Capítulo 21 #2
—¡No critiques mi hipótesis! Mira que puedo montar una gran variedad de escenarios posibles.
—Ah, ¿sí? Pues entonces dime otro ejemplo.
Se muerde el labio inferior y mira los míos. Me doy cuenta de que me he acercado demasiado, así que me alejo un poco. Parece que ha salido del trance, ya que se enfoca de nuevo en mis ojos.
—Es difícil si me lo pides de esta forma, porque entonces mi mente cambia esos escenarios por otros.
Quiero volver a centrar mi atención en la película.
—¿A qué te refieres?
Parece que no me ha escuchado, puesto que guarda silencio y fija la vista en la pantalla. Sin embargo, cambio de opinión cuando siento que sus dedos juegan sobre mi hombro izquierdo.
—Quiero decir que me imagino concretando ese beso que tenemos pendiente.
No has dicho eso, Marcos. No lo has dicho. Estoy fantaseando…
No puede ser real que mi estómago se haya encogido de esta forma.
Sus dedos ahora son una caricia firme y me empujan hacia él. No me resisto y termino acomodada en su cuello.
—No empieces con tus bromas y juegos —susurro.
Baja los pies de la mesa y toma mi mentón con la mano para que lo mire a los ojos.
—¿Qué dijiste? ¿Qué parte de lo que he dicho no ha sonado en serio? —Su voz es suave, pero llena de determinación.
Me falta el aire y me trago las palabras.
—¿Me estás provocando para que dé el paso, Sofi? —me habla al oído, con sus labios rozando mi piel.
—No…
—¿No quieres?
—Siempre decías que nuestro primer beso iba a ser especial. Así que, ¿cómo vas a convencerme de que serías capaz de besarme aquí, así sin más?
—He aprendido de mis errores. —Humedezco mis labios mientras el sonido de su voz vibra contra mí—. Además, la vida es tan corta y ya perdí mucho tiempo.
—Si no es el lugar ni el momento especial…, que el beso sí sea inolvidable, ¿no? —Mi voz tiembla.
Me sonríe a modo de respuesta y abro mi boca apenas hacen contacto sus húmedos labios. Su lengua experta me busca y no demora en encontrar la mía. Sus manos me toman del rostro y las mías están en su nuca. Me detengo e intenta besarme de nuevo, pero no respondo.
—Espera…
Apoyo mi frente contra la suya, con los ojos cerrados.
—Déjame procesarlo… —continúo, tratando de ordenar mis pensamientos.
—No debimos esperar tantos años para esto, Sofi.
—Lo sé, lo sé… Pero tampoco es demasiado tarde.
Nos abrazamos mientras repartimos besos por todos lados. Nuestras bocas vuelven a colisionar. Quiero que me toque más. Deseo tocarlo más. Me ubico a horcajadas encima de él.
—No creas que he olvidado que solías hacer esto… Te subías sobre mí y juro que odiaba que me provocaras erecciones con tanta facilidad.
—Te encantaba, mentiroso.
Se ríe antes de morder mis labios con suavidad.
—Sí, porque te frotabas rico contra mí. A veces pensaba que eras capaz de conseguir que me corriera mientras bailabas sobre mi polla.
Tenemos la respiración entrecortada. Sus manos recorren mi espalda.
—Pero no fui capaz… —Me separo de él para mirarlo a los ojos—. Nos gustaba jugar de esa manera porque sabíamos que, si dábamos un paso más, nuestra historia tarde o temprano iba a terminar.
—¿Y ahora tienes ese miedo?
—No.
—Entonces, ¿no volverás a provocarme erecciones y dejarme con ganas?
Me apoyo sin pudor y siento su dureza. Me muevo sobre su longitud y gimo.
—¡Oh, Sofi! Es la primera vez que te escucho gemir.
—¿De verdad? Es imposible…
Sus manos presionan mis caderas contra él.
—Ahora no podré parar hasta hacerte gemir más y más y más…
Tiro la cabeza hacia atrás y me besa el cuello. Entierro mis manos en su cabello corto y suave. Mis pezones se notan a través de la tela, y muerde uno de ellos mientras me mira a los ojos.
Esto es como un sueño.
—¿Vamos a mi cama?
—¿Y la película que tanto querías ver?
—No me importa.
Toma mi mano y me lleva al cuarto. En el camino, pierdo seguridad. Olvidaba que nos encontramos a plena luz del día y no quiero que vea mi cuerpo desnudo.
—¿Marcos? —interrumpo cuando intenta buscar mis labios.
—¿Qué sucede?
—Yo… hace mucho tiempo que no…
Ante mi silencio, me acaricia el labio con el pulgar.
—Dime. Te escucho.
—Hace mucho tiempo que no lo hago con nadie, así que… no quiero que te desilusiones. No estoy en mi prime.
Me sonríe con dulzura. No hay una pizca de burla en su expresión. Me derrite.
—Entiendo. No es algo de lo que debas preocuparte —asegura.
—Okey… Otra cosa, ¿puedo cerrar las ventanas? Hay mucha luz y no podremos concentrarnos.
—Eso tampoco importa… —dice, apoyando su erección contra mi trasero.
—Un segundo, por favor.
Enseguida dejo el cuarto a oscuras, no tanto como me gustaría. Cuando cierro la puerta, Marcos vuelve a buscarme. Me besa y me arrastra hacia la cama.
—Deja de pensar tanto y de preocuparte por cosas tan tontas.
