Volverte a ver (Volver 1) 32 #2
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—Les agradezco, por preocuparse por mí, pero, aunque les cuente cosas sobre mi vida personal, laboral o lo que sea, les recuerdo, que aún estoy aquí y que soy yo, la que toma las decisiones de lo que vive y de lo que no.

Así que, si ya dieron sus puntos de vista y terminaron de despotricar, los invito a seguir en mi fiesta de cumpleaños y a pasarla bien, ¿les parece?

En silencio, entienden mis palabras y con sus caras de perros regañados, me piden disculpas por su insolencia. Me juran, que no tocarán el tema, si es que yo no lo hago primero y me hacen prometer, que me cuidaré y lo que yo decida sobre eso, me apoyarán.

Les hago un abrazo grupal, ¡qué lindos son!

, pueden ser unos pesados, pero no me puedo molestar con ellos, pues cada uno ha aportado cosas positivas a mi vida y valen mucho, como para enojarme por esas nimiedades; así que, la terminamos de pasar bien, tanto, que hasta hacemos plan, para ir de baile a una nueva discoteca de Sabaneta.

Gabriela avisa, que caerá pronto al lugar y yo, aunque quisiera acompañarla, porque sé, que va a tener otro encontrón con Luis por salir de rumba, me dice que no hay problema, que lo sabe manejar y que me vaya con el resto.

Asiento, le deseo lo mejor y con los demás, nos vamos rumbo a Artesan, la discoteca que queda cerca al parque.

Cuando llegamos, el ambiente está más que prendido y rápidamente, buscamos una mesa, para disfrutar de la música.

Entre Carlos y Vladimir, que se han entendido a la perfección, hacen el pedido en la barra y Samanta y yo, que estamos en la mesa, comenzamos a bailar como unas descosidas, ¡nadie nos detiene!

Al cabo de varias horas, cuando estamos pasándola muy bien, me vibra el celular y de un número desconocido, leo:

Me encanta cuando sonríes.

Sé que es Javier, pero pronto, pensar que está espiándome, me hace estremecer.

«¿Será que está aquí?»

No, no lo creo, así que, con rapidez, se me va la duda, guardo el celular en el bolsillo trasero de mi pantalón, sonrío y sigo bailando y cantando a grito herido.

Suena un espectacular merengue y Vladimir me toma de la cintura, para bailar, ¡qué bien!, nos entendemos haciéndolo y en una vuelta entera, que me da, al fondo veo a…

¡¿Javier?!

Entonces, intento ir más lento y estudio el lugar, en donde hace unos segundos lo vi, pero no, nada, no está ahí y yo intento respirar.

Tanto tema con aquel ingeniero, me está haciendo verlo por todos lados, ¡estoy que alucino! Respiro con alivio, de que todo haya sido producto de mi mente y sigo bailando.

Llega Gabriela y me alegro mucho, pues por un momento, pensé que no iba a poder venir y mientras sigo en lo mío, me cuenta de que fue fácil pasar de Luis, porque consiguió compañero para jugar en la Xbox y todas esas máquinas, que tiene en su estudio, ¡qué bien!

, lo que sea que haya sido, estoy feliz de tenerla aquí y a todos.

Cuando se termina la canción, me siento en la mesa, ¡quedé exhausta!, Vladimir saca a bailar a Gabriela, mientras que Carlos y Samanta siguen bailando en la pista. Vuelve a vibrar mi celular y el suelo bajo mis pies tiembla.

Estoy seguro de que conmigo, bailarías mejor que con ese extranjero.

¡De piedra!

«¡¿En serio?!»

«¡¿En serio está aquí?!»

Detallo cada rincón no lo veo.

«¿En dónde estará?»

Y mientras lo busco con mis ojos escrutadores, llega un mesero y me dice:

—Un Manhattan, para la señorita.

Me quedo en silencio, mirando la bebida que trae.

—Perdón, pero yo no la pedí.

—Se la invitan.

—¿Quién?

