Volver a mí Capítulo 21 #3
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Capítulo 21 #3

Él modula el ritmo con maestría, manteniendo una caricia constante donde más me quema.

Como si compartiéramos un mismo pensamiento, giramos enredados hasta que tomo el control.

Entonces, el incendio se vuelve una danza.

Me permito ser su diosa, dejando que sus manos recorran mi espalda, mis curvas, mientras disfruto de la dulzura de su contacto.

—Me encanta cómo te mueves… Eres increíble —suspira él, entregándose por completo—. Así, justo así…

Lo que me fascina de hacerlo con Marcos es esa reciprocidad absoluta. No necesitamos palabras: ambos exigimos, tomamos y disfrutamos en la misma medida, como si leyéramos la misma partitura de un deseo inagotable.

—¿Alguna vez te dije que te quería?

—¿Crees que este sea el momento?

—Sí. Cuando solo éramos dos críos, te quería.

—Yo también te quería. Mucho.

Se incorpora para buscar mis labios en un beso que sabe a historia compartida y a una urgencia que no puede esperar más. Me guía con suavidad para que cambie de posición, y el mundo se reduce al tacto de sus manos sobre mi piel.

Siento que el tiempo se detiene cuando nuestras voluntades vuelven a encontrarse con fuerza.

Apoyo la cabeza sobre las sábanas, perdiéndome en la sensación de plenitud que me recorre.

Mis propias manos buscan seguir el ritmo de su entrega, explorando los puntos donde el placer se vuelve más agudo, más eléctrico.

Es un descubrimiento mutuo, un diálogo de cuerpos que parecen haber estado esperando este momento toda la vida.

—Estoy a punto… —le advierto sobre mi hombro, con la voz quebrada.

No puedo evitar cerrar los ojos con fuerza cuando una ola de placer puro y desconocido me atraviesa por completo. Marcos me sujeta con firmeza, dejándose arrastrar conmigo hacia ese abismo de liberación donde ya no existen las palabras.

Poco a poco, recuperamos el aliento mientras el silencio vuelve a llenar la habitación. Él cubre mi cuerpo con el suyo, protegiéndome de la repentina calma, y acaricia mi cabeza con una ternura infinita, peinando mi cabello con los dedos mientras me regala una sonrisa llena de luz.

—Eres insaciable —murmura.

—Mira quién habla… Somos tal para cual, Marcos.

Me cautiva la forma en la que se ríe, esa vibración que todavía siento contra mi espalda.

—¿Me esperas un minuto?

Asiento en silencio. En cuanto se separa de mí, la vulnerabilidad regresa de golpe. Me siento demasiado expuesta bajo la luz, así que busco refugio rápidamente en su enorme playera.

No sé qué fue de esa mujer audaz que perdió la razón hace apenas unos instantes. Parece haberse evaporado con el sudor. Si la inseguridad tuviese un rostro, estoy segura de que sería el mío en este momento.

Marcos regresa al cuarto y se detiene en seco al verme.

—¡No! ¿Por qué, Sofi? Quería seguir admirando tus bonitos y grandes pechos… —exclama con un tono dramático que me arranca una carcajada

Recoge su ropa interior y se la coloca, en un gesto de consideración que agradezco, aunque en el fondo no me cansaría de contemplar la perfección de su cuerpo.

—No es para tanto…

—¡Ni se te ocurra repetir lo que acabas de decir! No lo voy a tolerar. —Se sienta sobre la cama, muy cerca de mí—. ¡Eres para tanto! No solo por tus curvas… Para mí, eres para tanto y más, ¿de acuerdo? Me encantas, ¿lo entiendes? ¿Necesitas que te lo diga de otra forma?

—No tienes que esforzarte tanto por subir mi autoestima, suena exagerado —le respondo, aunque por dentro me muero de ganas de creerle.

—¿No te gusta escucharlo?

—¡Sí! —Le doy un beso corto, casi un ruego—. Mil veces sí.

—Qué bueno… —Me devuelve el beso con una sonrisa—.

Porque tengo cuerda para rato. Me gustas, Sofía.

Desde el primer día de clases, cuando te vi al entrar al salón y no pude quitarte los ojos de encima.

Y esa noche, en la fiesta de Julieta… doy gracias por esa invitación, porque fue cuando por fin me atreví a hablarte.

Desde entonces, ese sentimiento no ha hecho más que crecer mientras te conocía.

Me acaricia el rostro, obligándome a sostenerle la mirada.

—Y me gustas ahora porque, aunque la vida te haya dejado cicatrices y la ansiedad intente ganarte la partida, sigues adelante. Me demuestras que te importo, a pesar de que todavía no veas en ti todo lo que yo veo.

Nos fundimos en un beso más largo, uno que se siente como una promesa.

—Voy a pasar el día entero confesando cada detalle que me fascina de ti, Sofi —susurra contra mis labios.

Decidimos salir a caminar. En la playa vamos descalzos sobre la arena, de la mano, alejándonos del centro para disfrutar del día y del paisaje. Las olas se acercan y se retiran como jugando, mientras el sol nos dora la piel y los pájaros llenan el aire con su canto.

Nos entretenemos robándonos besos mientras mis dedos juegan con la arena, dibujando formas que desaparecen enseguida. Y justo ahí, él se muestra más vulnerable y me deja ver lo que lleva dentro.

