Volver a mí Capítulo 21 #5
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Capítulo 21 #5

Sonrío, satisfecha. Me acuesto a su lado y lo miro.

Tiene los ojos cerrados e intenta mantener controlada la respiración.

Se gira hacia mí y me da un beso tierno, cargado de significado.

Al separarnos, nuestras sonrisas se cruzan y noto un brillo distinto en sus ojos…

no sé si es curiosidad, emoción o simplemente la cara de alguien que acaba de descubrir algo nuevo.

—¿Por qué no me lo preguntas? —susurro, invitándolo a verbalizar sus pensamientos.

—Porque ya sé cuál es la respuesta.

—Ah, ¿sí? —Mi sonrisa se ensancha, encantada con su perspicacia.

—Sé que tú eres la que quiere preguntar, para que yo deba responderte. Quieres esa respuesta, ¿verdad?

—Y tú quieres lo mismo tanto como yo, ¿verdad? Quieres que te pregunte, para que puedas decirme la verdad, mirándome a los ojos —añado, intensificando el juego entre nosotros.

—Bueno, me atrapaste —confiesa, rendido ante la situación.

—¡Vamos! Pregunta. No seas tonto… —le animo, deseando que seamos honestos el uno con el otro.

Marcos toma una breve pausa antes de preguntar con una mezcla de ansiedad y cariño en su voz:

—¿Qué estamos haciendo, Sofi? ¿Es solo sexo… o esto significa algo más?

Respiro hondo, consciente de la importancia de mis palabras. Lo miro a los ojos, transmitiendo toda la sinceridad y la verdad de mis sentimientos.

—Entregamos cada parte de nosotros, Marcos… Cuerpo, mente, corazón y alma… —admito, asintiendo con ternura—. Entiendo que eso es hacer el amor.

Una expresión de alivio cruza su rostro, asimilando mi respuesta. Suspira, como si un peso se hubiera levantado de sus hombros.

—Entonces, sí… Sigamos así, mientras nos volvemos a enamorar perdidamente una y otra vez, ¿qué dices?

—Despacio… —agrego, queriendo saborear cada instante.

—Sin ilusiones… —continúa él, comprendiendo la necesidad de ser realistas.

—Sin miedos —concluyo, sintiendo que estamos en la misma sintonía.

Nos sumergimos en un agradable silencio, como si estuviéramos en un estado de meditación, permitiéndonos disfrutar de la tranquilidad y la compañía mutua.

—Sin miedos —repite él, frunciendo las cejas, como si una sombra oculta se asomara desde lo más profundo de su ser.

—¿Qué sucede?

Sonríe, tratando de restarle mérito a lo que le preocupa.

—Nada… Es solo que… No importa —responde.

No voy a dejarlo así, deseo que confíe en mí y se abra por completo.

—No hagas esto… Pregunta de una vez —insisto.

Me mira con temor y vacilación. Respira como si estuviera a punto de enfrentar algo que le causa ansiedad.

—Cuando regreses a la ciudad, ¿volverás con él?

Néstor… Un suspiro escapa de mis labios y cierro los ojos un instante. Luego los abro de nuevo.

—No —respondo con firmeza, negando con la cabeza mientras deslizo mis dedos desde su frente hasta sus mejillas, buscando transmitirle mi sinceridad.

—¿De verdad?

—De verdad.

—Está bien. Te creo.

Sus ojos reflejan una mezcla de alivio y vulnerabilidad, como si su corazón fuera frágil y no pudiera soportar más desilusiones.

Sonrío, aunque siento un ligero dolor en el pecho. Marcos estira el brazo en busca de su teléfono y, una vez que lo encuentra, abre la aplicación de Spotify.

—¿Qué estás haciendo? —pregunto curiosa, observando sus acciones.

—Una tontería… —responde en voz baja mientras se acerca a mí, pasando su brazo derecho por debajo de mi cabeza y acomodándome sobre su pecho—. ¿Sabes quién fue Canserbero?

—Me suena, pero…

—Fue un rapero y compositor venezolano. ¿Conoces esta canción? —pregunta con una leve sonrisa mientras niego con la cabeza—. «Stupid Love Story».

Escuchamos la música en silencio, prestando atención a cada palabra. Desde los primeros segundos, puedo sentir que esta canción tocará fibras sensibles en mi corazón. Se me arruga el alma al oír:

Nudo en el cuello: veo tus redes sociales Cada foto supera a la anterior en lo feliz que sales, ¡vale! Por ello no me sale, o sea, no me nace escribirte. Siquiera pensar en molestar lo que construiste.

—Mierda…

Su corazón es de oro. No sabía que una canción podía tocarme así.

Y no me importa cuántos años pasen, cuántos hijos tengas; yo estaré esperándote.

Y no me importará con quién te cases, cuántos años tengas; yo estaré esperándote.

Y no me importa cuánto tiempo sea, ni cómo te veas; yo estaré esperándote.

Y no me importará cuál sea nuestra edad.

Yo estaré esperándote para pedirte otra oportunidad.

—Oh, Marcos… Voy a llorar…

Su brazo me presiona con más fuerza. Por nada del mundo, deseo soltarlo. No entiendo cómo fui capaz de ignorar un sentimiento así.

Se me escapan un par de lágrimas cuando la canción llega a su final. Siento sus cálidos besos sobre mi frente. Nuestros cuerpos siguen enredados, desnudos y vulnerables.

—Y mientras estés viva y mientras no esté muerto —repite parte de la letra—. Aunque no sepas, seguiré esperando el momento perfecto.

—¿Será este el momento perfecto?

—Si no lo es, seguiré esperando.

—Eso es tan…

—¿Tonto? ¿Triste? ¿Ridículo? Pues sí. Eso y mucho más.

—No me di cuenta, yo…

—Nunca fui sincero, Sofi. Pude haberte dicho lo que sentía por ti, pero no fue hasta que te perdí que me di cuenta…

Incluso llegué a notar en tu mirada el dolor cuando me veías con alguna chica y…

—Marcos se interrumpe, permitiendo que el peso de sus palabras flote en el aire—.

Así llegaste a pensar que yo no te tomaba en serio, ¿verdad?

—A veces…

—Desde que escuché esta canción por primera vez, sentí que Canserbero estaba hablando por mí, ¿sabes? De nosotros.

—Qué fuerte…

—No quiero que tengamos el mismo final de la canción.

—Tranquilo —respondo, buscando sus labios como si pudiera sellar la promesa—. Esta historia va a tener otro final.

Él suelta un gruñido cargado de deseo y nuestros besos se vuelven más intensos.

Pero él nunca pensó lo que ella pensaba. Y es que durante años ella por él también esperaba.