Capítulo I #2
*
***
- Ava había decretado. Y se llevó al pequeño demonio mientras dejaba a su hermana con sus quehaceres de rescatista.
***
*
El domingo, Ava y Alaia, como solían hacerlo, visitaron a Ioannis, papá de las hermanas.
Pero luego de un rato de mimos, dejan a la pequeña al cuidado, gustoso, de las ancianas residentes del lugar; Es que Ava necesitaba estar sola con su padre.
Ioannis se encontraba internado en una casa de reposo, no por su edad, sino porque no quería que ninguna de sus hijas tuviera que cuidarlo.
Las había recibido con el afecto acostumbrado pero, también, con la habitual frustración.
- ¿Cuándo va a aparecer tu hermana? ¿Qué? ¿Debo morirme para que quiera verme?
Aun así, de que me serviría, supongo que, solo lo haría si tuviera que reconocer el cuerpo.
- Está muy ocupada con la tienda, debe trabajar
- Te quedaste sola con el paquete. – Dijo Ioannis, cambiando el tema, refiriéndose a su nieta - Yo te avisé que ese hombre no servía.
- lo que tuve con él fue algo de una vez, más no buscaba
- Pero no se hizo cargo. Y si no fuera por mi pensión ¿Cómo harías?
- Ya lo sé Papá
- Luego todos esos hombres. Todas esas relaciones… Y mi nieta viéndolos desfilar por la casa ¿Te parece buen ejemplo para tu hija?
- ¡Basta papá, basta!
- Tienes que preocuparte por conseguir un trabajo, porque cuando yo muera no habrá más ayuda.
- ¡Papá basta! ¡Quería preguntarte sobre mamá!
- ¿Qué quieres saber?
- ¿Porque mamá me odiaba?
- Tu mamá no te odiaba.
- Pero
- ¡No quiero hablar de tu mamá!- Ioannis es contundente con su interrupción - Eras muy pequeña cuando murió, además, no me parece justo. Ella no está para defenderse
- Por eso, como no está, quien sino tú para responder
- ¡Basta! Gracias por la visita. Dile a tu hermana que venga a verme antes que sea tarde
-Papá
- Dale un beso a la enana, chau, me voy a la cama.
*
***
Siempre es tan lindo ver la buena comunicación que hay entre padres e hijos
***
*
Un miércoles al medio día, antes del almuerzo, Ava tuvo su charla con Alaia; la niña, enojada, se encontraba sentada con el ceño fruncido y un agudo puchero de labios que, por composición, hacía difícil no comparar el rostro de la pequeña con una pasa de uva; mientras, su mamá, rondaba manifestando su sentencia.
- Se acabó – expresó con resignación, cual fallo, Ava.
- Mañana vamos a que te encuentres con cada uno de los animalitos que quisiste matar ¿Para qué?
Para que te disculpes y hagas las paces con ellos.
La negativa fue tajante, pero Ava no se intimidó con ello, imponiendo su fuerza y su vehemencia sobre la negativa de Alaia, se aseguró que se cumpliría, bajo la amenaza de internación en un monasterio, en una lejana montaña de donde nunca, nunca, nunca más, se sabría de ella
*
Llevó dos días desandar los pasos de la violencia, donde aquellos atentados fueron ocurridos; no en orden se incurrió la tarea de reestablecer un vínculo deseado. Y así, la pequeña niña, se enfrentó con algo nuevo para ella, una reacción no esperada, se encontró con agresión.
Si era un hermoso perrito ahora era un violento y feo lobo salvaje; antes que diera tiempo de movimiento alguno la atacó.
Si era aquel un hermoso minino, ahora era un monstruo dientes de sable que intenta devorarla.
Y si fue un hermoso loro, ahora era una horrible ave de rapiña que a gruñidos intentó cercenar con sus garras y descuartizar con su pico.
Alaia descubrió el valor de la existencia del otro, cuando su propia existencia se vio en riesgo.
La niña lo vivió con sorpresa, se entristeció, se volvió taciturna.
Esto no era lo esperado por Ava que, asustada por su reacción, en su contemplación, se vio así mima.
Se halló ella, en aquel mismo estado. Su infancia se evocó liberando recuerdos, de los cuales en un principio, no creyó fueran suyos.
Se vio lastimando a aquellos animales, por un sentimiento que, todavía, en ella existía, y que sustentan reacciones que suelen avergonzarla y que ha aprendido a reprimir, pero que nunca dejaron de invernar en ella.
Estaba enojada con su mamá, Sí, lo estaba.
Miró a su hija. No sabía cómo consolarla. Pero algo debía decirle.
- Mi amor, reaccionaron así porque, porque tienen miedo, miedo a que les hagas daño, hace que se pongan violentos. Por eso hay que tratarlos bien, ellos al verte recordaron el dolor que les causaste.
Alaia no respondió, no se movía, una lágrima nacía en sus ojos, pero era una lágrima que nunca se hizo vertiente.
La pequeña se quedó en su cuarto todo el día, su mamá la miraba sin que a ella le importara. Ava se mantuvo en silencio, esperó a que dijera algo hasta que su teléfono móvil sonó, era Milena.
- ¿Si?
- Es papá
*
Tuvo que contratar a una niñera, una joven de 17 años que, con tal de ganarse unas monedas, ofreció sus servicios sin plantearse la responsabilidad que ello implica.
Sin embargo, Ava no creyó que hubiera peligro alguno, Alaia no proponía señales que ofrecieran, la posibilidad, de salir de su transe.
*
El hospital, al que fue trasladado Ioannis, se encuentra próxima a la casa de reposo, apenas Ava llegó a la recepción, Milena, la interceptó para informar la situación.
- Es un infarto. Estaba en el comedor viendo la televisión con los demás cuando sufrió el ataque. Lo están atendiendo, pero parece muy malo.
Una sonora alarma humana (reclamos a gritos) desata el cao
*
***
- Siendo honesto, toda esta situación me excita de manera extraña, no sé por qué, pero me estimula, me anima. Es más que obvio que, sea lo que sea que esté pasando, tiene que ver conmigo -
***
*
Enfermeros y médicos salen y entran alarmados. Una confusión general se desata. Ante el alboroto, Ava sujeta a una enfermera para saber que está sucediendo.
- No lo entendemos. Estaba delante mío, en la cama, en un momento me distraje y... ¿?
- ¡¿Y qué?!
- Su padre desapareció-
- ¿Cómo?
*
- intempestivo, el móvil suena-
Ava atiende, se trata de la joven niñera
*
-¡Hola, señora no sé cómo decirle!
- ¡No es buen momento! ¿Qué ocurre?
- ¡Solo fue un ratito de distracción! ¡Ella estaba en el dormitorio, yo fui a preparar algo para comer y cuando regresé a buscarla!... ¿?
- ¿Que?
¡Ella no está, desapareció, la ventana estaba cerrada y le juro que...!
*