Voss Academy: Lo que el silencio no pudo enterrar (Voss Academy 1) CAPÍTULO 3 #4
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CAPÍTULO 3 #4

Nora se quedó pensativa un momento, mirando el libro que todavía sostenía sobre el regazo, y cuando volvió a hablar su voz sonaba más suave, casi confidencial.

—A veces pienso que tengo mucho más miedo de las cosas pequeñas que de las grandes —dijo, sin que la frase pareciera venir de ningún lugar en concreto—.

Como no encontrar nunca un sitio donde de verdad pueda ser yo misma sin que nadie me esté midiendo por algo.

Este invernadero es lo más parecido que he encontrado en un año. Es un poco triste, si lo piensas.

—No es triste. Es solo... humano, supongo.

—Puede ser. —Se encogió de hombros, cerrando el libro con el mismo cuidado excesivo de siempre—. De todas formas, gracias por enseñarme el mensaje. Ojalá pudiera decirte algo que te ayudara de verdad, pero no tengo ninguna respuesta mejor que tú.

—No pasa nada. Solo necesitaba contárselo a alguien.

—Puedes contármelo siempre que quieras. —Se puso de pie, guardándose el libro con cuidado en el bolsillo interior de la chaqueta—. Aunque quizás la próxima vez llames antes de entrar. Casi me matas del susto.

—Lo tendré en cuenta.

Se marcharon juntos del invernadero, y Ethan se descubrió pensando, mientras cruzaban de vuelta los jardines ya casi a oscuras, que aquel rincón olvidado del campus, con sus cristales sucios y sus plantas sin dueño, se había convertido, en cuestión de minutos, en el primer lugar de Voss Academy que sentía completamente ajeno al resto del ruido.

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Valentina lo buscó a él esta vez, dos días después de la confrontación en el jardín, interceptándolo en un pasillo lateral del edificio de Humanidades cuando ya no quedaba casi nadie después del final de las clases.

—Necesito que me devuelvas la fotografía —dijo, sin preámbulos, con la misma frialdad calculada de siempre, aunque a Ethan no le pasó desapercibida la tensión en la manera en que sostenía los libros contra el pecho, como una armadura improvisada.

—No.

—No te estoy preguntando. —Dio un paso hacia él, con la mirada intensa que Ethan ya había aprendido a reconocer como su arma principal, la que usaba para hacer que la gente se apartara de su camino sin necesidad de levantar la voz—.

Ya cumplí mi parte. Nora está tranquila. Ahora quiero esa fotografía borrada.

—No puedo hacer eso.

—¿No puedes o no quieres?

—Las dos cosas. —Ethan sostuvo su mirada, con una calma que sospechaba que la sorprendía más a ella que a él mismo—. No es una cuestión de confianza contigo, Valentina. Es que no sé qué pasará dentro de un mes, o dos. Prefiero mantener esto como está.

—Eso es exactamente una cuestión de confianza. —Su voz se volvió más aguda, con un filo que Ethan no le había escuchado usar contra él hasta entonces—. Estás guardando algo sobre mí como si fuera un seguro de vida. Eso es lo que hace la gente cuando planea usarlo tarde o temprano.

—O es lo que hace la gente cuando no está segura de que la otra persona vaya a cumplir su palabra sin él.

Aquello pareció detenerla. Se quedó mirándolo un momento, con una expresión que oscilaba entre la irritación y algo más difícil de nombrar, y cuando volvió a hablar su voz había perdido buena parte de la dureza inicial.

—He cumplido mi palabra —dijo, casi en voz baja—. No he tocado a Nora. No he dicho una sola palabra sobre ella desde que hablamos. ¿Qué más quieres de mí?

—No quiero nada más. Solo quiero seguir asegurándome de que las cosas siguen así.

—Eso es humillante. —La palabra salió con una amargura genuina, sin la teatralidad calculada que Ethan había aprendido a asociar a casi todo lo que Valentina decía en público—.

¿Sabes lo que es tener a alguien controlando algo así sobre ti?

No poder estar segura de que en cualquier momento decida cambiar de opinión.

—No es control. Es solo... prudencia.

—Es lo mismo, visto desde donde yo estoy.

—Se apartó un paso, con un movimiento que a Ethan le pareció menos una retirada estratégica que una necesidad genuina de poner distancia—.

Todo el mundo cree que sabe cómo soy. Que soy fácil de entender.

La reina malcriada, la hija de la directora que consigue todo lo que quiere sin esfuerzo.

—Soltó una risa breve, sin ninguna alegría en ella—.

Nadie se ha molestado nunca en preguntar qué cuesta mantener esa versión de mí todos los días, sin un solo fallo, sin un solo momento en que alguien vea lo que hay debajo.

Ethan tardó un momento en reaccionar, sorprendido por la franqueza repentina de aquella confesión, tan alejada del tono defensivo con el que había empezado la conversación.

—¿Y qué hay debajo? —preguntó, con cuidado, consciente de que estaba pisando un terreno que Valentina probablemente no había pisado nunca con nadie más.

