Volverte a ver (Volver 1) 21 #2
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, ¡qué chévere!, la licuadora me tiene preparado mi batido de siempre, para ir al gimnasio y ya, cuando he terminado de sudar las pizzas del fin de semana, me quito la ropa, la pongo en la lavadora e indico por voz, que lave.

Esta vez, soy la dueña y señora de la casa, pues Rosarito pidió este lunes, para hacer diligencias personales, así que soy yo la que maneja todos los juguetes, ¡qué bien!

Tiendo la cama que, a mi pesar, esa sí debo hacerla, pues no hay ningún aparato que lo haga por mí, ¡lo peor!

Sigo en mi desnudez y me deleito en esta, frente a todo lo que haya reflejo, ¡me estoy poniendo buena!

, y recordando que, Javier viene antes del mediodía para salir juntos a almorzar, pierdo el tiempo midiéndome los conjuntitos de Victoria Secret que he comprado.

No sé cuánto tiempo pasa, cuando escucho la puerta abrirse y obvio, salgo en carrera, para recibir a mi amor en lo primero que tenga puesto, porque antes de saciar mi hambre física, quiero saciar otra, ¡qué caliente estoy!

Así que, en plan Femme Fatale, lo veo en la sala con su gran sonrisa, pero al verme, se queda boquiabierto.

No sé, si esa impresión es buena o mala, sin embargo, ¡no me importa!

Lo que sí sé, es que es un gesto diferente a los que siempre hace y no pensando en nada más, me cuelgo como si fuera un mono a su cuello y comienzo a besarlo por doquier, mientras me toma en sus brazos, agarrando mi culo destapado, ¡ay, qué morbo!

—Linda…

—¿Qué?

Pregunto mimosa sin soltarlo. Me aprieto, me restriego, sin ser consciente de que Javier no está siguiendo el juego, que tanto le gusta.

«¿Qué le ocurre?»

Por lo tanto, lo miro de nuevo.

—¿Qué tienes?

Me mira entre divertido y boquiabierto, no sabe qué decir, pero es entonces, que las sombras a mi derecha, me avisan, que no está solo y me quedo, de cincuenta mil clases de piedra al ver a… a…

¡¿Mis padres?!

¡Dios mío!

¡De piedra, de diamante, de marfil, de ladrillo, de madera, de concreto, de vidrio…!

¡Paso por todo lo que existe en este planeta!

¡Estoy muerta de vergüenza!

Mis padres no están boquiabiertos, sino lo siguiente y me miran de arriba a abajo, aún colgada del cuello de Javier, quien ahora reprime una carcajada y yo, yo me he quedado muda.

«¡Bendito!»

«¡Pero, si es que estoy prácticamente, mostrando el culo en tanga brasilera y las tetas en un sostén con transparencias!»

Y al ver sus caras, cierro los ojos con dolor, al final va a ser, que se van a llevar una mala imagen de su única y adorada hija, ¡Señor Cristo Sacramentado!

Todo es un alucine, hasta que mi padre comenta:

—Bueno, por lo menos está bien.

Intento incorporarme sonriendo con la vergüenza palpitándome en la cara, mi queridísimo amorcito, quien ahora sonríe abiertamente a mi costa, me mira y yo lo quiero matar, ¡¿por qué no me avisó que mis padres venían?!, o, mejor dicho, ¡¿por qué ellos no me dijeron nada?!

—Linda…

Ignora mi gesto, de que lo quiero hacer añicos.

—¿Por qué no te arreglas para ir a almorzar?

—Claro.

Gesticulo con dificultad. La mirada de mis padres sigue atónita, ¡Dios mío!, ¡los voy a dejar traumatizados!

—En un momento vuelvo.

Asienten despacio, como asimilando que sigo siendo su hija, a pesar de lo que vieron y mientras me pierdo por el pasillo, hecha un tomate y confundida, por todo lo que está sucediendo en menos de nada, Javier los hace pasar y los entretiene, pero, ¿qué es lo que está pasando y de qué me perdí?

