21 #3
agrega que estoy trabajando en el libro de poemas, ¡qué lindo es!
Mis progenitores se emocionan y poco a poco, conforme les voy dando detalles, se van relajando, eso sí, bajo el gesto autosuficiente de Javier que, en ciertas ocasiones, le dedico con la mirada todo mi agradecimiento.
Brindamos con cerveza y vino y cuando pienso, que ya no hay más nada qué decir, pues mis padres están muy agradecidos con el ingeniero, por cómo me trata, Javier dice:
—Sé que es un poco apresurado para esto, pero quiero que sepan que, con su hija voy muy en serio y aunque su genio, me saque de casillas más de una y mil veces, la quiero.
Casi me atraganto con el vino y cuando me dedica su mirada con determinación y divertida por lo que ha provocado en mí, añade:
—Gracias a que hemos tenido una relación sincera y comunicativa en este tiempo, he podido proponerle que se mude conmigo y aunque sé que lo está pensando aún, Irina no me dará una respuesta, si no es que ustedes estén totalmente de acuerdo y en realidad, yo también quiero saber si lo están.
«¿En serio?»
¡Nooooooooooooooooooooo!
«¿Se puede ser más lindo en la vida?»
Tengo los ojos aguados.
Estoy totalmente conmovida con su declaración y al ver a mi mamá llorando, sé que pronto estaré igual.
Javier acaba de hacer algo hermoso, ¡dijo que me quiere!
, y saber, que tuvo en cuenta mi mayor preocupación, días atrás, cuando le confesé que, antes de decidir cualquier cosa, quería tener en cuenta la opinión de mis padres, hace que me muera de amor.
Mi padre toma la voz, porque Carmela Durán, mi madre, está hecha un mar de lágrimas y entonces, dice:
—Nada nos haría más feliz, que ver a nuestra hija contenta con alguien que la ama inmensamente y aunque al principio, no vi con buenos ojos este comienzo…
—Papi…
Interrumpo con cautela, pues ya sé, por dónde va el agua al molino, pero mi papá que es muy mi papá, sigue:
—¡Es la verdad!, yo no estaba de acuerdo con eso y más, por lo que nos decías, pues pensé que era un jefe acosador y…
—¡Papá!
Advierto en voz alta, al percatarme de Javier, pues no sabe si reír o llorar y mi madre ya no llora, sino que ríe y yo, yo quiero que me trague la tierra.
—¿En serio dijo eso, su adorada hija?
Ahora, la que lo fulmina, soy yo, pues leo en sus ojos eso de, “creo que la acosadora es otra”, y solo espero, que no diga nada más, ¡lo voy a matar!
—Si, aunque después de verla en semejantes fachas, ¡Señor Bendito!, ya no sé qué pensar.
El tono resignado de mi padre, hace que se encienda mi rostro de la vergüenza.
—Para mí es un honor saber, que tengo su permiso y les puedo asegurar, que generalmente… está muy bien vestida. No sé qué pasó el día de hoy, para que actuara así.
Mis padres se carcajean, les gusta su sentido del humor y yo lo quiero matar.
«¡¿En serio dijo lo que dijo?!, pero, ¡¿cómo pudo?!»
¡Dios mío!
Hasta sé, por el gesto que tiene mi padre, que, aunque le dio risa, está pensando seriamente, si soy virgen o no, ¡qué vergüenza!, pero mi mami, mi querida madre, abogada de profesión, que hace mucho no ejerce, siempre sabe colocar aquellas palabras, que hacen falta para amenizar el ambiente.
Javier, luego de decirles, que se pueden quedar en su suite, la misma que yo usé, por tiempo indefinido, pues quiere que se queden hasta el próximo fin de semana, se reivindica de la forma que siempre sabe hacerlo, ya que entiende que tenerlos cerca, es para mí muy importante y yo,
sabiendo lo que significa, el que haya decidido eso, no le llevo la contraria, porque quiere decir, que desea tener a sus padres y a los míos juntos, ¡Sangre de Cristo!
Aún no los conozco, pero por lo que le he escuchado, cuando ha hablado con ellos por celular, sé que habrá alguna reunión familiar y me imagino, que tendrá en mente algo, ¡luego le sacaré la información!
Javier se coloca de pie, nos invita a que nos quedemos en el restaurante y que carguen todo a su cuenta, como disculpa por no seguir con nosotros, porque debe irse. Yo le digo a mis padres, que me esperen un momento y lo acompaño hacia la camioneta, ¡no quiero que se vaya!
—¿Cómo se te ocurre dejar a tus padres solos en la mesa?
—Me lo perdonarán, además, quería tener un poco de intimidad contigo, ¿en realidad, te tienes que ir?
Hago un puchero y mi amor, dice:
—Si, linda, recuerda que, tu jefe acosador, tiene varias reuniones pendientes, además de pagar la visa.
Abro la boca fingiendo dolor en el pecho y nos reímos.
—Gracias por sacar tiempo importante, para lidiar con mis padres, no sé cómo pagarte eso, de verdad…
—Yo sí sé, cómo lo harás.
Se acerca a mí en un ronroneo, que conozco muy bien y lo miro con picardía.
—Ah, ¿sí?, y, se podría saber, ¿cómo?
—No me hagas decir mis fantasías en voz alta, ya que tus padres están a menos de treinta metros y no quiero que sepan que, por esa boquita, haces más que decir, “mami” y “papi” …
Abro los ojos y le golpeo el pecho.
—¡Javier!
«¡Pero, ¿qué rayos dice?!»
—¡En fin!, esta noche, te quiero con esa lencería negra.
Me da un beso rápido y se monta en su camioneta, dejándome caliente por lo que me espera esta noche.