba.
Una noche que volvía a casa con un chico, papá nos encontró en el jardín, estábamos haciendo el amor, me había enamorado o por lo menos eso creí.
Papá le dio una paliza tremenda. Creo que no te acuerdas.
- Papá estuvo en la cárcel, por golpear a alguien. Y nos quedamos con una vecina
- Sí, pero como no hubo denuncia, lo largaron, eso me enteré después. Es que el muchacho era mayor de edad que yo... y no quiso tener problemas, por eso no prosiguió con la denuncia.
- ¿Por eso te fuiste?
- Sí
- ¿Y?
- ¿De verdad que no te acuerdas que pasó?
- Te acompañé a tomar el tren y te fuiste
- Me fui con gente que vivía al día. Me fue mal. Me uní a gente muy dañada. Consumí un poco de droga. Pase mucha hambre, frio; terminé robando, me agarraron al año. Lo llamaron a papá y bueno, estuve internada, resulta que... Estaba embarazada y… lo perdí.
- ¿Estabas embarazada?
- Sí
- ¿Y?
- Y nunca pude perdonarme. Fui como te dije una idiota, y ahora papá muere... y yo.... Nunca pudimos hacer las paces.
- Él siempre te esperó.
- No es tan fácil
- ¿Y hombres?
- ¿Qué pasa con ellos?
- ¿En tu vida?... Nunca te conocí a nadie
- Bueno. Hubo algunos, nada serio. No estoy dispuesta a volverme un ama de casa y tener que atenderlos. Por otro lado, con las mujeres…
- ¿Mujeres? ¿Qué quieres decir?
- ¡Ay! Ava, no le pongas etiquetas al deseo, que antigua; cuando se trata de placer, las etiquetas están de más
De pronto, detrás de ellas, Mamá Huaco les llama la atención
- ¡¿Se puede saber que están haciendo?! Hace como 30 minutos que están lavando a ese pobre gato.
*
El gato se pasó recostado en la gramilla del jardín secándose al sol.
Se lavaron los platos, se colocó todo donde debía colocarse, se fregó la cocina, sus hornos; y se pasó el trapo, al gran comedor.
Las hermanas estaban exhaustas, sentadas en el mismo banco de hierro bajo el mismo álamo. Bebían un vino tinto. A paso lento se acercó Mama Huaco, tomó asiento y dejó en la mesa aquellas misteriosas cartas
En ellas no encontrarán una respuesta, si no tienen formulada una pregunta. O podrían encontrar la pregunta que no se ha enunciado todavía.
- No entiendo - dijo Ava - yo solo quiero encontrar a mi hija
- Sí - agregó Milena - eso es lo que queremos.
- Querer no es lo mismo que desear.
- ¡Por favor! ¡Por favor! No entendemos nada ¿De qué está hablando? está pasando el tiempo. A mi hija ya la desahució la policía… ¿Esto me la puede regresar?
- En todo caso encontraran lo que necesitan. - Ava toma el papel rápidamente, pero Milena se lo saca de la mano
- No creo que debamos seguir con esto ¿Acaso no viste como reaccionaron las demás personas?
Ava se asustó, de inmediato arrojó el papel sobre la mesa.
- ¿No hay otra forma? - Pregunta Milena
Mama Huaco sonríe, como si esta fuera la reacción esperada. El gato sube a su regazo.
- Miedo - dijo - es tan grande que evita seguir adelante, inmoviliza, por eso no los abrieron cuando se las dio Kuntur, y por eso no lo hacen ahora. Tal vez haya que construir.
- ¿Construir? Expresaron ambas.
Mama Huaco dijo:
- El amor, cuando es semilla, anida pequeño, pero, intenso en el pecho.
El amor, cuando crece, florece la confianza, es más desinhibido y se hace laxo.
El amor, cuando está establecido, es porque ha madurado, y en la distancia, no desaparece, ya que está impregnado en uno; y hay dicha, ya que uno, sabe que es amado.
El dolor, cuando la herida es reciente, es muy intenso, ocupa toda la atención, manda en la conciencia.
El dolor, cuando pasa el tiempo, se extiende, entonces, uno se acostumbra; es que va cediendo su fuerza
El dolor, que ya no es dolor, es porque ha pasado mucho tiempo; y no es más que un recuerdo, recuerdo difuminado en uno, dejando los surcos de la experiencia. Entonces uno ya no es el mismo.
- No comprendemos - dijo Milena - ¿cuál es la tarea y que necesitamos?
- Necesitaran tiempo, distancia y fuerza de voluntad
*
El regreso estuvo lleno de cuestionamientos, Ava estaba enfadada, no comprendía porque era mejor opción cumplir con tareas para construir un camino que les permitiera conseguir aquello que tanto anhelan.
