CAPÍTULO 6 #6
—¿No? —Se rió, una risa corta y sin humor que a Ethan le dolió más que cualquier grito—.
Llevo toda mi vida siendo la que decide cuándo empieza algo y cuándo termina.
La que se va antes de que puedan dejarla a ella.
Y contigo... contigo dejé que fuera al revés por primera vez.
Me quedé dormida en tu cama, Ethan. ¿Sabes lo que significa eso para alguien como yo?
Nunca me he quedado dormida en la cama de nadie.
Nunca he dejado que nadie me viera sin la cara puesta.
Y ayer, hace apenas dos días, estaba en un parque de atracciones contigo pensando que por fin había encontrado un sitio donde no tenía que fingir nada.
—Su voz se quebró del todo en aquel punto, aunque ella apretó la mandíbula y se obligó a mantenerse firme—.
Y ahora resulta que ese día perfecto fue lo último que me diste antes de esto.
—No fue así. Ese día fue real, Valentina. Todo lo que ha pasado entre nosotros ha sido real.
—Entonces explícamelo. —Dio un paso hacia él, con una desesperación que se filtraba a través del enfado, buscando algo, cualquier cosa, que le devolviera un mínimo de sentido a lo que estaba pasando—.
Dame algo. Lo que sea. No tiene que ser todo.
Solo algo que me permita entender por qué, después de todo esto, sigo sin merecer una explicación de verdad.
—No puedo. —Fue lo más difícil que había dicho en toda la conversación, y lo supo en el mismo instante en que las palabras le salieron de la boca—. Créeme que si pudiera, te lo diría. Pero no puedo, y cuanto menos sepas, más segura vas a estar.
—No sé nada, Ethan. —Su voz se quebró levemente, aunque ella se recompuso de inmediato, con el orgullo asomando por encima del dolor, enderezando la espalda de pronto como si algo mecánico dentro de ella hubiera decidido, en aquel preciso instante, que ya había mostrado suficiente—.
Solo sé que confié en ti como no había confiado en nadie, y que ahora estoy aquí, sintiéndome como una idiota por haberlo hecho.
Enhorabuena. Conseguiste lo que ni mi madre, ni mi padre, ni ningún chico de este campus habían conseguido nunca.
Vete. Por favor, vete, antes de que diga algo de lo que me arrepienta más de lo que ya me arrepiento de todo esto.
Ethan salió de aquella habitación sin decir nada más. No había nada que pudiera decir que arreglara lo que acababa de romper.
❖
Los días siguientes trajeron consigo una incomodidad constante que Ethan no supo cómo evitar.
Se cruzaba con Elena en los pasillos, y ella apartaba la mirada con una tristeza contenida que le dolía más que cualquier reproche directo habría podido dolerle.
Se cruzaba con Valentina en el comedor, y el resentimiento en sus ojos era tan visible que incluso quienes no conocían los detalles de lo que había pasado entre ellos podían notar que algo se había roto de manera irreparable.
En una ocasión, coincidieron los tres casi al mismo tiempo en el mismo pasillo, y Ethan sintió el peso combinado de ambas miradas —la de Elena, herida pero contenida; la de Valentina, afilada y sin ninguna intención de disimular— como si el campus entero se hubiera convertido, de repente, en un terreno minado que tenía que cruzar con el máximo cuidado posible.
Ninguna de las dos le dirigió la palabra. No hacía falta.
❖
Ethan caminaba tranquilo por uno de los pasillos laterales del edificio principal, camino a su siguiente clase, con la cabeza todavía ocupada por el peso de los últimos días, cuando una mano lo sujetó del brazo con una firmeza inesperada y lo arrastró, sin darle tiempo a reaccionar, hacia el interior de un baño vacío cercano.
—Yuki, ¿qué...?
—Calla. —Ella comprobó rápidamente que no hubiera nadie más en el baño, asomándose bajo las puertas de los cubículos con una eficacia que delataba una costumbre bien entrenada, y solo cuando estuvo segura de que estaban completamente solos, se volvió hacia él.
Sacó un papel doblado del bolsillo de su chaqueta y se lo tendió, con la mano ligeramente tensa.
—Aquí está —dijo—. El paradero de tu padre.
Ethan lo cogió con dedos que apenas lograba mantener firmes, sintiendo el peso de aquel pedazo de papel como si contuviera algo mucho más grande de lo que su tamaño físico sugería.
—Yuki, no sé cómo agradecerte...
—No me agradezcas nada. —Su voz sonó más tensa de lo habitual, casi quebradiza—.
Esto me ha costado más de lo que puedas imaginar.
Mi padre no accedió fácilmente, y cuando lo hizo, me hizo una advertencia que voy a repetirte exactamente como me la hizo a mí.
—Se acercó un paso más, bajando todavía más la voz—.
Si alguna vez, en cualquier circunstancia, mencionas en público a qué se dedica mi familia, acabará contigo.
No es una amenaza vacía, Ethan. Mi padre no hace amenazas vacías.
Ethan asintió, guardándose el papel en el bolsillo interior de la chaqueta con un cuidado casi reverencial, consciente del peso exacto de lo que acababa de recibir y de todo lo que Yuki había tenido que sacrificar para dárselo.
—Lo entiendo —dijo—. Y te prometo que nunca diré nada. Nunca.
Yuki lo miró un momento más, con una expresión que combinaba el alivio de haber cumplido con algo que le pesaba y una alerta que no terminaba de disolverse del todo, y finalmente asintió, saliendo del baño sin decir nada más, dejando a Ethan solo con el papel en el bolsillo y el peso entero de lo que estaba a punto de decidir hacer con él.
* [FIN CAPÍTULO 6] *