La pregunta pareció devolverla de golpe a sí misma. Su expresión se cerró de nuevo, con la misma velocidad con la que se había abierto, y cuando volvió a hablar su voz había recuperado buena parte de su frialdad habitual.

—Nada que te importe. —Se recompuso el pelo con un gesto brusco, casi como si necesitara hacer algo con las manos—. Olvida lo que acabo de decir. Ha sido un mal día, nada más.

—Valentina...

—No. —Levantó una mano, cortando lo que fuera que Ethan estuviera a punto de decir—. No necesito que me analices, Volkov. Solo necesitaba saber si vas a devolverme esa fotografía, y ya tengo mi respuesta. Es todo lo que quería.

Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo, con el mismo paso rápido y decidido con el que Ethan la había visto salir de su residencia el martes de la infiltración, y él se quedó allí un momento, con la sensación clara de haber visto algo que Valentina no había querido enseñarle, algo que probablemente ni siquiera ella misma había tenido intención de mostrar.

La grieta había sido breve, apenas un segundo de sinceridad involuntaria antes de que la muralla volviera a cerrarse, pero había sido real, y Ethan sospechaba, mientras la veía desaparecer por el final del pasillo, que aquello no había sido la última vez que la vería.

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El examen de Cálculo Avanzado —una asignatura optativa que Ethan había elegido más por necesidad de completar créditos que por verdadero interés, aunque los números siempre se le habían dado con una facilidad que atribuía más a la costumbre que al talento— tuvo lugar el viernes por la mañana, en un aula pequeña de la última planta del edificio de Ciencias donde apenas había una docena de alumnos matriculados.

Yuki estaba sentada dos filas por delante de él, con la espalda perfectamente recta y una concentración tan absoluta que parecía haberse desconectado por completo del resto del aula.

Ethan la había visto de lejos varias veces desde su llegada al campus —siempre en compañía de las mismas dos chicas, un grupo cerrado que parecía moverse con una coreografía propia, ajena al resto de Voss Academy— pero nunca habían intercambiado una sola palabra, ni falta que había hecho hasta entonces.

El examen resultó menos complicado de lo que Ethan había temido, y terminó con quince minutos de margen antes de que el profesor diera por finalizado el tiempo.

Entregó su hoja y salió del aula, bajando la escalera estrecha que llevaba al vestíbulo del edificio de Ciencias, cuando encontró a Yuki un par de peldaños por delante de él, caminando al mismo paso mesurado con el que hacía prácticamente todo.

—Has terminado rápido —dijo, girando apenas la cabeza, aunque aminorando lo suficiente el paso como para que terminaran bajando el resto de la escalera codo con codo, con una voz precisa y sin apenas inflexión, del tipo que parece medir cada palabra antes de soltarla.

—Se me dan bien los números.

—A mí también. —Se detuvo en el rellano, frente a un tablón donde alguien acababa de clavar la hoja de resultados provisionales, y la repasó con la mirada antes de que Ethan tuviera tiempo de acercarse—. Has quedado primero. Yo, segunda.

Aquello lo pilló desprevenido, tanto por la información en sí como por la franqueza directa con la que Yuki se la ofrecía, sin ningún tipo de rodeo social previo.

—No sabía que ya hubiera resultados.

—El profesor corrige rápido cuando el examen es fácil de corregir. —Algo parecido a una sonrisa, contenida hasta el límite de lo perceptible, le asomó un instante—. No estoy acostumbrada a quedar segunda en nada.

—Lo siento, supongo.

—No lo sientas. —Su tono se volvió, por un momento, ligeramente más animado, como si el tema hubiera tocado algo genuino en ella—. Prefiero perder contra alguien que realmente sabe lo que hace a ganar porque nadie más se ha esforzado. Al menos así sé que tengo que mejorar de verdad.

—Eso es una manera bastante sana de verlo.

—Es la única manera útil de verlo. —Se ajustó la correa de la mochila con un gesto preciso, económico, sin un movimiento de más—.

Mi padre cree que el talento natural es suficiente.

Yo prefiero pensar que el esfuerzo cuenta más.

Es la única parte de mi futuro que puedo controlar yo sola, sin depender de él para nada.

Había algo en la manera en que dijo aquello, con una frialdad deliberada que no lograba esconder del todo cierta tensión de fondo, que a Ethan le hizo intuir que había mucho más detrás de esa frase de lo que Yuki tenía intención de compartir con un desconocido en un pasillo.

No insistió. Reconocía, sin saber muy bien por qué, el gesto de alguien que acababa de abrir una puerta solo un centímetro y que se cerraría de golpe ante cualquier intento de forzarla más.

—Bueno, enhorabuena de todas formas —dijo Yuki, recuperando su tono medido de antes, dando por cerrada la conversación con la misma naturalidad abrupta con la que la había empezado—. La próxima vez, sin embargo, no cuentes con quedar primero otra vez.

—Lo tendré en cuenta.