Volverte a ver (Volver 1) 30 #3
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Propongo que, por ahora, usted no renuncie, porque tampoco nos conviene, pero sí le diremos al ingeniero, que lo hizo por razones personales y dependiendo de su reacción, hablaremos luego, pues si nos retira sus clientes, deberá viajar para arreglar esto;

no sé lo que vaya a hacer y tampoco me importarán sus negativas, pero lo deberá hacer y…

—Y si no los retira, entonces, me voy.

Lo corto con una firmeza indestructible, ante el asombro de todos y aceptando el trato, contesta:

—Perfecto.

Mi jefe y Wilmar suspiran con cierta inconformidad, por la conversación teñida de reto y este último, fijando sus ojos en mí con resignación y en cierta parte, con preocupación, interviene:

—Aunque no deja de ser muy precipitado, entiendo que hay razones válidas de ambas partes para proceder. En tanto y teniendo en cuenta lo anterior, quiero retroalimentar que, en dado caso de que te vayas, nos puedas ayudar con el área de tele consultas, por favor.

Yo lo miro con sorpresa, eso sí que no me lo esperaba y ahora, continúa mirando a sus pares:

—Me parece, que es una buena forma de finalizar, en la que ambas partes ganamos. Nosotros, con esa cartera de clientes y usted con trabajo, aunque no sea presencial, por los motivos ya mencionados.

Sonrío, ¡Wilmar es lo máximo!, pues no pudo proponerlo mejor, de hecho, salió mucho más conveniente de lo que pensé, porque después de lo que confesé y saber que tengo trabajo aún, no tiene precio.

Así que, ante eso, asiento y cuando nos hemos puesto de acuerdo con los detalles, salimos de la oficina y yo ya puedo, por fin, respirar.

Ahora, solo espero que Javier sea lo más predecible del mundo y no haga nada estúpido, porque no quiero verle la cara.

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Y si, Javier es lo más predecible, porque en los siguientes días, llena mi consultorio con arreglos florales de todas las clases.

Al parecer, ya conoce con exactitud en qué sede trabajo y se nota, porque esto no parece un consultorio de optometría, sino la feria de las flores y aunque mi jefe cuando lo ve se queda boquiabierto, a pesar de que se lo advertí, me informa que aún no hay un fallo definitivo,

pues JM soluciones empresariales, no volvió a mencionar nada acerca del viaje. No, por ahora.

Sin embargo, e independientemente de lo que se decida, me preparo cada día más para irme. Me gusta mi trabajo, pero no quiero que esto se salga de control y el tener la opción de la tele consulta, me atrae mucho por cómo puedo seguir viajando por los congresos y conectarme desde cualquier lugar.

Al fin, hablo con mis padres y les cuento todo, incluso lo que tengo en mente sobre renunciar.

Me insinúan, que lo mejor sería pasar una temporada en Bucaramanga, para que me puedan cuidar mejor, ¡son lo máximo!

, y ya cuando mi mamá ofrece un mute, para el mal de amor, me convence, ¡me voy!

, pero primero, debo buscar un reemplazo y dejar todo en orden.

Como si fuera poco, los arreglos florales, aparte de llegar al consultorio, llegan también a mi apartamento y yo, ya no sé qué hacer con tanto ramo, como tampoco sé, qué entender con la actitud extraña de Javier, quien no se ha dignado a enviar un simple mensaje,

pero sí se toma atribuciones de otro tipo. La verdad, no sé a qué juega.

Pero lo peor de todo, es que no he sabido cómo sentirme ante eso, porque si bien, me había dado mucha rabia, el hecho de que volviera a hacer de las suyas con sus imposiciones, si tengo que aceptar, que los detalles que envía, poco a poco están derribando la muralla,

que con tanta furia construí alrededor de mi corazón, para que no me afectara nada de lo que proviniera de él, pues saber, que está pensando en mí me derrite, ¡no puedo caer! , ¡no señor!

Pronto, comprendo que la feria de flores que montó, fue un abono al camino que después decidió seguir, el de llamarme. Sé que es él, pero no dice nada y como se queda en silencio, son sus mensajes diarios, deseándome lo mejor, los que llegan de forma esporádica durante el día.

Detalles, que no son solo las flores, sino también las tortas de chocolate, me sacan una sonrisa, pero siendo sinceros, nada de esto está bien y me molesto.

«¡¿Por qué no tiene las pelotas para hablar conmigo?!»

«¡Acaso ¿muerdo, como para que no me hable?!»

En fin, lo que sea que fuera la respuesta, ni yo, ni Javier la tenemos, porque, aun así, siguen los regalos y mis amigos y mis padres, cuando se los hago saber, lo ponen en un pedestal de aquí al sol, pues ven su esfuerzo de pedir perdón, como si fuera lo más heroico del mundo.

Eso sí, menos Samanta, que sigue despotricando horriblemente de él y Carlos, que mete el dedo en la llaga, diciendo que aún me gusta y que no lo haga sufrir, ¡qué pesados se ponen!

Pero mientras hacen fiesta, yo prefiero llevar todo con superficial tranquilidad pues, aunque esto me conmueve, no olvido lo que realmente pasó entre nosotros.

Las palabras que nos dedicamos la última vez, fueron muy fuertes y dolorosas y no creo que, con sus estudiadas acciones, se logre remediar el daño tan fácil.

Por lo tanto, me aprovecho de la distancia, que me protege, porque lo puedo sobrellevar mejor, esperando que Javier desista del todo con respecto al viaje y lo más importante, que se canse de enviar regalos y me deje en paz.