- que complicada es esa mujer para hablar. Es más fácil tener sexo con una víbora que entenderla
- A mí se me hace mucho más difícil entender, porque querrías tener sexo con una víbora
- Solo era un ejemplo.... Quiero que mi hija vuelva, y si ese papel me la puede traer de vuelta...
- ¿Cómo puedes pensar que un papel, que simples palabras puedan devolverte a Alaia? ¿Te estás escuchando?
- ¿Acaso no fuiste testigo de todo lo que está pasando? Podría dar una dirección, el lugar donde ella se encuentra.
-¿Cómo puedes pensar que sería así? Se verían implicados con un secuestro o retención de información, es ridículo… Es pura mentira, no es más que eso
- Ahora lo vas a negar todo
- Lo único que vi es, que ese papel, el mismo que todos recibieron, provocó un pánico colectivo. Un dolor tremendo que conllevó a la locura; y no estaba dispuesta a que te pasara lo mismo. Seguramente se trata de algún truco, que solo podría lastimarte más.
- ¡No! ¡Eso no es verdad! Lo que pasó es que tenías miedo, a que te vieras enfrentada a algo que... te doliera mucho.
- No digas tonterías
- Sí, era eso
- ¿Que podría estar escrito en una hoja que me causará tanto dolor?
- No sé ¿dímelo tú? ¿Que podría decir? ¿Vamos, dime Milena?
- ¡No digas pavadas…! ¡Solo quise evitar…!
- ¡¿Evitar que?!...¿Evitar que?... ¡Ahora te importa lo que yo siento!
- ¿A qué te estás refiriendo?
- ¿Acaso no le faltó algo a tu historia? ¿Acaso solo a papá le debes una disculpa? ¿O no te acuerdas?
- ¿Acordarme de qué?
- Que la noche que te fuiste: la noche que te escapaste, me llevaste contigo y me dejaste abandonada en la estación de trenes en una noche oscura; sin que nadie pudiera ayudarme. Te fuiste y me dejaste sola ¿No lo recuerdas? No te importó entonces, te fuiste y me dejaste.
- Pensé que no lo recordabas
- ¡Cómo olvidar eso! Para el auto
- ¿Cómo?
- ¡Para el auto, quiero mear!
El freno fue implacable. Aplicado como una masa que, martilla de un solo golpe, una estaca a lo profundo del suelo, Milena detiene el auto.
Estaban en medio de un camino, con altos maizales en ambos lados; y un trecho que se ahogaba, como un embudo, tanto de un lado como del otro del camino.
Ava salió del auto furibunda, caminaba sin sombra, es decir, tan insoportable que, hasta ella, la abandonó.
Encaró dentro de maizal. Milena, inmutable en su asiento, espera a que la tormenta cese; pronto, un frío helado recorrió su columna vertebral; decidida, fue a buscarla; con todas sus energías atravesó la espesura del maíz.
Temía perderla, que desapareciera como Alaia, como su padre.
Grita, pero nada, no responde; Desesperada, corre y corre; hasta que tropieza con ella.
Ruedan, mientras tumban, varias veces en el maíz.
Ava, con la bombacha baja, grita desaforadamente, mientras Milena la abraza, llorando por la alegría que le causa, encontrar a su hermana.
Ava, dejó de respirar un instante, el dique de su resistencia se venció; y las aguas, tanto de dolor como de vejiga, brotaron tras ser inundadas por las lágrimas de su hermana.
- ¿Que estoy haciendo? ¿Qué hago, que hago? ella debe estar muerta, tirada en un río, un basurero. Mi niña, mi pequeña, mi Alaia ¿Por qué, por qué?
- No, no, tranquila, no, cálmate; todo va a salir bien, tranquila
Milena la abraza, trata de contenerla, dar calma; busca en su cabeza pero no encuentra que podría decirle.
Del lugar donde estaban surge una chispa. Un fuego emerge, crece devorando, con apetito, todo el maizal en derredor de ellas.
Asustadas, corren en dirección a la calle en busca del vehículo. El fuego gana altura, iba tras ellas; pronto las llamas se extienden por todo el maizal; a duras penas logran llegar hasta el auto. Milena aprieta fuerte el acelerador.
- ¡Mierda! - grita vehemente - ¡que volátil tienes la orina!... ¡Ay! ¡No te quiero cerca con retención de gases!
En el silencio, muta la energía en ellas.
- Haremos caso, haremos la tarea que nos pide. Ocupemos nuestro tiempo en lo único que tenemos. Porque sí, es verdad, algo fuera de este mundo está ocurriendo.
Ava la mira, busca en ella el consuelo, una esperanza, algo que la ayude a seguir.
- Menos mal que lo aceptas, porque al final, es con otro papel con el que debemos empezar –
*