Voss Academy: Lo que el silencio no pudo enterrar (Voss Academy 1) CAPÍTULO 4 #8
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CAPÍTULO 4 #8

—Que sí, claro. —Se encogió de hombros, con una resignación que a Ethan le dolió más de lo que esperaba—.

Siempre digo que sí. Llevo toda la vida diciendo que sí a lo que sea que mi madre necesite que sea, y a lo que sea que mi padre necesite que represente, y a lo que sea que este campus entero espere de la hija de la directora.

Nunca nadie me ha preguntado qué quiero yo, porque nunca se les ha ocurrido que pudiera querer algo distinto a lo que ya tengo.

—Yo te lo estoy preguntando ahora.

Valentina lo miró entonces con algo abierto y sin ninguna defensa en la cara, una desnudez que Ethan no le había conocido ni en los momentos de mayor vulnerabilidad de los últimos meses, como si hubiera decidido, esa noche concreta, dejar de fingir por completo.

—No lo sé, Ethan. Esa es la parte más aterradora de todo esto.

—Se rio, sin ganas, y se pasó una mano por el pelo con un gesto cansado—.

Llevo dieciocho años siendo exactamente lo que se supone que tengo que ser.

Nunca me he detenido a pensar qué querría si nadie estuviera mirando.

Y contigo... contigo es la única vez que nadie está mirando de verdad.

Ni mi madre, ni mi padre, ni las cámaras invisibles que siento encima todo el tiempo en cualquier otro sitio del campus. Solo tú.

—¿Y qué se siente?

—Terrorífico. —Lo dijo con una sinceridad tan cruda que a Ethan se le encogió el pecho—. Y también lo único real que he sentido en años.

Se quedaron en silencio un momento, más cerca el uno del otro de lo que habían estado en ninguna de las visitas anteriores, y Ethan sintió, con una claridad extraña, que aquel momento pesaba de una manera distinta a cualquier otro que hubieran compartido hasta entonces: no cargado de la tensión del control disputado, ni de la curiosidad cautelosa de las primeras semanas, sino de algo mucho más simple y mucho más difícil de nombrar.

—Llevo semanas viniendo aquí sin saber muy bien por qué —dijo Valentina, con la voz más baja—.

Me decía a mí misma que era solo porque necesitaba un sitio donde nadie me exigiera nada.

Pero no es solo eso, Ethan. Es que contigo no necesito fingir nada, ni controlar nada, ni ganar nada.

Y llevaba tanto tiempo sin saber lo que era eso que había olvidado que se pudiera sentir así con otra persona.

—No tienes que fingir nada conmigo. Nunca lo has tenido que hacer.

—Lo sé. —Sonrió, una sonrisa pequeña y frágil, completamente distinta de la sonrisa calculada que Ethan había visto en ella durante los primeros meses de curso—. Es lo que más me asusta de todo esto.

Se acercó entonces, despacio, con una vacilación que no encajaba en absoluto con la seguridad depredadora que Valentina Cross desplegaba frente a cualquier otra persona del campus, y lo besó, primero con suavidad, casi con la misma cautela con la que había entrado esa noche en la habitación, y después con una intensidad que dejaba claro que aquello no era, en absoluto, un gesto calculado ni una nueva forma de recuperar el control de la situación.

Ethan le devolvió el beso sin pensarlo, sin ninguna de las dudas que habían acompañado cada paso anterior de aquella relación extraña, sintiendo, con una certeza que no necesitaba palabras, que aquello era exactamente lo contrario de todo lo que había definido su historia hasta entonces: no una conquista, no una rendición, sino dos personas encontrando, por accidente, un espacio donde ninguna de las dos tenía que controlar nada en absoluto.

En algún punto de aquellas semanas, sin decírselo nunca, sin convertirlo en ningún gesto que necesitara testigos, Ethan había borrado las fotografías del examen y la nota de su madre.

No como parte de ninguna negociación ni como respuesta a ninguna exigencia repetida: simplemente, un día cualquiera, se había dado cuenta de que ya no necesitaba ningún seguro contra alguien a quien había dejado de querer controlar. No se lo dijo nunca. No hacía falta.

Cuando se separaron, Valentina lo miró un momento, con los ojos brillantes de algo que no era ni miedo puro ni alivio pleno, sino una mezcla incómoda y honesta de ambos.

—Esto no va a ser fácil —dijo, en voz baja—. Nada de lo que soy hace que esto vaya a ser fácil.

—No necesito que sea fácil.

—Eso también me asusta. —Se rio, esta vez con algo más parecido a una alegría real, aunque todavía teñida de incertidumbre—. Pero creo que ya no me importa tanto como debería.

Se quedó esa noche más tiempo del que se había quedado nunca, y cuando finalmente se marchó, ya de madrugada, con el campus completamente en silencio a su alrededor, Ethan se tumbó en la cama mirando el techo, pensando que aquella noche, por primera vez desde que había llegado a Voss Academy, un capítulo entero de su vida allí se cerraba sin un mensaje críptico, sin una nueva pregunta sin respuesta, sin ningún gancho de misterio esperándolo al otro lado del sueño.

Solo el recuerdo simple y cálido de un beso que ninguno de los dos había planeado, y la certeza incierta pero real de que, fuera lo que fuera aquello entre Valentina y él, había dejado de ser, definitivamente, cualquier cosa parecida a un juego de control.

* [FIN CAPÍTULO 4] *