Voss Academy: Lo que el silencio no pudo enterrar (Voss Academy 1) CAPÍTULO 6 #5
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CAPÍTULO 6 #5

—No puedo darte detalles. —Le costó decirlo, mirándola directamente, sabiendo el daño que aquellas palabras iban a causarle—. Solo puedo decirte que es peligroso, más peligroso de lo que ninguno de los dos imaginábamos, y que no puedo arriesgarme a que eso te salpique a ti también.

—Eso no es una explicación, es una excusa. —La voz de Elena tembló, aunque intentó mantenerla firme—. Llevamos meses juntos en esto. Te ayudé a conseguir que mi padre te recibiera. ¿Y ahora simplemente te vas, sin más?

—Lo siento. —Fue lo único que Ethan logró decir, con la garganta cerrada por algo que no sabía si era culpa, tristeza, o las dos cosas a la vez—. De verdad lo siento, Elena. Ojalá pudiera contarte más. Ojalá pudiera hacer esto de otra manera.

Ella se quedó mirándolo un largo momento, con los ojos brillantes de una rabia contenida que no terminaba de estallar del todo, y algo en su expresión cambió, la ira cediendo paso, apenas un instante, a algo más parecido a la incredulidad.

—¿Sabes en qué estaba pensando esta mañana?

—dijo, con una voz que ya no intentaba sonar firme—.

En aquella tarde de septiembre, la primera semana, cuando nos encontramos en el banco junto a la fuente y hablamos durante dos horas de todo menos de nosotros, y al final ninguno de los dos quería irse.

Pensé que por fin habíamos encontrado la manera de hacer esto bien, sin presión, sin etiquetas, solo...

nosotros, siendo sinceros el uno con el otro.

—Se rió, un sonido corto y sin ninguna alegría dentro—.

Y ahora resulta que la sinceridad tampoco llegaba tan lejos.

—Elena, no es que no confíe en ti. Es que no puedo arrastrarte a esto.

—Ya me arrastraste, Ethan. —Lo dijo sin gritar, lo cual dolió más que si lo hubiera hecho—.

Me arrastraste el día que me pediste que hablara con mi padre, sabiendo lo que eso significaba para nuestra relación después de las vacaciones.

Lo hice porque me importaba lo que te pasara.

Y ahora que por fin conseguí que él te recibiera, que arriesgué otra vez esa relación por ti, ¿me dejas fuera precisamente de la parte que importa?

Ethan no encontró ninguna respuesta que no sonara a excusa, y dejó que el silencio cayera exactamente donde tenía que caer.

Ella lo miró un momento más, con los ojos todavía brillantes, y finalmente asintió, con una aceptación que sonaba más a derrota que a comprensión real.

—Está bien —dijo, con la voz quebrada—. Si eso es lo que necesitas hacer. Pero no esperes que finja que esto no me duele, Ethan. Porque sí me duele. Mucho.

Se marchó sin decir nada más, dejando a Ethan solo en el jardín.

❖

Al día siguiente, interceptó a Yuki a la salida de la biblioteca, en un pasillo lateral poco transitado a aquellas horas, y en cuanto ella vio la urgencia en su expresión, se detuvo con una cautela inmediata.

—Necesito preguntarte algo —dijo Ethan, en voz baja, acercándose lo suficiente para que nadie más pudiera oírlos—. Es sobre tu padre. Sobre Kenji Nakamura.

El rostro de Yuki se transformó al instante, la calma habitual sustituida por una alerta tensa que Ethan no le había visto nunca hasta entonces.

—No hables de eso aquí —dijo, con una firmeza cortante, mirando de reojo hacia ambos lados del pasillo—. Nunca. En ningún sitio.

—Yuki, por favor. Es cuestión de vida o muerte. Necesito saber si tu padre sabe dónde está el mío.

—Sé perfectamente para quién trabaja mi padre —dijo ella, con una voz que había bajado casi hasta el susurro, tensa como una cuerda a punto de romperse—.

Y sé exactamente lo que puede pasar si alguien habla de eso en público.

No es un juego, Ethan. No es una simple curiosidad familiar.

Es la clase de secreto que puede destruir vidas si se dice en el lugar equivocado.

—Lo sé. Créeme que lo sé. Pero no tengo a quién más recurrir.

—Ethan sintió que la desesperación de las últimas horas le subía por la garganta, y sin pensarlo del todo, se arrodilló frente a ella en aquel pasillo vacío, algo que jamás habría imaginado hacer una semana atrás—.

Te lo suplico, Yuki. Necesito saber dónde está mi padre.

Mi madre podría estar en peligro. Necesito encontrarlo antes de que sea demasiado tarde.