Me ducho a mil por hora y cuando ya he terminado de vestirme, en mis ropas de alta costura, gracias a la visa infinity, salgo a la sala y me sorprendo de verlos a todos muy risueños.

Observo aquella escena y me parece de ensueño.

Ver reír a mis padres y a Javier, me parece de pronto, lo más maravilloso del mundo y como si fuera una epifanía, creo que esa era la señal, para disipar todo miedo de decirle, que definitivamente lo quiero en mi vida, o, mejor dicho, yo en la suya, porque así será si me mudo aquí.

En medio de conversaciones triviales y algunas burlas por parte de mi mamá, para horror de mi padre, de que se me veía espectacular aquel conjunto de ropa interior, nos montamos en la camioneta de Javier, para llegar al pomposo restaurante del hotel Dann Carlton.

No era de esperar menos, pues con él es todo lujo y mis padres están tan impresionados, que no han podido cerrar la boca, ¡es que hasta yo estoy sorprendida!

El hostess nos indica la mesa y Javier, cuando intenta hacer el pedido al mesero sobre las bebidas, mi padre lo interrumpe pidiendo para él, cervecita Águila Light y mi mamá, que no se queda atrás, pide lo mismo, ¡aunque la mona se vista de seda, mona se queda!

, y yo no puedo sentirme más orgullosa de ellos, pues, ¡son mis padres!

, y aunque no sean de alta alcurnia, como imagino que es la familia de Javier, son muy educados y dan la talla para semejante lugar.

Al ver aquello, me fijo en el gesto de mi novio, es impasible y de inmediato, corrige con educación el pedido, para seguir en la conversación, ¡qué bonito!

, si algo raro le hubiera visto, así fuera un gesto de desprecio por mínimo que fuera, ¡de seguro la íbamos a tener!

, los padres son lo primero y respeto hacia ellos, es lo que la pareja debe tener.

Así sea yo la primera, en no tenerlos a priori en mi vida y aunque eso ha cambiado, desde que estoy aquí, si debo estar muy pendiente de ellos.

Volviendo a la realidad, mientras tomamos el almuerzo, me entero de cómo se dieron las cosas.

Mi amadísimo padre, Mauricio Martínez, al ver que su querida y única hija estaba viviendo con un desconocido, echó mano de su particular y antigua profesión: policía; de la cual ya lleva pensionado hace más de treinta años e investigó todo lo relacionado con Javier.

Para mi horror, mi padre cuenta aquello, como si fuera la gran hazaña de su vida, bajo la mirada divertida de mi madre, que sabe que me aterra que alardee de esas cosas, porque irrumpe en la privacidad de los demás.

Mi mamá vuelve a molestar con lo del conjunto de lencería y yo lo agradezco, porque lo que acaba de hacer mi papá es increíble y ya no tengo cara para decir nada, cuando termina relatando que, apenas tuvo la información, emprendió viaje en el primer vuelo del día,

para llegarle de sorpresa a Javier al complejo e interrumpir una de sus importantes reuniones y yo, por un momento, he recordado porqué tenía a mis padres alejados.

Los amo mucho, pero esto ya es demasiado y no tengo cinco años.

¡Bendito sea Dios!

Lo único que me reconforta es saber que, a Javier, parece hacerle gracia y aunque sé que está pendiente de su celular por su trabajo, intenta compartir y participar de la conversación y cuando ya se han acabado todos los temas triviales, siento que es momento de hablar,

lo que presiento que han venido a corroborar, pues no creo, que vayan a tocar ese tema, cuando soy yo la que debe explicarlo, así se los haya contado por video llamadas.

Entonces, procedo a describirles que, hace más de tres semanas estoy viviendo con él, después de la loca excusa que se inventó para trasladarme.

Les comento con emoción, que gracias a que Javier se hace cargo de todo, cuestión que enorgullece a mi tradicional padre, he podido hacer cosas que me gustan y en cierta forma, dedicarles tiempo que antes no podía y es ahí cuando mi novio, muy orgulloso,