Voy a hacer que me desees (Destinadas a las Highlands 2) Capítulo 14 #2
49%

Capítulo 14 #2

―Brett asegura que se parece a él.

―Pues Brett necesita un espejo.

Rose tuvo que contener la risa para no despertar a la niña.

Nos quedamos allí unos minutos más antes de despedirnos de la mujer que cuidaba de ella y continuar hacia mis aposentos. En cuanto entramos, cerré la puerta y Rose se volvió hacia mí.

―Bien.

Conocía aquella expresión.

―¿Qué?

―Quiero saber por qué el rey de Escocia cree que estás casada con Daziel.

Suspiré.

―Es una historia bastante absurda.

―Después de todo lo que te he contado hoy, dudo que consigas sorprenderme.

Me senté sobre el borde de la cama y le expliqué todo.

Le conté cómo el rey había decidido concederle a Daziel aquellas tierras y nombrarlo señor de Kinlochewe, pero también había llegado con un matrimonio prácticamente acordado bajo el brazo.

Le expliqué cómo Daziel, en un momento de desesperación, había decidido asegurar que ya estaba casado y cómo, por algún motivo que todavía me parecía incomprensible, había terminado convirtiéndome a mí en su supuesta esposa.

Rose me escuchó con una sonrisa cada vez más grande.

―No tiene gracia.

―Un poco sí.

―Me presentó delante del rey como su mujer sin preguntarme siquiera.

―Eso suena bastante a Daziel.

―¿Y qué se supone que significa eso?

―Que primero actúa y después piensa en las consecuencias.

―Maravilloso. Justo el tipo de hombre que una quiere tener cerca.

Rose sonrió.

―¿Y por eso habéis compartido habitación?

La miré.

―¿Todavía sigues con eso?

―Solo pregunto.

―Sí, hemos compartido habitación.

Sus cejas se elevaron.

―Pero no ha pasado nada.

―Yo no he dicho nada.

―Tu cara lo estaba diciendo.

―Mi cara no ha dicho absolutamente nada.

―Rose.

Se rio.

―Está bien.

Me crucé de brazos.

―Daziel durmió en el suelo.

No era exactamente toda la verdad, pero tampoco necesitaba explicarle que había terminado invitándolo a la cama ni, mucho menos, contarle cómo habíamos despertado aquella mañana.

―No ha ocurrido nada entre nosotros ―insistí.

―Te creo.

La forma en que lo dijo indicaba exactamente lo contrario.

Estaba a punto de protestar cuando su expresión cambió. La sonrisa desapareció lentamente y durante unos segundos permaneció callada.

―Chloe...

Supe inmediatamente que ya no íbamos a hablar de Daziel.

Rose se acercó y se sentó a mi lado.

―Quiero pedirte perdón.

Bajé la mirada hacia mis manos.

―No quiero volver a discutir.

―Yo tampoco. Por eso necesito que entiendas algo. No para convencerte de que hice lo correcto. Solo para que entiendas por qué lo hice.

No respondí.

Rose continuó.

―Nunca quise irme de casa. Cuando aparecí aquí estaba aterrorizada.

Solo pensaba en regresar. En mi madre, en ti, en mi vida...

No elegí abandonar nada de aquello. ―Su voz comenzó a quebrarse―.

Pero pasó el tiempo y las cosas cambiaron.

Yo cambié. Conocí a Brett y terminé comprendiendo que este lugar tenía algo que ver conmigo mucho antes incluso de que yo llegara.

La miré.

―¿Por eso dices que vuestras almas están unidas?

Rose asintió.

―Sienna me ayudó a comprenderlo.

Volví a escuchar aquel nombre.

―La madre de Daziel.

―Sí.

Rose respiró profundamente.

―Hubo una noche en una cabaña. Sienna preparó algo para que bebiera. No sabía exactamente qué iba a ocurrir, pero después de tomarlo empecé a recordar.

Fruncí el ceño.

―¿Recordar qué?

―Otra vida.

La observé fijamente.

―Rose...

―Déjame terminar.

Cerré la boca.

―Vi cosas que nunca había vivido y, al mismo tiempo, las reconocía. Recuerdos que no pertenecían a Rose Foster y que, sin embargo, eran míos. Brett estaba allí. Yo también. Éramos otras personas, en otro momento, pero éramos nosotros.

Negué lentamente.

―Eso suena completamente...

―¿A una locura?

―Sí.

Rose sonrió con tristeza.

―Lo sé. Yo también pensé que me estaba volviendo loca.

Me explicó entonces lo que Sienna le había contado sobre la maldición y sobre aquel vínculo que unía su alma con la de Brett.

