Voz Arcana Capítulo II #2
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Capítulo II #2

Milena toma una cucharita, de esas que se usan, por coquetería, para remover el té; se la acerca a su pico para ofrecer agua al pequeño envoltorio.

Reacciona con una leve convulsión. Sin embargo, el líquido, al ser descubierto, es bienvenido por la pequeña ave, dando alegría a su dueña y a su hermana.

Al ratito, sus risas se silencian, ya que el pequeño animal comienza a balbucear palabras; palabras, esas, que los loros suelen decir en son de imitar a su entorno

- Toc, toc, toc... Carta, carta....

Ellas no entendieron al principio, pero tras repetir las palabras, las hermanas comparten  una espontánea carcajada; por  la sensación de ternura que les causa la risueña vida que aún reside en aquel tostado recipiente.

Risa que se llamó a mutis cuando se escucharon tres  golpes en la puerta de entrada y que carga de incertidumbre el ambiente.

Entonces, se escucha como, debajo del umbral, se desliza un sobre y las palabras del cartero que avalan la acción.

De inmediato Milena lo toma y lee

- No es para mí

¿Y para quién es? - pregunta Ava

- Es para Daria, mi vecina de enfrente, seguro es un error

- ¿Pero cómo  pudo Pepa pronosticar que, el cartero, llegara, golpease la puerta la misma cantidad de veces y anunciara la carta de igual forma?

- Oh,  Eso es fácil, el cartero siempre lo hace así. Vamos a entregar la carta a nuestra vecina.

- No sé, yo no lo siento normal.

*

Cruzan la calle. El asfalto aporta una respuesta agradable al incordio del sol. Estaba soleado pero no caluroso. Sin embargo, para Ava, la fatiga de la angustia, el miedo y la incertidumbre lo volvía gris, como todos los días que cargaba su existencia desde la desaparición de Alaia.

Los golpes a la puerta no obtuvieron la respuesta correspondiente.

Milena estaba a punto de deslizar el sobre bajo el umbral, cuando Ava, decide mirar por un ventanillo, que era parte del diseño de la entrada principal.

Una mujer se arrastra por el suelo del comedor.

Al comunicar a Milena lo visto, ésta, sin dudar, patea la puerta con tal vehemencia,  que la azota, sonoramente, contra la pared lindante.

Tras entrar,  la  encontraron tal cual lo había descripto Ava; sin embargo, el estado anímico de la supuesta desgraciada, distaba mucho de una persona que necesita auxilio. Estaba  furiosa.

- ¡Mi puerta! ¡Cómo se les ocurre tratar así a mi puerta! ¡Si la rompieron van a tener que pagarla!

- Disculpe, la vimos por la ventana, tirada en el piso y pensamos...

- ¡Pensar, pensar! Eso es algo de lo que todo el mundo presume; pero la verdad es que ya hace tiempo han dejado de ejercer ¡¿Se puede saber que buscan entrando de esa manera?!

- Repito señora - Dijo  Ava, buceando en la paciencia - la vi tirada en el piso y pensamos que necesitaba ayuda

- ¿Ayuda?  Necesitar ayuda, no.  Yo solo necesito agarrar a mi hermano, para  partirle la cabeza con el hacha de cocina, así le voy a arrancar de cuajo ese maldito sentido del humor.

*

Logran sentarla, calmar con un vaso de vino tinto, que prefirió al de agua,  ya que, según ella, era infaltable cuando se encontraba furiosa.

- Busquen una escalera ahí, detrás de los bártulos que se encuentran detrás de la casa y suban al techo.

Ellas se miraron, Milena salió al patio, fondo de la propiedad, y encontró, no solo la escalera, sino también una silla de ruedas; montada sobre el alero del techo, techo que hacía de galería con vista al fondo de la propiedad.

*

***

No me van a negar que se trata de una excelente broma… ¿No?... Bueno, por lo menos Ava supo apreciar la calidad del chiste. Lo único que recrimino, de esto, es su falta de honestidad al querer ocultarlo.

¿Por qué esconder la felicidad?

