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¡Por fin, llegó el sábado!, ¡el cumpleaños de Javier!

Luego de pasar un viernes cargado de energía por parte de Sofía y mis padres, por fin ha llegado el día esperado.

Ayer, precisamente, cuando mi cuñada me llamó, porque quería verme, le había dicho que no, porque iba a compartir con mis padres y de inmediato, transformó todo su plan para incluirlos.

La verdad, le estoy muy agradecida, por eso, pues viví un poco lo que se siente tener una hermana y teniendo empatía conmigo, me dijo que también hubiera querido una.

Soy hija única y demasiado consentida, pero, aunque me hubiera gustado tener hermanos, sé que estaría agarrada del pelo con ellos, cuestión que la hizo reír, pues también explicó que, aunque tiene una excelente relación con Javier, si debe admitir,

que siempre fue el preferido de su madre por lo recto y disciplinado, mientras que ella, con su personalidad un poco más divertida y arriesgada, es la preferida de su padre.

Conocimos todo aquello, mientras almorzábamos, en la zona de Los Rosales, cerca donde viven sus padres. Después, nos llevó a conocer Chía, que es el lugar en donde ella reside y no pudimos dejar de asombrarnos por todo allí, ¡excelente plan el de conocer los alrededores de Bogotá!

Sigo en mis cavilaciones, mientras extraño a mi amor. Estoy ayudando a mi cuñada en varias cosas que necesita, al tiempo que me va presentando los amigos en común y familias allegadas.

Hace poco, recibí un mensaje de Javier diciéndome, que pronto llegaba, pero la ansiedad me puede con cada minuto; así que, intento inmiscuirme en la reunión de cóctel, porque, sí hay que reconocer que, planeando eventos, Sofía es la mejor.

Como era de esperarse, la suegrita no me ha dirigido la palabra, desde que llegó. Siento a veces, que me observa, pero cuando voy a conectar con ella, nada, voltea la mirada hacia otro lado y no sé por qué, me da vibras, de que está avergonzada por lo que pasó.

Claro está, que eso queda en el aire, porque ni yo lo voy a desmentir yendo a hablarle, ni ella va a confirmar nada bajando su orgullo, ¡eso sería una desvergüenza!, sonrío pensando aquello, porque me la imagino diciendo eso en su tono insufrible.

También comparto con mis padres, pues mañana en la mañana se irán para Bucaramanga y me harán mucha falta. Así que, los atiendo muy bien y hasta me quedo un rato hablándoles, para que no se sientan solos en este mar de tanta vibra millonaria, como el Tío Rico.

Corroboro la hora en mi reloj y veo que pronto, serán las cinco de la tarde.

Escucho un bullicio en la entrada del salón social y por fin mis ojos conectan con los suyos, ¡Javier está aquí!

, así que sin importarme nada, ni nadie, corro hacia él y me cuelgo de su cuello como si fuera una niña, ¡me importa una mierda los modales!

Sonreímos. Nos miramos y alrededor nuestro, se crea esa burbuja mágica que solo los dos podemos hacer.

—Perdón por hacerte esperar, linda. Pero el vuelo…

—¡No me digas que se volvió a desbaratar esa cosa!

—No, esta vez no, solo que había mal tiempo en Yopal y debíamos esperar, pero, ¡ya estoy aquí!

Explica risueño.

—Gracias a Dios, no sabes lo que te he ext…

—¡Hijo querido!, ¡¿cómo estás?!

Se mete la fastidiosa de su madre entre nosotros, justo cuando lo voy a besar y él, obviamente, deshace nuestro abrazo, para prestarle toda la atención, a quien comienza con su insufrible teatro barato.

¡Santísimo Jesús!

«¡Recuérdame que la paciencia es un don, Señor!»

Al parecer, todos ya saben cómo es la señora de Morantes pues, aunque en sus caras hay un claro, pero leve fastidio por su comportamiento, es natural que, por diplomacia, hipocresía, por solapamiento o pueda ser que, por respeto, no le digan nada y la dejen hacer sus cosas.

Por el contrario, a mí me llena de orgullo saber, que yo no le bailo el agua, como el resto.