El mesero me indica el lugar, pero al igual que yo, se queda confundido, pues ya no está la persona que la envió y yo, que no tengo más remedio, sonrío y la acepto. Javier sabe muy bien, que ese es mi cóctel favorito.

«¿Por qué de repente, me gusta que esté acechándome?»

Entonces, en un momento de impulsividad y de alicoramiento extremo, porque ya he revuelto varios tragos, comienzo a bailar con Vladimir de una manera, que hasta él se queda sorprendido.

Si Javier está aquí, entonces, le daré un show digno de admirar y como sé, que no le gustan los extranjeros, pues quien mejor que Vladimir para esto y aunque no lo sepa, mi amigo me sigue el juego, de hecho, todos se compenetran en el ambiente que acabo de marcar y seguimos en la fiesta,

¡la pasamos muy bien!

A los pocos segundos, mi celular se quiere estallar de mensajes, llamadas, notificaciones, ¡en un montón de cosas!

, pero nada, no lo tomo de la mesa, ¡que se vaya a la mierda!

, nadie me va joder mi noche de cumpleaños, eso lo tengo claro; tan claro, que salimos hasta la madrugada, ¡qué fiestón nos dimos!

Y aunque llego a mi casa, a caer directamente en la cama, paso de leer los mensajes. No quiero pensar en él; no, por esta noche, pero estoy tan bebida, que mi cuerpo hace lo que se le da la gana y aprovechándome de cierta excitación por haberlo descubierto espiándome, me masturbo pensando en él.

Al final, Carlos si va a tener razón con eso de que, no quiero admitir de que sigo enamorada, pues mi cuerpo aún se revoluciona con tan solo pensarlo y en menos de nada, un glorioso orgasmo me invade, gracias al ingeniero de los ojos miel.

Ahora sí, ¡a dormir!

═══════ • ♥ • ════════

Estoy en el avión rumbo a Bucaramanga, pero en mi mente, ando repasando lo sucedido con anterioridad.

Fue demasiado divertido, saber que Javier sufrió, cuando me vio bailando con Vladimir, porque al otro día de la fiesta, cuando decidí leer por fin, los mensajes que me había escrito desesperado, ponía cosas como:

Dile a ese, que no te abrace tanto…

Irina, no veo necesario, tener que restregarse tanto para bailar…

¡Maldita sea!

Que sepas, que estoy furioso de verte así, porque quiero ser yo, el que baile contigo…

Y ya cuando entendió mi juego, finalizó con un:

Sé lo que estás haciendo, pero no deja de ser fastidioso verte de esa forma.

Saco el celular y los leo de nuevo. Me río. En cierta parte, me dio gusto saber que lo hice sufrir y no voy a negar que, aunque siento alguna pena por él, no dejo de disfrutarlo, pues él a mí me lo hizo peor.

A nadie le he dicho, más que a mis amigos, que vine a Bucaramanga.

Aún no he gestionado reemplazos o turnos en las ópticas, porque quiero darme un descanso con mis padres y luego pensar mejor qué hacer.

No tengo afán. El teletrabajo de la empresa lo están planeando aún, para tener agendas disponibles conmigo, así que todavía no empiezo a hacerlo.

Miro por la ventanilla y suspiro.

«¿Por qué será, que no me siento del todo bien haciéndolo sufrir, cuando se lo merece?»

«¿Será que aún mi corazón lo ama y no me quiero dar cuenta?»

Puede que sí, pues todo lo que hemos vivido, lo he recordado como si fuera ayer y a veces, me veo sonriendo como una tonta, solo por pensar en aquel bendito rolo. No tengo remedio.

Lo cierto, es que no soy capaz de ser mala persona y darle lo que en realidad se merece, tanto odio no le tengo y, por otro lado, si acepto mis sentimientos, me da miedo sufrir sobremanera, ¡Dios mío!

, ¡nunca antes, pensar, había sido tan agotador!

, así que, mejor, decido dormir un rato, aún faltan veinte minutos para aterrizar y quiero descansar.