26 #3
Se escucha el rechinar de las llantas y con eso sé que se ha ido, ¡maldita sea! ¡se ha ido! y lo peor, ¡sin escucharme!
¡Sigo de piedra!
¡Sigo de mil colores!
No sé cuánto tiempo pasa, que la que me saca del estupor y anonadamiento es Rosario, que me ofrece un té, pero yo, aunque se lo recibo, lo dejo sobre la mesa, ¡ahora no estoy para el té!
Me alargo el rostro con ambas manos, esto… esto no puede estar pasando y como alma que lleva el diablo, voy hasta la habitación, tomo mi celular y lo llamo, pero nada, Javier no contesta y luego de insistir tanto, lo apaga porque me manda a buzón de correo de voz al primer timbrazo.
«¡Nooooooooooooo!»
«¡Dios mío!»
«¡Noooooooooooo!»
En las siguientes horas, siento volverme loca.
Lo llamo mil veces. Le dejo mensajes por todas las redes sociales, que sé que tiene, hasta en el correo electrónico y buzón de voz. Intento cómo puedo contarle las cosas, que vuelva a casa, a su casa para explicarle todo, pero nada, no resucita y mucho menos responde.
Pensando desesperada en donde puede estar, descarto rápidamente a su familia, pues no quiero que sepan que hemos discutido en semejante calibre y se me ocurre, que puede estar en la suite, ¡eso es! ¡debe estar ahí!
Pero el alma se me va a los pies, cuando la recepcionista me indica que él no ha ido, ¡maldita sea! ¡¿En dónde se ha metido este hombre?!
Conforme van pasando las horas, mi ímpetu se va transformando en frustración y la frustración, en ganas inmensas de llorar.
Estoy en el suelo de la habitación haciéndolo incesantemente, cuando en medio de hipidos y lágrimas que me bañan, como si fueran un rio en una creciente, veo que entra Rosario con paciencia, para dejarme la taza de té en la mesa de noche.
Se sienta al borde de la cama y me mira en silencio deshacerme en llanto y se lo agradezco, pues ahora no quiero hablar y cuando ve la oportunidad, se tumba conmigo en el piso y me abraza, ¡Rosario es la mejor!
me calma con su cálido abrazo y me intenta tranquilizar diciéndome que, si hoy no he podido hablar con él, que lo haga mañana, pero que descanse ahora.
Como puedo le hago caso y al cabo de unos minutos, cuando estoy un poco mejor, me insta a que me tome la aromática y me deja sola en la habitación.
Con resignación, me meto en la cama, sintiendo en el pecho los pocos vestigios de impulsividad que tuve horas antes, ¡estoy cansada y devastada!
Así que, apago la luz y reviso el celular en busca de alguna respuesta, pero nada, no hay nada y en mi afán por entender lo que sucedió, busco las malditas conversaciones, abro la de Enrique y es cuando leo:
¡Hola preciosa!
Hola, ¿cómo estás?
Extrañándote mucho.
¿Sigues en Bogotá?
Me había ido un tiempo, pero volví.
¡Qué bien!
¿Y tú?, ¿dónde estáis?, porque supe que dejasteis el hotel, ¿volvisteis a tu ciudad?
No. Aún sigo aquí.
Perfecto. ¿Cuándo nos vemos?
He estado muy ocupada.
¿Trabajo?
Si.
Entiendo.
Irina, deseo volverte a ver. Desde aquella noche, cuando te vi radiante en ese vestido, no he podido sacarte de mi cabeza, ¡joder!
, deseo tocar de nuevo esa piel suave y tus labios, ¡madre mía!
, ¡si es que besáis como los dioses!, no he podido borrarlo de mi mente, ni las espectaculares noches que pasamos juntos.
Si. Fue divertido.
Si vamos a juzgar por esta conversación, que es en donde inicia todo, la verdad, es que si tiene toda la razón en reaccionar de esa forma.
En ningún momento, corté la intención de Enrique y pareciera superficialmente, que le sigo la corriente y ya cuando leo lo último, que fue lo más impactante, no puedo negar que, hasta yo, si lo llego a leer del celular de Javier, porque una tipa se lo envió, me hubiera puesto histérica,
pues desde este mensaje al último, parece como sí nos hubiéramos visto para concretar algún encuentro sexual.
Miarma, a pesar de lo que hablamos; besarte y tenerte entre mis brazos el día de hoy, fue deliciosamente exquisito, tu piel sigue siendo suave y ni hablar de tus labios. Así que, no te preocupes, todo está claro y no olvides, que tienes un amigo en Madrid, ¡cuídate, preciosa!
«¡Dios Santo!»
Y para martirizarme más, abro el chat con Vladimir en donde indica:
Has estado muy perdida todo este tiempo, pero cuando puedas, hazme una videollamada y te muestro algo…
Videollamada realizada a las 9:32am.
Videollamada realizada a las 2:53pm
Tengo varias videollamadas que le he hecho, por motivo de su casa y de cómo la ha estado organizando y lo último que observo, porque no me había dado cuenta de ellas y asumo, fueron las notificaciones de la discordia, leo:
Hola.
Cuando puedas llámame…
Llámame, porque tengo algo qué mostrarte.
Sé que te va a gustar mucho…
Porque a mí, me encantó…
¡Llámame!
Recuerdo, que la anterior videollamada, la finalizamos con el tema de unas pinturas, que aún tenía en el piso sin colgar y que me habían gustado mucho.
Le dije que esperaba verlas en la próxima, ya colgadas y organizadas en la pared del pasillo, pues le había sugerido
que se veían mejor ahí… Pero claro, si todo lo vamos a malpensar, los mensajes de Vladimir, que, así como llegan, sin un principio, ni final, porque van directo al grano, se lee como si fuera una jodida línea caliente, ¡Dios mío! ¡Cuánto malentendido hay aquí!
Cierro los ojos con dolor y tiro el celular lejos de mí.
«¿Por qué no cerré esas malditas conversaciones?»
«¿Por qué Vladimir me tenía que escribir en este momento?»
«¿Por qué Javier no me escuchó?»
«¿Por qué…?»
«¿Por qué?»
Y más porqués.
Pero como no tengo ni idea de las respuestas, solo puedo llorar de nuevo por la impotencia que siento, porque, aunque tuve la culpa de no hablar a tiempo, también soy consciente, de que no sabía que esto podía llegar a pasar, pues si lo hubiera hecho con mala intención,
ni le hubiera dado el celular, pero su actitud desbordada, aunque superficialmente justificada, fue aniquilante, no me escuchó y eso es lo que me tiene tan devastada.
Así que, medio organizando aquellas ideas en mi cabeza y viendo que aquí, el culpable más culpable de todos es este bendito rolo, del cual sigo enamorada, pero que me ha roto el corazón de una cruel manera, intento dormir, pues mañana me espera otro calvario.
Porque si hoy no lo pude desenterrar de donde sea que esté, sé qué hará su aparición en el complejo mañana temprano y allí voy a estar a primera hora.