Le guiño un ojo a Javier, transmitiéndole confianza y tranquilidad, de que el día de hoy es su día y que, a pesar del gesto entrometido de su madre, nada va a dañar su momento.

Así que, lo dejo disfrutar con sus amigos, familiares y conocidos, ¡pronto tendremos nuestro espacio! Me presenta como su pareja en su círculo social y eso me enorgullece más, porque bajo la mirada de resignación de Marga, él me va dando el lugar que tengo en su vida.

Algunas personas se asombran de que tenga pareja, a otros, les parece muy bien y una que otra mujer, que no tengo idea de quiénes son, se entristecen, porque perdieron su oportunidad, ¡mal por ellas, bien por mí!

, me entero por sus comentarios ponzoñosos, que Javier había sido material deseable por varias desde hace tiempo y yo, lejos de estar celosa, se me hincha el pecho, pues me llevé el premio mayor.

Así pasa la velada, en conversaciones con gente ricachona y temas de negocios, nada qué ver con un cumpleaños, pues se sirvió la comida y luego el postre, pero por ningún lugar vi la torta, ni la canción de cumpleaños y tomo nota mental, de que debo hacer algo al respecto,

porque ¿a quién no le gusta soplar la velita, para pedir un deseo?

Sofía es la mejor organizando reuniones, pero por un momento, olvidé que se trata de otro círculo social y que no es en realidad una piñata, sino un cumpleaños para un adulto, pero, ¡no importa!, ¡Javier merece su velita!

Luego, cuando todo el mundo se va, nos quedamos mis padres y la familia de Javier en el salón social. Todo estuvo excelente, así no haya habido torta, ni piñata y felicitamos a Sofía por su gran gestión, de la cual no se esperaba menos, porque es organizadora de eventos de profesión, ¡qué bien!

Nos estamos preparando para irnos, cuando Marga, con cierta sonrisa falsa, se acerca a nosotros para decir:

—¡Hijo!, ¿mañana tienen algún plan?

Javier me mira, luego a mis padres y le responde:

—Mañana temprano, debemos llevar a mis suegros al aeropuerto, ¿por qué?

—¡Oh, es una pena!

Actúa con su insufrible tono, ¡qué molesta es!, y añade:

Los quería invitar a mi casa a almorzar, pero…

—No se preocupe. Mi hija nos representará muy bien, ya que no podemos asistir a tan magno evento…

Contesta mi padre con un sarcasmo sutil, que mi madre y yo conocemos muy bien, tanto, que mi madre le da un codazo suave, para que se comporte, pero nosotros sabemos, que esa invitación es muy rara, sobre todo para mí, después de lo que pasó entre nosotras, ¿será que le dirá algo a Javier?

Lo que sea, que esa señora tenga pensado, debo actuar antes y contarle todo, solo que aún no sé cómo hacerlo, porque no es solo ese tema, sino la cuestión con Enrique, pues me siento mal ocultándole información, cuando ha sido transparente conmigo y definitivamente, no confío en lo que haga Marga.

Estoy en mis pensamientos, cuando la aludida contesta:

—¡Perfecto!, entonces los esperaré mañana para almorzar. Hasta luego, querido…

Le da un beso sonoro en la mejilla a Javier, él sonríe y se despide de su padre y hermana, que ya está corriendo hacia el auto, para verse con alguien que la acabó de llamar, ¡Sofía tiene tema que te quema!, ¡quién la ve!

Mientras tanto, mi novio, mis padres y yo vamos al auto y cuando los dejamos en el hotel, él les explica la hora, en que deben estar en el lobby mañana. Me despido de ellos con un beso y un gran abrazo y nos vamos entre risitas y miradas deseosas hasta nuestra casa, ¡queremos sexo!

Leones en celo, es poco, para lo que somos en el momento en que cerramos la puerta de la habitación, pues nos quitamos la ropa con urgencia, para hacernos el amor y entre susurros de palabras calientes y toques suaves a nuestros cuerpos, paro por un momento, antes de poseernos y voy al baño.

