Voss Academy: Lo que el silencio no pudo enterrar (Voss Academy 1) CAPÍTULO 3 #7
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CAPÍTULO 3 #7

El siguiente mensaje llegó casi dos semanas después, un viernes por la noche, cuando Ethan ya empezaba a convencerse de que quizás no habría más, de que aquella cadena de frases crípticas se había agotado tan repentinamente como había empezado, dejándolo con más preguntas que respuestas para siempre.

Estaba en su habitación, solo —Derek había salido con un grupo de compañeros a alguna fiesta del ala este que Ethan había decidido saltarse, sin ganas de fingir normalidad en medio de todo lo que llevaba semanas acumulando en la cabeza— cuando el teléfono vibró sobre la mesilla con aquel sonido que ya reconocía de inmediato, sin necesidad de mirar la pantalla, como el anuncio de otra pieza más de un rompecabezas que no terminaba nunca de completarse.

Número oculto.

Abrió el mensaje con una calma que le sorprendió a sí mismo, una especie de resignación cansada ante lo que fuera que estuviera a punto de leer.

Algunas cosas se heredan aunque nunca las hayamos pedido. Fui yo quien te trajo a Voss Academy, Ethan. Pagué tu matrícula. Moví los hilos necesarios para que te aceptaran. Todo lo que has vivido en estas semanas ha sido posible gracias a mí.

Soy tu padre.

Ethan no se movió, el teléfono sostenido a escasos centímetros de su cara, releyendo aquellas líneas una y otra vez con la sensación de que el suelo bajo sus pies acababa de desaparecer sin previo aviso.

El corazón le latía con una fuerza que le dolía físicamente, un martilleo desbocado que le resonaba en los oídos con más fuerza que cualquier otro sonido en la habitación silenciosa.

Soy tu padre.

Dos palabras que llevaba dieciséis años sin escuchar, sin siquiera imaginar que volvería a leer alguna vez, aparecían ahora en la pantalla de su teléfono, sin previo aviso, sin ninguna advertencia que le hubiera permitido prepararse para el impacto.

El hombre del que su madre jamás hablaba, la ausencia sobre la que se había construido buena parte de su infancia, la pregunta silenciosa que Ethan había dejado de hacerse en voz alta hacía años porque nunca obtenía respuesta — ¿dónde está mi padre, por qué se fue, por qué nunca volvió?

— tenía ahora, de repente, un rostro sin cara, una presencia sin cuerpo, comunicándose con él a través de una pantalla como si dieciséis años de silencio absoluto no significaran nada.

Se levantó de la cama con las piernas temblorosas y caminó hasta la ventana, con el teléfono todavía apretado en la mano, mirando hacia la oscuridad del campus sin ver realmente nada, con la cabeza dando vueltas alrededor de una sola idea que no terminaba de asentarse del todo: su padre no solo estaba vivo.

Su padre lo había estado observando. Su padre había orquestado, en secreto, cada paso de su llegada a aquel lugar, había movido dinero y contactos e influencias para que Ethan terminara exactamente donde estaba en aquel momento, sin que él tuviera la más mínima idea de que todo aquello formaba parte de un plan ajeno a su propia voluntad.

¿Por qué? La pregunta se le formó con una urgencia casi física, exigiendo una respuesta que el mensaje no ofrecía.

¿Por qué ahora, después de dieciséis años de silencio absoluto?

¿Por qué de aquella manera, a través de mensajes crípticos en lugar de una llamada, una carta, cualquier forma de contacto directo que un padre normal habría elegido para reencontrarse con su hijo?

¿Y qué significaba exactamente que hubiera movido los hilos necesarios , qué tipo de influencia podía tener un hombre del que Ethan no sabía prácticamente nada, ni su aspecto, ni su profesión, ni el motivo por el que había desaparecido de sus vidas cuando Ethan era demasiado pequeño para recordarlo?

Se quedó de pie junto a la ventana durante mucho tiempo, sintiendo el frío del cristal contra la frente cuando finalmente se apoyó en él, exhausto de golpe por el peso de todo lo que acababa de descubrir.

En algún lugar de aquel campus, entre los edificios de piedra y los jardines cuidados con una perfección casi artificial, o quizás mucho más lejos, en algún rincón del mundo que Ethan no podía siquiera imaginar, había un hombre que llevaba dieciséis años ausente y que, sin embargo, nunca había dejado de observarlo.

Su padre estaba vivo. Y sabía muy bien dónde encontrarlo, aunque él todavía no supiera nada sobre él en absoluto.

Ethan volvió a mirar el teléfono, la pantalla todavía iluminada con aquellas dos últimas palabras que parecían quemarle los dedos con solo sostenerlas.

Soy tu padre.

No hubo nada más aquella noche. Ningún mensaje adicional, ninguna explicación, ninguna pista sobre lo que vendría después.

Solo aquella confesión repentina, suspendida en el silencio de su habitación, y la certeza incómoda de que, fuera lo que fuera lo que su padre quisiera de él, aquello acababa de dejar de ser una simple curiosidad para convertirse en algo mucho más grande, algo que Ethan sospechaba que iba a cambiar todo lo que creía saber sobre sí mismo.

* [FIN CAPÍTULO 3] *