Votos Olvidados (El Bratva Dubinin 2) 29 Iván
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29 Iván

IVÁN

Luka no parecía muy interesado en ocupar mucho de mi tiempo.

Emil ya le había enviado el vídeo de lo ocurrido en la trastienda de aquel salón de juego.

Entré en su despacho mientras lo reproducía, deteniéndose y volviendo atrás en la parte donde yo preguntaba si los dos topes sabían si Konstantin vivía o había muerto.

—Simplemente no quisieron decir nada —resumió con mal gesto, cerrando la ventana en su pantalla.

—No. No lo hicieron.

Luka suspiró, sacudiendo ligeramente la cabeza. Se quedó mirando la pared, con expresión furiosa, cansada y molesta. —¿Tú qué opinas?

—¿Yo? —Mi tío solía pedir mi opinión, pero hasta ahora no lo había hecho sobre esto—. Creo que deberías creer que Raisa está diciendo la verdad.

—Por el amor de Dios, Iván. —Sonrió burlonamente—. ¿No es obvio que ya lo hago? No la habría dejado quedarse aquí si no confiara en ella. Gabriella parece confiar en ella, y yo también confío en su criterio.

Sonreí. —Entonces, ¿por qué Raisa actúa como si todavía no fuera bienvenida aquí?

Bufó. —Ese es un problema *tuyo*. —Alzó la mano—. No lo sé. Cásate con ella y ya verás cómo te va.

Me senté, riendo entre dientes.

—Una boda de verdad —añadió—. Emil me contó sobre tu borrachera cuando te casaste con ella extraoficialmente.

Sonreí de oreja a oreja. —¿Estás diciendo tonterías o lo dices en serio?

Exhaló hondo. —Hablo en serio respecto a respetar que nunca vas a renunciar a esta mujer. La has amado todo este tiempo y nunca has estado más feliz de tenerla de vuelta en tu vida.

Asentí porque era cierto.

—Ahora, si me preguntas si hablo en serio sobre que te cases con ella… —Hizo una mueca y se encogió de hombros—. Creo que sería una forma increíble de usarla como cebo. Si Konstantin está vivo, se delataría para protestar contra ese matrimonio.

—Ni hablar. No hay ninguna posibilidad de que permita que la usen para nada. Y mucho menos como cebo. —Estaba furioso de que incluso lo sugiriera.

—Tranquilo. Tranquilo. —Bajó la mano—. Solo era una idea.

—No va a ocurrir.

Señaló hacia mí. —¿Ves a qué me refiero? Nunca vas a renunciar a ella. Así que más me vale seguir la corriente.

Sí, claro. Él era el Jefe. El líder. Pero apreciaba que bromease con la idea de aceptarla en la familia.

—Preferiría tener la certeza de que su padre está muerto. Quizá eras demasiado joven entonces, pero causó todo tipo de problemas. Más una molestia de lo que estoy dispuesto a soportar ahora.

—Recuerdo algo de eso. Sabía, en cuanto Raisa me dijo que era una Petrov, que nuestro tiempo juntos estaba condenado.

—Y sin embargo, no lo está. —Alzó las manos—. Me parece un círculo completo. Un niño sano y fuerte. Tú y Raisa juntos de nuevo.

—¿Significa esto que ya no sospecharás de ella?

Se incorporó y pareció reflexionar antes de responder. —Era más una sospecha sobre quién podría estar interesado en ella que desconfiar de ella.

Me gustó esa respuesta. Porque era cierta. Raisa no era alguien de quien preocuparse, pero era válido preocuparse por cualquiera que fuera detrás de ella. Esta conversación con mi tío era más que suficiente prueba de que *él* no la veía como una enemiga a capturar y castigar.

La veía como mía.

Como debía ser.

—Anda. Vé a buscarla y cuéntale lo que has averiguado. —Eso también fue una bendición. Verbalmente me estaba dando permiso para compartir secretos familiares e información con ella. Casi me sentí ridículo por haber estado tan preocupado por esto. Claro que encajaría con nosotros y tendría su lugar.

No esperé, salí de su estudio y volví directamente a su habitación. Estaba sentada en la cama, con pinta de estar a punto de quedarse dormida.

—Déjame ducharme y estaré contigo en un momento —ya me estaba quitando la camisa. Si no luciera tan cansada, le habría sugerido otra cosa, pero parecía agotada. Me apresuré a arreglarme y me uní a ella en la cama.

