Voss Academy: Lo que el silencio no pudo enterrar (Voss Academy 1) CAPÍTULO 3 #6
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CAPÍTULO 3 #6

—Tu madre. Irina, ¿verdad? —Esta vez sí levantó la vista, y Ethan tuvo la sensación, fugaz pero clara, de que la pregunta no era tan casual como pretendía sonar—.

Solo tengo curiosidad. Nadie en este campus pregunta nunca por las madres.

Todo el mundo quiere saber de los padres, de los apellidos, del dinero.

Las madres parecen no importarle a nadie.

—Sigue en la misma casa, sí. —La pregunta lo desconcertó más de lo que hubiera esperado, tan alejada de cualquier otra cosa que la profesora le hubiera preguntado hasta entonces—. ¿Por qué lo pregunta?

—Por nada en particular. —Volvió a bajar la vista a sus papeles con idéntica brusquedad, cerrando el tema tan rápido como lo había abierto—. Sigue con las fotografías. Vas bien.

Ethan obedeció, aunque la pregunta se le quedó rondando durante el resto de la sesión con una insistencia que no lograba justificar del todo.

No había sido hostil, ni siquiera especialmente reveladora; era, simplemente, extraña, fuera de lugar, como una pieza de un rompecabezas distinto al que llevaba armando desde su llegada a Voss Academy.

Se marchó del despacho una hora después sin haber encontrado nada sobre su padre, pero con el nombre de su madre resonándole en la cabeza de una manera que no sabía explicar, y que decidió, por el momento, guardar junto con el resto de fragmentos sueltos que todavía no encajaban en ninguna parte.

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El segundo encuentro privado con Valentina llegó sin que Ethan lo buscara, casi una semana después de la conversación en el pasillo de Humanidades.

Fue ella quien lo encontró esta vez, en la biblioteca, un martes por la noche cuando la mayoría de los estudiantes ya se habían retirado a sus residencias y solo quedaban las mesas del fondo, iluminadas por lámparas individuales que proyectaban charcos amarillos de luz sobre la madera oscura.

—Tenemos que hablar —dijo, sentándose frente a él sin pedir permiso, con la misma seguridad con la que hacía prácticamente todo.

—¿Sobre qué?

—Sobre esto. —Hizo un gesto vago que abarcaba, aparentemente, toda la situación entre ellos—. Llevo días pensando en lo que pasó la semana pasada. En el pasillo. Y necesito entender qué está pasando aquí.

—No está pasando nada, Valentina.

—Eso es mentira, y los dos lo sabemos. —Su voz sonaba menos defensiva que la última vez, con la guardia deliberadamente más baja que antes—. Nunca había dicho las cosas que dije aquel día. A nadie. Ni siquiera a Camila, y la conozco desde que teníamos siete años.

—A veces las cosas salen así, sin planearlo.

—A mí no me pasa eso. —Se apartó un mechón de pelo con un gesto brusco, casi frustrado—.

Yo planeo cada palabra que digo en público.

Cada gesto. Cada expresión. Llevo haciéndolo tanto tiempo que ya ni siquiera lo pienso, es como respirar.

Y contigo... —Se detuvo a media frase, sin terminar de decir lo que fuera que había estado a punto de decir.

—¿Conmigo qué?

Valentina lo miró un largo momento, con una expresión que combinaba la irritación con algo mucho más vulnerable debajo, algo que a Ethan le pareció, cada vez más, la verdadera Valentina Cross que nadie en Voss Academy había tenido oportunidad de conocer.

—Contigo se me olvida planear —dijo finalmente, casi en un susurro, como si la confesión le costara un esfuerzo físico—. Y eso me asusta más de lo que quiero admitir.

El silencio que siguió tuvo un peso distinto al de las conversaciones anteriores entre ellos, más denso, más cargado de algo que ninguno de los dos parecía dispuesto a nombrar todavía.

Ethan sintió, por primera vez desde que había empezado toda aquella historia con Valentina, que no sabía qué decir, que las palabras que había usado hasta entonces —firmes, controladas, casi ensayadas— ya no le servían para aquel momento en concreto.

—No tienes que asustarte de eso —dijo finalmente, con una suavidad que le sorprendió a sí mismo.

—No lo entiendes. —Valentina negó con la cabeza, recuperando parte de su compostura habitual, con la sensación de que el momento de vulnerabilidad ya había durado demasiado y necesitaba reconstruir la distancia—.

Llevo toda mi vida controlando todo lo que me rodea porque es la única manera que conozco de sentirme segura.

Y tú apareces de la nada, sin ningún interés en jugar según mis reglas, y de repente no sé cómo comportarme.

—Quizás no tengas que comportarte de ninguna manera en concreto. Al menos no conmigo.

—Eso suena bonito. —Esbozó una sonrisa amarga, sin demasiada convicción—.

Pero no es tan simple. Todo el mundo espera algo de mí.

Mi madre espera que sea perfecta. Mis amigas esperan que las guíe.

El campus entero espera que sea exactamente lo que llevo siendo desde que tengo memoria. No sé quién soy si dejo de ser eso.

—Puede que valga la pena averiguarlo.

Valentina se quedó mirándolo un momento más, sin que su rostro terminara de asentarse en un solo gesto, y luego se puso de pie con un movimiento repentino, como si hubiera decidido, de golpe, que aquella conversación había llegado demasiado lejos.

—Tengo que irme —dijo, recogiendo sus cosas con una prisa que no encajaba del todo con su elegancia habitual—. Esto ha sido... no sé qué ha sido esto. Olvídalo.

—Valentina.

—No. —Se detuvo un momento, de espaldas a él, y cuando volvió a hablar su voz sonaba más frágil de lo que Ethan la había escuchado nunca—. Sigo sin recuperar el control de nada de esto, Ethan. Y lo peor es que ya no estoy segura de querer recuperarlo.

Se marchó antes de que Ethan pudiera responder nada, dejándolo con la fotografía todavía guardada en el móvil, la condición todavía intacta, y la sensación creciente de que aquello entre ellos, fuera lo que fuera, ya no tenía nada que ver con el examen robado ni con ninguna forma de control.

Se estaba convirtiendo en otra cosa, algo más lento y más incierto, algo que ninguno de los dos parecía preparado todavía para nombrar en voz alta.

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