He resuelto lo del deseo de cumpleaños y aprovechando, que debo darle una respuesta, saco del mueble del baño, la velita para masajes eróticos, que siempre tengo disponible, la prendo y salgo con ella del baño.

Javier me observa entre alucinado y muy excitado y cuando me coloco frente a él de rodillas en la cama, le digo:

—Es tu cumpleaños y me pareció, que te hacía falta esto…

Ante mí tengo la velita prendida y sonríe de inmediato, ¡me derrito!

—¿Me cantarás el cumpleaños?

—Quiero que pidas un deseo…

—Lo haré si cantas…

Lo miro con picardía y comienzo a cantar.

Como cantante, soy muy buena optómetra, porque con su mirada traviesa, me hace reír y en vez de salir como un canto celestial, más bien sale como villancico desafinado y al final nos reímos, ¡estamos locos!

Cuando he terminado mi retorcida y chillona versión personal del cumpleaños, Javier contempla la velita por unos segundos y dice:

—Solo deseo una cosa en mi vida, para ser totalmente feliz…

Hace una pausa, para tomar aire y sé por su mirada, lo que quiere y yo me emociono, porque ya tengo respuesta para eso, pero lo dejo terminar.

—Quiero, deseo con todas mis fuerzas que mi amada mujer, me diga que todo lo que hice en este tiempo, valió la pena, para que se quede viviendo conmigo toda su vida.

Sonrío conmovida, pero me sorprende cuando agrega:

—Si dice que no, no sé qué vaya a hacer, pero de lo que sí estoy seguro, es que seré increíblemente insistente de nuevo, para cambiar ese no, por un determinante sí. Así que no habrá excusa.

Nos reímos y le creo; le creo, porque sin la insistencia que lo caracteriza, no sería Javier y cuando sopla aquella velita con toda la adoración del mundo, nos miramos por un momento, como diciéndonos mil cosas; toma mi rostro con ternura, pasea su dedo pulgar en mi labio inferior y lo contempla,

¡está esperando una respuesta! , suspiro y le digo:

—Aunque me encanta cuando insistes, esta vez, no vas a tener que hacerlo…

Javier me mira con emoción y asombro, ¡no cree lo que eso significa!

—Entonces, eso quiere decir que…

—Quiere decir que, aunque me parece una locura, si quiero vivir contigo, porque ahora no sé cómo hacerlo sin ti, lindo.

Exhala, como si se hubiera liberado de un gran peso, ¿en serio pensó que no le diría que sí?

—Ya estaba preparándome para insistir con todas las de la ley…

—Me parece terrible, que hayas pensado lo contrario, pero ahora que lo mencionas, tengo curiosidad en saber, qué hubieras hecho ante mi negativa.

Mi amorcito, el de los ojos miel, piensa su respuesta. Por un momento, veo que no sabe si compartir lo que pensaba hacer y yo voy intuyendo, que alguna locura debía de estar tramando.

—Si me decías que no, iba a ir directo a tus padres. Traerlos a vivir aquí y así, ya te podía convencer mejor…

—¡No te lo puedo creer!

—Si. Incluso aumentar el cupo de la visa infinity.

Abro mi boca sorprendida y para hacerlo rabiar, digo:

—Creo que me estoy arrepintiendo de no haber dejado que insistieras.

Nos reímos y cuando nos recuperamos, me tumba de espaldas a la cama, sujeta mis manos con las suyas sobre mi cabeza, abre mis piernas con las suyas y cuando tiene su miembro más que duro, húmedo y palpitante en la entrada de mi lubricada vagina, susurra con amor:

—Te quiero, Irina.

Yo suspiro de la emoción, en la vida me imaginé sentirme tan feliz y le contesto, levantando mis caderas hacia él, dándole ese delicioso permiso que necesita, que ambos necesitamos para liberarnos.

—Yo también te quiero, mi amor.

Se hunde en mí con desesperación y me ahoga un gemido con su demandante boca.

Nos hacemos el amor toda la noche, intentando recuperar esos días que no nos tuvimos cerca, pero que ya juntos, comiéndonos con desespero, fueron tan solo un oscuro minuto.