CAPÍTULO TRES
MINA
Mi tía reacciona a mi matrimonio forzado revisando el inventario de café.
—¿Cuánta gente? —pregunta Jo.
—¿Para la boda o para la represalia?
—Si no lo sabes, calculo para cuarenta.
Está de pie en la cocina de la funeraria a las siete de la mañana, con pantalones de pijama a cuadros, un cárdigan de Vassallo yo lo he tomado por un único motivo. A los dos nos espera más de una sorpresa.
Firma él primero.
Aliso el borde de mi manga, cojo el bolígrafo y escribo Mina Bianca Vassallo debajo de su nombre.
El segundo nombre parece un testigo.
Gabe observa el trazo final.
—El sábado —dice—. A las siete.
Cierro la carpeta.
—Procura no llegar tarde. Tengo un funeral el domingo.