Volverte a ver (Volver 1) 23
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Estoy en la cama, repasando mentalmente, todo lo que pasó en el día.

Definitivamente, fueron demasiadas emociones en poco tiempo: los padres de Javier, mis fachas de cómo me encontraron, mis padres en el mismo lugar con ellos, las maniáticas compras y como si fuera poco, la discusión con Marga en el estudio, ¡Dios mío!

, ¿cómo le voy a contar todo esto a Javier?

, y pensando en él, me doy cuenta, de que no hemos hablado en todo el día.

Reviso mi celular, que como siempre, lo dejo en la mesita antes de dormir. Son las once de la noche y veo que tengo un mensaje de él.

Siento no haberte escrito o llamado durante el día. He estado muy ocupado, pero prometo hacerlo mañana, ¿sí?, Te quiero.

Sonrío, ¡cómo amo a ese hombre!, Javier envió el mensaje, un poco más tarde de las nueve y yo ni por enterada, pero viendo ahora las horas que son, no le contesto, debe estar durmiendo y si dice que mañana hablaremos, así será, además no tengo ganas de contarle lo sucedido, ¡necesito procesarlo!

¡Hola, preciosa!

Entra un mensaje de Enrique y yo valoro si responderle o no, pero ya que estoy en línea, no le veo problema.

Hola, ¿cómo estás?

Extrañándote mucho.

¿Sigues en Bogotá?

Desvío el tema. No quiero que siga por ese camino.

Me había ido un tiempo, pero volví.

¡Qué bien!

¿Y tú?, ¿dónde estáis?, porque supe, que dejasteis el hotel, ¿volvisteis a tu ciudad?

No. Aún sigo aquí.

Perfecto. ¿Cuándo quedamos?

He estado muy ocupada.

¿Trabajo?

Si.

Entiendo.

Entonces, cuando pienso que ya se ha terminado la conversación, luego de unos minutos, Enrique envía:

Irina, deseo volverte a ver. Desde aquella noche, cuando te vi radiante en ese vestido, no he podido sacarte de mi cabeza, ¡joder!

, deseo tocar de nuevo esa piel suave y tus labios, ¡madre mía!

, ¡si es que besáis como los dioses!, no he podido borrarlo de mi mente, ni las espectaculares noches que pasamos juntos.

¡De piedra!

«¿En serio?»

«¿En serio el español me está escribiendo esto?»

¡No lo puedo creer!

Si. Fue divertido.

Es lo único que puedo escribirle, porque aún no salgo del shock y porque no quiero ser grosera.

Salgo del WhatsApp, quiero que, se dé cuenta, de que ya no estoy en línea y con eso deje de escribir y al pasar varios minutos, agradezco que haya entendido mi silencio, porque no vuelve a sonar más el aparato, con notificaciones de mensajes.

Aunque no tengo ni pizca de sueño por todo lo que pasó, no obstante, teníamos qué cerrar con broche de oro con ese bendito chat, ¡Dios mío!, pero nada, debo dormir, porque necesito

recargar energías. Así que, metiéndome dentro de las sábanas, cierro los ojos y me obligo a dormir.