Voss Academy: Lo que el silencio no pudo enterrar (Voss Academy 1) CAPÍTULO 2 #2
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CAPÍTULO 2 #2

—A mucha gente sí. En privado. —Hizo un gesto vago con la mano—. Pero decirlo en voz alta te convierte a ti también en objetivo, y aquí eso tiene un precio que la mayoría no está dispuesta a pagar por alguien que ni siquiera conoce bien.

—¿Tú qué harías?

—No sé. —Elena lo pensó de verdad, sin dar una respuesta fácil solo por rellenar el silencio—.

Probablemente lo mismo que has hecho tú: notarlo, sentirte mal, y no saber muy bien por dónde empezar.

No es tan simple como plantarte delante de Valentina y decirle que pare.

Ella no haría nada que pudieras señalar como una agresión directa.

Es demasiado lista para eso. Nunca la vas a pillar en nada.

Un día simplemente te das cuenta de que ya no te invitan a ningún sitio y no sabes exactamente cuándo empezó.

Se quedaron un rato en silencio, con esa comodidad que no necesita llenar cada hueco de una conversación para sentirse acompañada.

—Habla con ella —dijo Elena finalmente, cuando se levantaron para volver, dándole el mismo golpecito en el hombro que ya empezaba a ser su firma—. Aunque solo sea para que sepa que alguien se ha dado cuenta.

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El lunes, Ethan encontró la oportunidad —o quizá, pensó después, la oportunidad simplemente decidió encontrarlo a él— en la biblioteca, a última hora de la tarde, cuando la mayoría de los estudiantes ya habían abandonado las mesas de estudio por la promesa más atractiva de la cena.

Nora estaba en su sitio habitual, junto a la ventana, con una pila de libros que parecía haber crecido desde la última vez que la había visto, y una expresión de concentración que apenas lograba disimular el cansancio debajo.

Ethan se sentó frente a ella sin preguntar, tan cómodo como la primera vez que ella lo invitó a hacerlo.

—¿Cómo va el trabajo de Renacimiento? —preguntó, tratando de sonar casual y sospechando que no lo conseguía del todo.

—Avanzando. Doble carga tiene sus ventajas, en realidad. Nadie con quien discutir el enfoque, nadie que quiera hacer la mitad del trabajo que a mí me parece necesaria. —Se encogió de hombros con una ligereza que a Ethan, esta vez, le pareció ligeramente forzada—. Es más trabajo, pero es más simple.

—No tenías por qué quedarte sola con eso.

—No pasa nada, de verdad. —Levantó la vista del libro, y algo en su expresión se suavizó un momento; la insistencia de Ethan pareció pillarla desprevenida de una manera que no esperaba—.

Estoy acostumbrada. Llevo un año entero en Voss Academy siendo la chica que trabaja sola en los proyectos de grupo.

Al menos esta vez tengo una excusa oficial.

Había algo en la manera en que lo dijo, sin autocompasión, casi con un humor cansado, que a Ethan le pareció más devastador que cualquier lamento explícito hubiera podido serlo.

—Eso no está bien —dijo, con más firmeza de la que había planeado—. Y sé que es por lo del café. Sé que la gente está siendo... —buscó la palabra— injusta contigo por algo que ni siquiera fue tu culpa. Fue mi culpa. Yo choqué contigo.

—No fue culpa de nadie. Fue un accidente.

—Nora cerró el libro con cuidado, el mismo gesto excesivamente delicado que Ethan ya asociaba con ella—.

La gente necesita historias sencillas, Ethan.

"Fue un accidente absurdo" es menos satisfactorio que "esa chica rara hizo algo raro".

Así que eligen la segunda versión, aunque sea menos verdad.

—Eso no lo hace justo.

—No, no lo hace. —Se quedó mirándolo un momento, y por primera vez Ethan tuvo la sensación clara, no solo la sospecha difusa, de que Nora estaba decidiendo cuánto quería dejarle ver—.

Pero llevo aquí el tiempo suficiente para saber que pelear contra eso solo empeora las cosas.

Cuanto más reacciono, más interesante les resulto.

La única estrategia que funciona es hacerme lo más pequeña posible hasta que se aburran y busquen otra distracción.

—¿Y si no se aburren?

—Entonces espero más. —Sonrió, una sonrisa breve y sin demasiada convicción—. No es la primera vez que pasa. No creo que sea la última.

Algo en la naturalidad con la que lo dijo fue lo que decidió a Ethan a no limitarse más a la observación silenciosa.

—Quiero ayudar —dijo—. No sé todavía cómo, pero quiero hacer algo. No me parece bien quedarme mirando.

Algo se movió por un instante en el rostro de Nora, tan breve que Ethan no habría podido jurar, si se lo hubieran preguntado después, que lo había visto de verdad.

Una quietud distinta a la habitual, como si sus palabras hubieran tocado algo que ella no esperaba que tocaran.

Duró apenas un segundo antes de que su expresión volviera a la calma de siempre.

—Eso es muy amable de tu parte —dijo—. Pero no hace falta que te sientas responsable de algo que no controlas. Valentina Cross no es un problema que se resuelva con buenas intenciones.