***

*

Milena se caracteriza por ser una mujer muy hábil en tareas mecánicas,  así que realizó el rescate de la silla sin ninguna dificultad, ayudada, claro, por Ava; que si bien aportaba su asistencia con cierto recelo;  fue suficiente  para que la dueña pudiera recuperar su medio de transporte.

No hubo agradecimiento,  ya que todavía estaba presente la herida causada por el maltrato a la puerta; pero se podía aceptar una tregua, exornada en un proceder de corrección y formalidad,  pero solo como el paño frío de  un: "mano a mano temporal"; con posibilidad  de finalizar;  tras el relevamiento sobre los daños infringidos a la estructura del acceso principal de la casa.

Ni siquiera tuvieron tiempo de aclarar la verdadera razón de la visita - (El sobre mal entregado) -  Pero, aunque recordaron, al salir, aquel motivo; no dudaron en abandonar cualquier intento por aclarar razones que no fueron demandadas.

Sin embargo, no terminó ahí el asunto, ya que  un enorme gato se lanzó sobre la pierna de Ava, clavando  sus garras.

El alboroto fue duro. Milena intentó sacarle el animal, pero estaba ensañado con ella, al final, un chorro de agua termina liberándola de aquel tormento; y esto fue gracias a Daria que, en su silla, pudo acercarse con un jarrón para aplicar la húmeda solución, a un barullo, que le resultaba intolerante.

*

Tras cruzar la calle, se pudo escuchar los gritos que, Daria, bramaba sobre su hermano; a lo que, en réplica, se escuchó una vil carcajada que anunciaba, que las mofas, no cesarían.

La puerta del hogar de Milena, tras ser  abanicada, más en pos de alejarse del inicuo momento que de cerrarla; dio tiempo y espacio para la brusca intrusión  del desgreñado gato, que vuelto a arremeter sobre Ava, hundió con tirria sus dientes y garras, creando una locura brutal de gritos y desesperación.

No hubo recurso violento o mecánico que obligara a que el animal la soltara; como una causa dónde se entrega  la vida, se empeñó en causarle el mayor dolor posible.

Desesperada, y muy herida, logró capturar, del pescuezo, al deleznable gato; para luego aplicarle todo su peso contra el suelo; éste, que  nunca dejaba de lacerar hondamente su piel, su carne; dejó de hacerlo, tras el  tronar  seco de su cuello.

- ¿Qué es esto?... ¿Qué está ocurriendo?- con voz temblorosa, susurra Ava

- Milena, recuperada tras la pausa del desconcierto; la lleva al baño, lava sus heridas y las cura, con todo lo que en el botiquín, pudo encontrar.

- Algo loco está sucediendo, esto no es normal, manifiesta Ava aún conmocionada.

- Sí, estoy de acuerdo – palabras  que Milena, expresa con voz cavernosa, por el reemplazo del bufar, de un resoplido liberador - Ahora ¿O vamos al hospital o tomamos algo fuerte?

*

Se optó por lo fuerte

*

- Bueno, pero primero es lo primero. – Dice Milena a la vez que se incorpora con la actitud que anuncia una tarea necesaria.

- ¿A dónde vas?

- A enterrar al gato, nunca me gustaron los animales muertos como decoración.

*

La gramilla era gruesa y brillante. El jardín se despliega en derredor de una vereda, puesta en relieve, por lajas blancas que se distancian, a poco menos, de un paso al andar.

Calas, rosas, jazmines,  pequeñas  violetas dulces, petunias, y uno que otro pensamiento.

Todas colmaban  de perfumes y color los rincones del pulmón de la propiedad.

Un  cargado limonero y un ceibo, enriquecido por flores  rojas; coronaba aquel pequeño edén, que, de perdido, supo Milena recrear y cuidar como terapia para calmar sus demonios.

- Todos cargamos un muerto - decía mientras preparaba  el último lecho, del astroso animal.

Ya terminado el oficio de enterrador, y tras los últimos golpes de pala sobre el bulto de tierra, la voz de Ava, sonó en el aire del jardín.

- ¡Milena! - Dijo ella, parada en la puerta de doble hoja.

Tras darse vuelta, para cerciorarse  que su nombre en el aire, no fuese una ilusión; deja la pala y se va acercando para enterarse  lo que sus ojos ya le informaban.