—¿Raisa? —pregunté una vez me acurruqué a su espalda, encantado con su bostezo al despertarla y recolocándola para que se acoplara contra mí.

—Mmm —dio unas palmaditas en mi brazo, sin siquiera voltearse del todo ni abrir los ojos—. Hablaremos por la mañana.

Sonreí, arrimándome más a ella. —¿Por la mañana?

Ella bostezó. —Mmm-hmmm.

—Estaré justo aquí.

Asintió. —Bien.

Me dormí y no me moví en toda la noche. Por la mañana, desperté renovado y sin prisa por dejar su cama ni su habitación.

Ella ya estaba despierta, removiéndose y frotándose contra mí.

—¿Y si tú y Lev os mudáis ya conmigo? —pregunté, besándola con pereza y acurrucándome.

—¿Aquí? ¿En tu habitación?

Asentí. Había notado que Gabriella parecía ser un puente para conectar con ella.

—Luego, cuando podamos confirmar si Konstantin está muerto o no, podéis mudaros a mi casa.

Me miró fijamente, casi sonriendo.

—¿Lo considerarás?

Me respondió con un beso y quise tomarlo como un sí.

Durante los siguientes días, me pregunté seriamente si Raisa empezaba a ablandarse y a acercarse más a mí.

Si confiaba en mí. Esperaba que algún día no hubiera dudas.

Pero mientras tanto, mientras más hombres de Dubinin investigaban la posibilidad de que Konstantin siguiera vivo tras el supuesto momento de su muerte, disfruté de esta vida doméstica.

De pasar tiempo con Lev. De acercarme a Raisa.

Incluso Luka parecía aceptarla mejor, aunque ocupado.

En la piscina, donde todos pasamos el rato y nos reunimos una noche, Alexsei y yo estábamos tomándole el pelo a Misha y Lev.

—Ay, tú y tus chistes de padre —se rió Gabriella.

Sonreí, encantado con el hecho de ser padre.

—Oye, yo también soy gracioso —dijo Emil, salpicándola a su vez. Definitivamente habían adoptado una relación más de hermanos que de hijastro y madrastra. Lo cual era extraño porque Emil era mayor que Gabriella.

—Sí, pero no eres padre —intervino Lev, uniéndose al improvisado cachondeo.

Emil puso los ojos en blanco. —Todavía no. Me gusta ser soltero.

—¿Mamá? —Lev miró a Raisa—. ¿Qué es un soltero?

Todos nos reímos, bromeando un poco más con Emil.

Así, era difícil recordar el dolor de echarla de menos y no saber dónde estaba.

Encajaba tan naturalmente con nosotros, y era una motivación diaria para ser paciente.

Hice lo posible por no ser sobreprotector con ella y Lev, dándoles espacio para aclimatarse, pero cuando la tenía para mí por las noches, le mostraba más mi visión de una familia con ella.

Donde nos reuniríamos en la cama pase lo que pasara.

Lev quería una "fiesta de pijamas" con Misha en su habitación en la gran casa fortaleza, así que teníamos nuestra habitación para nosotros. Y lo primero que se le ocurrió a Raisa fue ducharse después del rato en la piscina.

Verla de rodillas, chupándomela, nunca dejaría de excitarme. Le enmarqué el rostro y sonreí. —Nunca dejaré de amarte. Solo a ti.

Ella hizo una pausa, apartándose y lamiéndose los labios. —¿Es verdad que durante todos esos años solo podías excitarte con los recuerdos de mí?

Gemí, poniendo los ojos en blanco. —Déjame adivinar. ¿Emil se puso locuaz contigo y te lo contó?

Se rió, asintiendo. —Quizá.

—Sí —me incliné para levantarla del suelo, encantado con sus risitas—.

Era verdad. Eres la única para mí —le di una palmada en el culo desnudo mientras la llevaba fuera de la ducha para tirarla en la cama.

No me importaba que estuviéramos empapados.

Total, pronto volveríamos a la ducha de todos modos.

Con sus piernas abiertas, ese coño rosado listo para mi banquete, le sonreí. —Solo has sido tú.

Me incliné para besarla y luego lamí su excitación que ya goteaba para mí.

Siempre serás solo tú.

Ella lo era. Era la elegida. Y se lo demostré toda la noche, celebrando que era mía para jugar y dar placer. Porque verla feliz y segura era literalmente mi sueño hecho realidad.