—¿Entonces con qué se resuelve?

Nora dejó pasar un momento, con esa quietud calculada que Ethan ya había empezado a reconocer como parte de su forma de ser, aunque todavía no sospechara cuánto de calculada era en realidad.

—No lo sé —dijo finalmente—. Gente como Valentina siempre tiene algo que esconder.

Todo el mundo lo tiene, en realidad, pero ella más que la mayoría, porque tiene más que perder si se sabe.

El problema es que nadie se molesta nunca en mirar de cerca.

Es más fácil creerse la versión que ella misma ha construido.

—¿Tú crees que esconde algo?

—Todo el mundo esconde algo, Ethan. —Volvió a abrir el libro, con un gesto que parecía dar por cerrada la conversación—. A veces ni siquiera es algo grave. Solo... cosas que uno prefiere guardarse para sí mismo, supongo. No creo que ella sea muy distinta en eso.

Ethan asintió, sin darle mayor peso del que parecía merecer en el momento, y guardó el comentario junto con el resto de frases sueltas de Nora que llevaban ya dos semanas acumulándose en un rincón de su cabeza sin que él supiera muy bien qué hacer con ellas.

—Tengo que irme —dijo Nora, recogiendo sus libros con un movimiento eficiente—. Pero gracias. En serio. No mucha gente se molestaría en decir lo que acabas de decir.

Se marchó antes de que Ethan pudiera responder.

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El miércoles, en el comedor, Ethan se sorprendió mirando la mesa de Valentina de una manera distinta a como la había mirado hasta entonces.

Todo el mundo esconde algo. La frase de Nora le rondaba la cabeza sin que la hubiera invitado, y reparó, como no había hecho hasta entonces, en las tres chicas que formaban su séquito habitual —no como el bloque uniforme que había asumido hasta entonces, ocupando siempre la misma mesa con la misma coreografía silenciosa de deferencias y risas calculadas, sino como tres personas distintas, cada una con su propia manera de estar ahí sentada, cada una probablemente con sus propios huecos.

La primera grieta la encontró casi sin buscarla, en la cola de la cafetería, cuando se encontró detrás de la chica rubia —Mia, aprendió su nombre esa misma tarde, cuando Francesca se lo mencionó de pasada mientras despotricaba sobre alguna otra cosa— esperando su turno con una bandeja vacía y una expresión de aburrimiento que no parecía fabricada para nadie en particular.

—¿Mucha cola hoy? —dijo Ethan, más por decir algo que por verdadero interés, sorprendido él mismo de su propia iniciativa.

Mia lo miró con una curiosidad rápida, del tipo que evalúa a alguien en una fracción de segundo y decide si merece la pena invertir más atención.

—Siempre hay cola los miércoles. Es el día del pollo al curry y por algún motivo eso pone a todo el mundo nervioso. —Sonrió, una sonrisa fácil que no comprometía nada—. Tú eres el nuevo. El del incidente del café.

—Ese soy yo. Mi reputación me precede, por lo visto.

—Aquí todo precede a todo el mundo. —Se encogió de hombros con una ligereza estudiada—.

No te preocupes, en un par de semanas alguien más hará algo más interesante y todos se olvidarán de que existes.

Es lo bueno de Voss, en el fondo: la memoria colectiva dura exactamente lo que dura el próximo escándalo.

—Eso suena a experiencia personal.

—Digamos que llevo aquí el tiempo suficiente para entender cómo funciona el reloj social del sitio.

—Avanzó un paso en la cola, y Ethan avanzó con ella, sin que ninguno de los dos pareciera darle mayor importancia al hecho de estar manteniendo una conversación que se alargaba más de lo estrictamente necesario—.

Aunque, para ser justos, tú tienes ventaja.

Sacaste la nota más alta del examen sorpresa de Historia del Pensamiento Político. Eso también se sabe.

—No pensé que a nadie le importara.

—A mí me importa. —Lo miró con algo parecido a un interés calculado, una mirada que a Ethan le costó situar en ese momento, aunque más tarde entendería que era, en esencia, la forma en que Mia miraba a cualquier persona nueva: como una variable todavía sin clasificar—.

Aquí la mitad de la gente vive de la reputación de sus apellidos.

Que alguien saque una nota así, viniendo de la nada, es raro. Interesante, digamos.

—¿Interesante en qué sentido?

—En el sentido de que no todo el mundo aquí es tan listo como aparenta.

—Bajó un poco la voz, con un tono que quería sonar casual y que a Ethan, por algún motivo, no le sonó tan casual como pretendía—.

Valentina, por ejemplo. Todo el mundo asume que es brillante porque saca las mejores notas y porque habla como si lo fuera.

Pero yo la conozco desde hace años y hay algo que nunca termina de cuadrarme.

—¿El qué?

Mia se detuvo un instante, como si hubiera dicho más de lo que pretendía y estuviera decidiendo si continuar. Al final soltó una risa breve que restaba importancia a sus propias palabras.

—Nada, olvídalo. Cosas de amigas. —Recogió su bandeja de la cinta y le dedicó una última mirada evaluadora antes de alejarse—. Ha sido un placer, Ethan. Nos vemos por ahí.