Voss Academy: Lo que el silencio no pudo enterrar (Voss Academy 1) CAPÍTULO 2 #5
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CAPÍTULO 2 #5

Salió de la habitación con el pulso todavía desbocado, comprobando el pasillo en ambas direcciones antes de alejarse con el paso más normal que consiguió fingir.

Caminó de vuelta hacia su propia residencia con el teléfono pesándole en el bolsillo como si fuera mucho más pesado de lo que en realidad era. Algo en lo que acababa de hacer no terminaba de sentarle bien, aunque no supiera todavía ponerle nombre exacto a qué.

No llegó a ninguna conclusión clara aquella tarde. Solo la certeza incómoda de que, fuera lo que fuera lo que decidiera hacer con aquella fotografía, ya no había vuelta atrás.

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El jueves de aquella misma semana, la clase de Historia del Arte terminó antes de lo previsto —el profesor, aquejado de un resfriado que le hacía sonarse la nariz cada dos frases, decidió acortar la sesión con la promesa poco convincente de recuperar el tiempo perdido más adelante— y Ethan se encontró con quince minutos libres antes de su siguiente clase que no sabía muy bien cómo llenar.

Fue entonces cuando la profesora Rivera —a quien todavía no conocía por su nombre completo, solo como la mujer de mirada intensa que impartía Literatura Rusa Comparada, una asignatura optativa a la que Ethan se había apuntado casi por capricho el primer día— lo llamó desde la puerta de su despacho, situado al final del mismo pasillo.

—Tú. El nuevo. Quédate un momento.

Ethan se giró, sorprendido de que la profesora se dirigiera a él directamente; apenas habían coincidido dos veces en el aula, y en ninguna de ellas recordaba haber intercambiado más de un saludo formal con ella.

—¿Yo? ¿Por qué?

—Interesante apellido. Volkov. —Lo dijo con un tono neutro, casi casual, apoyada en el marco de la puerta con una elegancia que parecía calculada sin resultar por ello menos natural—. No es un apellido que se oiga a menudo por aquí.

—¿Lo conoce? —preguntó Ethan, con una punzada de esperanza inmediata, del tipo que había empezado a sentir cada vez que algo remotamente relacionado con su padre asomaba la cabeza en cualquier conversación.

La profesora Rivera esbozó una sonrisa enigmática que no llegó a comprometerse con ninguna respuesta concreta.

—Quizá. —Hizo una pausa deliberada, sosteniéndole la mirada con una intensidad que a Ethan le resultó, por algún motivo, más incómoda que hostil—. O quizá solo me gusta cómo suena. Es un apellido con peso, ¿no crees? De esos que uno no olvida fácilmente aunque quiera.

—No sé qué responder a eso.

—No hace falta que respondas nada. —Se apartó del marco de la puerta, dando por terminada la conversación tan abruptamente como la había empezado—. Ve a tu siguiente clase. Llegarás tarde si te quedas aquí charlando conmigo.

Ethan esperó un instante más de lo necesario, con la esperanza de alguna explicación adicional que no llegó, y finalmente se marchó con la sensación extraña de haber sido evaluado en algo cuyas reglas desconocía por completo.

La frase de la profesora — un apellido con peso, de esos que uno no olvida fácilmente — se le quedó rondando durante el resto del día, sumándose sin que él pudiera evitarlo al montón cada vez más pesado de comentarios sueltos, miradas prolongadas y coincidencias que ya no sabía si eran coincidencias en absoluto.

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Esa misma noche, ya tarde, cuando su compañero de cuarto dormía con los auriculares todavía puestos y el resto de la residencia había caído en el silencio particular de un jueves cualquiera, el teléfono de Ethan vibró sobre la mesilla con un sonido que, en el silencio de la habitación, le pareció mucho más fuerte de lo que en realidad era.

Un mensaje de un número oculto.

Miró la pantalla fijamente un momento antes de atreverse a abrirlo, con esa clase de instinto que a veces avisa de algo sin que uno sepa todavía de qué se trata.

Bienvenido a Voss Academy. Tu padre estaría orgulloso.

Ethan leyó el mensaje tres veces seguidas, como si repetir la lectura fuera a cambiar de alguna manera las palabras, a hacerlas más comprensibles o menos inquietantes.

No reconocía el número. No tenía ni idea de quién podría haberlo enviado, ni por qué, ni cómo sabía aquella persona lo suficiente sobre su vida como para mencionar a un padre del que Ethan apenas tenía recuerdos y del que su madre jamás hablaba.

Se incorporó en la cama, con el corazón latiéndole con una fuerza que le pareció excesiva para un simple mensaje de texto, y releyó las palabras una cuarta vez, buscando en ellas algo que se le pudiera haber escapado, algún indicio sobre quién las había escrito. No encontró nada.

Se quedó despierto mucho después de guardar el teléfono, mirando el techo de su habitación mientras las preguntas se acumulaban unas sobre otras sin encontrar ninguna respuesta que las aliviara.

¿Quién era? ¿Cómo sabían de su padre? ¿Y por qué, de entre todas las noches posibles, había elegido precisamente aquella para hacérselo saber?

Alguien, en algún lugar, sabía de su padre más de lo que él mismo sabía.

Y acababa de decidir que era el momento de que Ethan también lo supiera.

* [FIN CAPÍTULO 2] *