Yuki se quedó mirándolo, con un gesto que mezclaba la incomodidad de verlo en aquella posición con algo más profundo, algo que a Ethan le costó nombrar en aquel momento —quizás el reconocimiento silencioso de alguien que cargaba con un peso parecido al suyo propio.

—Levántate —dijo, finalmente, con la voz todavía tensa—. No hagas eso. Nunca más, ¿entendido?

Ethan se puso de pie, esperando su respuesta con el corazón acelerado.

—Voy a preguntarle a mi padre —dijo ella, tras un largo silencio—. No te prometo nada. Y si accede a decírmelo, va a costarme algo que no puedo explicarte del todo. Pero lo voy a intentar. Por ti.

❖

Cuando Ethan volvió a su habitación, encontró a Derek despatarrado en su cama con un mando en las manos, maldiciendo en voz baja a la pantalla por una jugada que acababa de costarle la partida.

—Tío, tienes una cara... —dijo Derek, sin apartar los ojos del televisor—. ¿Te ha atropellado un tren o algo?

—Algo así.

—¿Vas a salir esta noche?

Ethan dudó un instante de más antes de contestar.

—Sí. Luego.

Derek asintió sin hacer más preguntas, ya absorto de nuevo en su partida, y Ethan agradeció en silencio esa clase de amistad que no necesitaba explicaciones para seguir siendo amable.

Se sentó en su propia cama y cogió el expediente de la mesilla, abriéndolo casi sin querer por la página de la evaluación psicológica.

No hizo falta releer ninguna línea. Ya se sabía cada palabra de memoria.

Esa misma noche, tumbado en su habitación con la conversación de Yuki todavía resonándole en la cabeza y esa misma página abierta sobre el pecho, Ethan llegó a una conclusión que llevaba horas evitando mirar de frente: tenía que romper también con Valentina.

No podía arriesgarse a que ella quedara expuesta a lo que fuera que estuviera a punto de desatarse.

Si su padre era capaz de lo que el padre de Elena le había descrito, si su propia madre corría peligro solo por una sospecha que ni siquiera había sido confirmada, Valentina —la hija de la directora, alguien con quien se le relacionaba de manera cada vez menos discreta— no podía seguir cerca de él.

No después de todo lo que acababa de aprender.

Al día siguiente por la noche, fue a su habitación con el estómago encogido, con toda claridad sobre lo que tenía que hacer y odiando, con una intensidad que no había anticipado, tener que hacerlo.

Valentina abrió la puerta con una sonrisa genuina, todavía instalada en el eco reciente del día perfecto que habían compartido en el parque de atracciones, y en cuanto vio la expresión de Ethan, aquella sonrisa se le borró al instante.

—¿Qué pasa? —preguntó, con una cautela repentina.

—Tenemos que hablar —dijo él, sin poder disimular la seriedad que llevaba arrastrando desde la conversación con Rivera.

—Me estás asustando. —Valentina cerró la puerta tras él, cruzándose de brazos, aunque Ethan notó, bajo aquella postura defensiva, una vulnerabilidad que ella ya no se molestaba en ocultarle del todo—. ¿Qué ha pasado?

—No puedo seguir viéndote, Valentina.

Se quedó mirándolo, en silencio, durante un momento que a Ethan le pareció interminable, como si necesitara procesar aquellas palabras antes de poder reaccionar.

—¿Qué? —dijo finalmente, con la voz mucho más baja de lo habitual—. Ethan, acabamos de pasar el mejor día que hemos tenido juntos. ¿Y ahora simplemente...?

—No es por ti. —Le costó decirlo, sabiendo lo insuficiente que iba a sonar—. Es por algo que descubrí. Algo peligroso. No puedo contarte más, pero necesito que confíes en que lo hago para protegerte.

—¿Protegerme? —La voz de Valentina se endureció de golpe, la vulnerabilidad de un momento atrás reemplazada por algo más afilado—.

¿Sabes lo que me costó bajar la guardia contigo?

Nunca en mi vida había dejado que nadie se acercara así.

Nunca. Y ahora vienes aquí y me dices que me dejas, sin ninguna explicación real, ¿y se supone que tengo que agradecerte que lo hagas para "protegerme"?

—Valentina...

—No. —Levantó una mano, cortándolo en seco, con los ojos brillantes de una rabia que ya no intentaba contener—.

¿Sabes qué es lo peor de todo esto? Que empiezo a pensar que quizás lo hiciste a propósito.

Que me hiciste confiar en ti, me hiciste bajar todas las defensas que había construido durante años, solo para poder destruirme después con más facilidad.

Como si necesitaras demostrarte a ti mismo que también podías controlarme, igual que hiciste con la foto del examen.

Solo que esta vez ni siquiera necesitabas amenazarme con nada. Bastaba con hacer que me importara.

—Eso no es verdad, y lo sabes. Nunca planeé nada de esto.