Volverte a ver (Volver 1) 22 #3
61%

22 #3

Me confirma que, a pesar de esa primera impresión, a su padre el caí bien y ni hablar de ella, pero que le diera tiempo a Marga, porque cuando le tocan la vena de su hijo preferido, aunque saca las garras con todo y su veneno, en el fondo tiene buen corazón y cerramos el tema a carcajadas,

cuando me burlo, en que hay que usar retroexcavadora, para ver ese buen corazón que tiene, pues, ¡lo dudo!

En esa conversación amena, llegamos a la casa y vemos que, tanto Alberto como Marga, están sentados en la sala tomando café.

Marga, ni me voltea a mirar y yo, ni la determino y cuando su hija les ha mostrado lo que compró con emoción, Alberto toma la palabra y avisa que se deben ir.

Sofía también los apoya, con la excusa de que tiene que verse con alguien importante y por las miradas que sus padres le brindan, todos sabemos, que es algún arrocito en bajo, que la tiene moviéndose rápido.

¡Vaya, con la cuñada!

Me quedo en la puerta junto a Rosarito, que ha salido solo porque Marga se lo ha pedido y cuando nos estamos despidiendo, la última en hacerlo es la suegrita.

Aquella espera, a que su marido, con Sofía monten en sus respectivos autos y dice:

—¡Oh!, Rosario, ¿puedes, por favor, ayudarle a mi querida hija con sus paquetes?

—¡No necesito ayuda, mamá!

Grita, desde su auto y yo frunzo el ceño, pues es cierto, no necesita ayuda, es más, no tiene ningún paquete a la mano, porque ya todo lo guardó en el baúl, pero, aun así, vuelve a azuzarla para que vaya con ella, ¿qué le pasa?

Cuando Rosario se ha ido y me quedo a solas con ella, entonces me indica:

—Querida…

Su tono solapado y falso, me turba.

—¿Podrías traerme la chaqueta que dejé en el estudio?

Entonces, como ve que no me muevo, porque se me hace raro todo, vuelve a la carga:

—He sido una olvidadiza y hasta ahora caigo en cuenta, de que la dejé ahí, ¿podrías?

Valoro hacerle aquel favor, pero no habiendo de otra, pues no puedo quedar como una maleducada frente a la familia de mi pareja, suspiro fuerte y voy hacia el estudio.

Entro y al ver que todo está en el orden de siempre, observo el objeto en cuestión, puesto de manera desordenada sobre el escritorio. Me acerco para tomarlo con desconfianza, pues que eso esté ahí y en la forma en como está, me parece raro.

Cuando lo agarro, el sonido de la puerta cerrándose con fuerza, me hace saltar.

—Bien. Ya que estamos a solas, voy a decirte algo, fulana.

—¿Fulana?

Replico, porque me parece un sueño, que Marga esté conmigo en aquel lugar, con su rostro transformado en alguien que no vi esta tarde y al repasar rápidamente lo sucedido, sé que todo esto fue planeado, ¡qué arpía!

—Si, o, ¿cómo quieres que te llame?, porque eres de todo, menos buena para mi hijo y no sé qué le hiciste, pero quiero que sepas, que me niego rotundamente, a esta absurda relación y debes dejarlo, por tu bien, ¡ahora mismo!

La miro. La observo.

Analizo lo que ha dicho y aunque siento unas ganas irrefrenables de partirle la cara, no puedo hacerlo, pues esta maldita vieja merece respeto, por esas canas que se empeña en ocultar con tintes de salón de belleza costoso y haciendo un esfuerzo por Javier, porque no se merece esto,

suspiro y le digo:

—Sé que la primera impresión no fue la mejor y aunque intenté disculparme, es su problema, si lo acepta o no.

—Mira, niña…

—Mire, usted, señora…

La corto levantando la voz. Esta me va a escuchar.

—Intenté llevar la fiesta en paz, porque supe, por su pésimo teatro de actriz barata de cabaret, que no le caí bien, pero el genio se me rebota, si se meten con mi familia y así como para usted, la suya es importante, por cómo la defiende sacando esta actitud solapada de mierda,

créame cuando le digo, que yo puedo hacerle ver el infierno en vida, si me sigue jodiendo y, ¿qué cree?

, porque me diga que termine con él, no lo voy a hacer…

—Dios mío…

Susurra con ojos desorbitados y siento que, su actitud acobardada, me empodera. Aquella pensó que, hablando con un tono más alto e insultos elegantes, me iba a tener escondida en un rincón, pues no, ¡porque, no sabe con quién se metió!

—Primero, porque usted no me manda y segundo, porque su, amado Javiercito, es lo suficientemente maduro, como para buscarse una pareja idónea por sí solo y no tiene que andar buscando su aprobación, como un verdadero hombre, cuestión que se encarga de dejarme clara,

siempre que lo tengo por horas metido entre mis piernas, introduciendo su virilidad en lo más profundo de mí, rogando por más cada bendita noche, ¿quiere saber más?

Estupefacta y de piedra, creo que se queda la suegrita.

No se esperaba mi lenguaje soez y me importa una mierda. Me encanta saber, por su gesto de horror y casi al borde del desmayo, que ya sabe de lo que soy capaz.

Así que, colocando a su alrededor la maldita chaqueta con fingida amabilidad, aquella vuelve a la realidad, ¡no se la cree!, y sale despavorida, con sus ojos vidriosos, hecha una furia hacia fuera de la casa.

Llego hasta la puerta, ocultando toda emoción y al lado de una sonriente Rosarito, me uno a ella, moviendo mi mano como si fuera una Miss Universo, para despedirme y verlos partir en sus autos, ¡qué bonito fue!