Nos abrimos más, compartiendo historias y secretos.

Él me habla con calma de los obstáculos que superó para cumplir su sueño de trabajar en la radio, y de cómo, junto a sus compañeros, resistieron la crisis económica y conservaron sus empleos con esfuerzo y determinación.

Sin filtros, me cuenta la historia de una relación secreta que tuvo en la universidad: un amor prohibido con la esposa de un profesor.

Una historia que terminó mal. También me habla de otra chica, alguien buena y auténtica, a la que no pudo corresponder con el mismo cariño, y que acabó con un desenlace parecido.

Mientras yo sigo escarbando la arena con un palito, escuchando sus historias con atención, él expresa su pasión por la música y su anhelo de comenzar a crear pódcast, reflejando el brillo en sus ojos y la emoción en su voz al imaginar todas las posibilidades que el futuro le depara.

El tiempo, como si fluyera en un suspiro, parece escaparse entre nuestras manos, pero queremos exprimirlo al máximo.

Al final optamos por almorzar en un lugar sencillo, nada pretencioso, pero con buena comida. Entre bocado y bocado, la conversación se va dando sola, sin esfuerzo. Aquí, los libros vuelven a ser el tema estelar.

Le cuento a Marcos que, gracias a él, me enamoré de Edgar Allan Poe y que los primeros ejemplares que me regaló de Harry Potter se convirtieron en tesoros preciados en mi estantería.

Con una sonrisa, me sugiere títulos desconocidos para mí, mostrando un genuino interés por mis lecturas y deseando explorar juntos nuevos mundos literarios.

Finalmente, confieso que Wattpad es mi plataforma favorita para compartir historias, un lugar donde la creatividad fluye y las emociones encuentran su expresión. La sorpresa en su rostro me hace reír, pero pronto comprendo que no se burla; su entusiasmo es genuino y me alienta a compartir más.

Las ideas van y vienen entre nosotros, y sus consejos y el ánimo que me da para probar cursos de escritura creativa me motivan a seguir con lo que me apasiona.

—Te escondías en Wattpad, ¿de verdad? —bromea con cariño, y yo respondo con una risa cómplice.

—No te burles…

—¡No lo hago! —se defiende—. ¿Desde cuándo? Me gustaría haberlo sabido mucho antes… Podría haberte leído…

—¡Vamos, camina! —le insto, sin poder contener mi entusiasmo mientras nos retiramos del restaurante—. Y, respondiendo a tu pregunta, desde hace mucho…

Mi corazón se detiene de golpe al encontrarme con una escena inesperada frente a mí.

Marcos frunce el ceño y sus ojos se dirigen hacia la mujer de flequillo recto que tengo justo delante.

Casi choco con ella al salir del restaurante.

La incredulidad se apodera de mí, pero decido reunir el coraje suficiente para saludarla.

—Hola… —susurro con voz temblorosa.

Nuestras miradas se entrelazan en un silencio incómodo. Ella me ha reconocido…

—¿Amor? —le pregunta la mujer que está a su lado, desconcertada por la situación.

Me siento impresentable con la vestimenta que llevo puesta. Abi me recorre con la mirada, sus ojos se detienen en mí y luego se posan en Marcos antes de esbozar una sonrisa forzada a su acompañante, intentando disimular su asombro.

—¡Muero de hambre! Vamos a buscar una mesa… —dice, tratando de disipar la tensión.

Toma la mano de la mujer y la arrastra consigo. Su acompañante me mira con curiosidad, buscando explicaciones que no puedo darle. Abi opta por ignorarme, fingiendo que no existo.

—¿Qué fue eso, amor? —Escucho a lo lejos.

El eco de su voz, tan dulce y aguda como en mis recuerdos más profundos, se adentra en mi alma y me devuelve a tiempos pasados.

Me duele constatar que, después de todo lo que vivimos, una amistad y un fugaz e inocente romance infantil, ella decida hacer como si yo no fuera nadie.

Sé que jamás me perdonará por lo que ocurrió con nuestros padres, y ese peso se refleja en su mirada evasiva.

Mientras Abi y su compañera se alejan y buscan una mesa, Marcos las sigue con la vista, afectado por la situación.

Con frustración y molestia, empujo la puerta del restaurante y salgo a la calle, necesitando aire fresco para ordenar mis pensamientos.

Marcos me sigue de cerca y rodea mi hombro con un brazo, buscando brindarme consuelo y apoyo.

—Es Abi —explico, tratando de contener la turbulencia de emociones que se agolpan en mi pecho.

No creo que Marcos se acuerde de Abi; al fin y al cabo, solo le mencioné su nombre aquella noche en el tejado de mi casa.

Había venido porque yo estaba de mal humor y necesitaba hablar con alguien.

Ese tejado era uno de nuestros escondites, y esa vez yo estaba hecha polvo.

Como siempre, me había peleado con mis padres, que no paraban de reprocharme lo mismo una y otra vez.

—Me pregunto si Abi alcanzó a ver lo que yo no dejo de ver en ti… Una mujer que habla de libros, de historias, de poesía… alguien convencida de que las palabras pueden cambiar las cosas. La verdad, Sofi, ya no sé si queda algo de ti que no me guste.