Volverte a ver (Volver 1) 30 #2
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—A finales del año pasado, conocí al ingeniero Morantes en la ciudad de Cartagena y luego de meses, de una intermitente amistad por redes sociales, intentamos vernos de nuevo en Bogotá, cuestión que no se logró, por problemas técnicos de su parte y como yo no lo sabía,

pensé que me había dejado plantada en una cita…

La cara de los tres hombres es un poema, no tienen ni la menor idea, de porqué les estoy contando aquello; así mismo, me apresuro, para llegar al punto realmente importante.

—Después de eso, intentó por todos los medios contactarse conmigo, pues quería explicarme, que aquel desplante no había sido a propósito. Así que, como no conseguía por las buenas mi contacto, echó mano de su poder y tramó aquello de la brigada visual para JM Soluciones Empresariales.

Wilmar cierra los ojos, como comprendiendo la situación pasada; mi jefe también suspira y Jairo, que aún no entiende, pero está expectante de cómo se desarrolla la historia, me mira con atención; y sin dejarlos ni siquiera pensar, prosigo:

—Aquella vez, no sabía lo que había tramado, pero al verlo en esa reunión, lo comprendí en seguida.

—Ahora todo tiene sentido…

Agrega el coordinador, sabedor de mi comportamiento de ese día y yo asiento con tranquilidad.

—Me parecía increíble su proceder solo para hablar conmigo, pero lo más sorprendente, no fue que lo hubiera aceptado, sino lo que hizo de ahí en adelante, para conseguir una cita y como me negué a salir con él, gracias al desplante anterior, comenzó una batalla insistente para que cediera,

por medio de: correos, regalos, mensajes por WhatsApp, de texto, llamadas telefónicas desde X cantidad de números diferentes…

—Es decir, que te acosaba.

Wilmar se pasa una mano por su rostro.

—No en el mal sentido.

Me apresuro a explicar, pues no quiero que ahora, salga un problema por querer aclarar otro.

—Todo fue consensuado, pues a mí también me gustaba.

—Ay, Dios…

Susurra Jairo atónito.

—Pero como el tiempo se acababa y yo aún no aceptaba, pidió la prórroga, para seguir con su tozudez y me informó, que de mí dependía que eso terminara.

Observo en sus miradas, que poco a poco, la información encaja. Ellos, como representación de una empresa, nunca fueron importantes para Javier.

—La cuestión, es que con tanta obstinación y como habían de por medio sentimientos, al final acepté. Hubo cena, declaración y pronto, se gestó una bonita relación entre los dos.

» Volvió a gestionar otra prórroga, mientras decidía si mudarme o no con él y fue cuando le comenté al doctor Wilmar, si podía trabajar en tele consultas.

» Pasó el tiempo y por una serie de malentendidos, se terminó la historia de amor, de una manera que lamento demasiado, pues intenté por todos los medios aclararlo, pero no se pudo y precisamente, cuando había decidido vivir a su lado, entonces me dio el ultimátum, de que me devolvía y que pronto,

ustedes se comunicarían conmigo, para retomar mis labores… así… como si nada.

Me callo los demás detalles humillantes y observo a Jairo, que no pestañea.

—Entiende, ¿por qué no quiero viajar y por qué no puedo estar aquí, para cuando el infierno estalle?

Silencio.

Solo se escuchan las respiraciones en el pequeño espacio.

Nadie sabe qué opinar, ni qué decir, pues lo que acabo de contar es sumamente personal, pero no dando más espacio a que se imaginen cosas, agrego:

—No tengo ni idea de porqué, hasta ahora, se le da por buscarme, pero supongo, que lo hace para aclarar, lo que no quiso hacer cuando pudo, pero eso me vale mierda.

» Lo que yo quiero que sepan, es que, conociéndolo, algo trama de nuevo y esta vez, no lo voy a tolerar; es por eso, que debo renunciar, para no traer inconvenientes y estoy segura, de que eso no va a afectar su nómina, pues está a gusto con ustedes. Así que, no deberían preocuparse.

Luego de un corto silencio, Jairo interviene:

—Eso no se sabe, doctora. Aunque con nuestro apoyo, podría iniciar un proceso por acoso y…

Se calla, cuando me ve negar con la cabeza.

—No. Lo que menos quiero son problemas. Además, Javier no es así con sus empleados. Es un buen jefe y hasta retribuyó para bien, mi desempeño en el último informe, cuando lo cierto, es que no hice nada; quiero pagarle de la misma forma, por lo tanto, es mejor así.

—Acaso, ¿nos envió un informe falso de sus actividades?

Vitupera con cierto retintín y yo me rio con suavidad.

—La respuesta es obvia, pero si tanto le molesta, ya tiene una razón para despedirme, ¿no cree?

Finalizo, pues están demás los detalles íntimos y Jairo, que ya no tiene nada de arrepentimiento en su mirada, ve una razón de despido muy fuerte, pero que aún se debate internamente si actuar o no, por cómo mueve sus dedos en las rodillas.

«¿Qué estará pensando?!»

—Dios…

Wilmar musita con sorpresa. Entiendo, que no sabe cómo pasaron todas estas cosas en su propia cara y más aún, cuando tenía que estar pendiente de mi proceso.

Es por eso que calla, o, mejor dicho, que callamos. Al parecer, todos aquí hemos metido la pata hasta el fondo y sin reversa. Entonces, después de varios minutos en donde la incertidumbre es la maestra de ceremonias, mi jefe interviene:

—Bueno, doctores, necesitamos redirigir esto, porque quiero soluciones, no más problemas.

—La solución está servida: renunciaré y verán, que no va a retirar a sus clientes. Esto es personal conmigo, no tiene nada qué ver la empresa, así se haya salpicado.

—Pues, doctora, ya que está tan segura, hagamos algo…

—Jairo toma aire, para seguir con su idea—.