Un lazo que había sobrevivido al tiempo, a la muerte y a más de una vida.

Según ella, su llegada a aquella época no había sido una casualidad, y Brett tampoco había aparecido en su camino por azar.

La escuchaba intentando mantener la mente abierta, pero había momentos en que resultaba realmente difícil. Viajes en el tiempo podía aceptarlos porque, desgraciadamente, estaba viviendo uno. Pero ¿reencarnaciones? ¿Maldiciones? ¿Almas destinadas a encontrarse?

Eso ya era otra historia.

―Y entonces intentaste regresar ―dije.

Rose asintió.

―Sí.

―Daziel me dijo que habías tenido la oportunidad.

―La tuve.

Sus ojos se humedecieron.

―Brett fue quien me obligó prácticamente a hacerlo.

Aquello me sorprendió.

―¿Brett?

―Sabía cuánto echaba de menos mi vida. Sabía que una parte de mí necesitaba regresar y no quiso ser la razón por la que renunciara a hacerlo. Me llevó hasta el yacimiento y, cuando llegó el momento, me empujó para que cruzara.

La miré sin comprender.

―¿Te empujó?

―Porque yo no podía hacerlo. ―Rose sonrió entre lágrimas―. Lo amaba demasiado.

Permanecí callada.

―Crucé convencida de que volvería a mi tiempo ―continuó―. Pensé que aparecería otra vez en mi vida, que podría regresar con mi madre, contigo... Pero no ocurrió.

―¿Dónde apareciste?

―En el río. En el mismo lugar en el que llegué la primera vez. Y en la misma época.

La miré con los ojos muy abiertos.

―¿Volviste aquí?

―Sí.

―Entonces el yacimiento no funcionó.

―Funcionó. Solo que no de la manera que esperábamos.

Rose se secó una lágrima.

―Sienna cree que mi corazón ya había elegido. Mi vida estaba ligada a la de Brett y, aunque intentara cruzar, este era el lugar al que pertenecía.

Aquello me dejó sin palabras.

Rose continuó contándome lo ocurrido después.

Cómo, tras regresar a aquella época, las cosas se habían complicado todavía más y había terminado cayendo en manos de un clan enemigo de Brett; el clan Ross.

Me habló del miedo, de la incertidumbre y de aquellos momentos en los que ni siquiera sabía si conseguiría salir con vida.

A medida que avanzaba en la historia, mi enfado comenzó a deshacerse. No porque de repente entendiera todas sus decisiones. Seguía sin hacerlo. Pero empezaba a comprender que aquel año tampoco había sido fácil para ella.

―Oh, Rose...

La abracé.

Esta vez fui yo quien lo hizo primero.

La estreché con fuerza y ella se aferró inmediatamente a mí.

―Debiste pasarlo fatal.

―Hubo momentos terribles.

Permanecimos abrazadas durante un rato. Cuando finalmente me separé de ella, sentí que las lágrimas volvían a aparecer.

―Es que estoy tan asustada...

Decirlo en voz alta hizo que algo dentro de mí se rompiera.

―No sé qué hago aquí, Rose. No conozco este mundo.

No sé cómo funciona nada. Cada vez que alguien habla tengo miedo de decir alguna estupidez que me delate.

No puedo salir de la fortaleza sin que Daziel crea que van a matarme, no sé montar a caballo, no sé defenderme y ni siquiera puedo hacer las cosas más sencillas que hacía todos los días en casa.

Rose me tomó las manos.

―Lo sé.

―No, tú encontraste tu lugar aquí. ―Tragué saliva―. Y me alegro por ti. De verdad. Puede que este sea tu sitio. Puede que Brett sea la persona con la que estabas destinada a estar y puede que todo lo que Sienna te contó sea cierto.

Respiré profundamente.

―Pero este no es mi sitio.

Rose me observó durante unos segundos.

―Yo quiero volver a casa.

Aquella vez no intentó convencerme de nada. No me habló de destinos, almas ni maldiciones. Simplemente apretó mis manos entre las suyas.

―Entonces te ayudaré a volver, Chloe.

La miré.

―¿De verdad?

―Sí.

No hubo vacilación alguna.

―Si eso es lo que quieres, iremos al yacimiento. Hablaré con Sienna y averiguaremos qué necesitas hacer. No voy a obligarte a quedarte en un lugar en el que no deseas estar.

Sentí un alivio inmenso.

―Gracias.

Rose sonrió con tristeza y volvió a abrazarme.

Esta vez cerré los ojos y me permití disfrutar de algo que durante un año había creído que jamás volvería a tener. A mi mejor amiga. Aunque solo fuera hasta que encontrara la manera de regresar a casa.