Le quito la camiseta y recorro su cuerpo tan bien trabajado. Muero por verlo desnudo, pero prefiero follar con ropa puesta.
Cuando sus manos se aferran al elástico de mis pantalones, lo detengo.
—¿Lo estoy haciendo muy rápido?
—No…
Le permito que continúe, entonces sus manos rodean mis glúteos. Se arrodilla frente a mí hasta bajar mis pantalones por completo. No llevo puestas las bragas porque las metí a la lavadora. Besa mis caderas mientras sus dedos exploran mi entrepierna justo al borde de mi zona íntima.
—Ven aquí… —le pido con la intención de que se centre en otra cosa.
Nos besamos con fuerza y desesperación. Esto es tan irreal, teniendo en cuenta la cantidad de veces que lo soñé. Ahora mismo prefiero la realidad en lugar de imaginarla.
Lo toco por encima de la tela y suelta un sonido delicioso.
—Así es mucho mejor —dice, bajando sus pantalones y llevando mi mano hacia su sexo.
Claro que nunca lo había tocado así. Me gusta escucharlo gemir y soltar maldiciones por lo bajo.
Me empuja contra la cama mientras nos besamos. Se incorpora para deslizar sus dedos sobre mi torso y mi pecho. Mete la mano bajo la playera, y lo vuelvo a detener.
—¿Sofi? ¿Qué sucede?
—Nada…
No me atrevo a pedirle que me penetre y ya… No me animo a decirle que no me quite la ropa porque no le gustará verme sin ella. Es evidente que quiere disfrutar y alargar esto tanto como pueda, pero…
—Te has puesto rara. ¿Por qué estás evitando que te toque?
—No es eso… Es… otra cosa.
—Sé honesta conmigo. Quiero que estés tranquila, no haré nada que no desees. Lo sabes, ¿verdad?
—Me encanta todo lo que estás haciendo, cómo me haces sentir.
—¿Entonces?
Miro alrededor y odio que nuestros ojos se hayan acostumbrado a la poca luz.
—Tengo algunas imperfecciones…
—¡Eh, Sofi! —me interrumpe—. Mira esto…
Desliza varias veces la punta de su pene sobre mi sexo. Y los dos nos sacudimos de deseo.
—Estás muy mojada y yo tengo la polla tan dura que siento que me va a explotar. Pero no es solo lo físico que me atrae de ti, esto va más allá. Me gustas por miles de razones.
—Y tú a mí.
—Lo sé, lo sé —dice, quitándome el cabello del rostro—. Te he deseado durante quince largos años, y eso es mucho tiempo. Déjame sentirte, Sofi. Me gustaría demostrarte que tu cuerpo, así imperfecto como lo llamas, es capaz de sentir placer.
Sus palabras significan mucho para mí y me llenan el corazón. No todo pasa por el cuerpo, lo que le importa es desnudarme el alma.
Trago con fuerza y permito que me quite la playera. Apoya el largo de su sexo sobre mi vientre, alcanzando mi ombligo.
Sus ojos no reflejan repulsión cuando me recorren. Están libres de juicios negativos. Son amables y dulces, hambrientos y llenos de lujuria. Todo menos aquello que me daba tanto miedo.
Lleva su boca a mi pezón y succiona con suavidad mientras me abre las piernas.
—Voy a lamer cada parte de tu cuerpo. Te voy a devorar.
Me estoy deshaciendo. Muevo las caderas con tanta necesidad de fusionarnos que no tengo miedo de romperme en miles de pedacitos.
—¿Ansiosa? —pregunta cuando empiezo a tocarlo de nuevo.
—Es que empezaré a rogarte, Marcos…
Se arrodilla, dejando rastros de su saliva sobre mis pechos. Se inclina hacia la mesa de luz, toma su billetera y saca un condón. Me muerdo los labios mientras se lo coloca sobre mi vientre.
Se inclina para darme pequeños besos en cantidad, dulces y cortos.
—Quiero ver qué expresión pones cuando…
Un gemido involuntario escapa de lo más profundo de mi ser. El mundo parece detenerse por un segundo.
—Oh, eso, Sofi. Qué hermosa eres…
A mitad de camino, busca mis labios de nuevo, apoyando su peso sobre sus codos a ambos lados de mi cabeza. Yo estoy perdida en el ritmo, en la urgencia.
—Más… ¡Más! —ruego, rodeando su cintura con desesperación, queriendo acortar cualquier distancia física que aún quede entre los dos.
Un temblor recorre nuestros cuerpos cuando llega hasta el fondo.
—Pídeme cómo quieres que te folle.
—Como tenías pensado hacerlo esa noche, después de la graduación.
—Esto no se compara con lo que tenía pensado.
—¿Es mejor?
Él responde con un movimiento firme, una cadencia que choca contra mis sentidos. No es solo un acto físico; es una colisión de voluntades.
—¿Y a ti qué te parece? —pregunta, persiguiendo mi rendición.
Cambia nuestra posición, buscando un ángulo que me haga perder el aliento, elevando una de mis piernas para profundizar el contacto. Es una intensidad que bordea el dolor, pero un dolor exquisito, una tortura deliciosa que me hace gritar su nombre.
Sus muslos sostienen mi cuerpo, manteniéndome anclada a él. Siento cada embestida como una descarga eléctrica, y una parte de mí, una sombra que apenas estoy descubriendo, le exige más. Siempre más.
—No tienes idea de lo que estás pidiendo… —gruñe él, aunque sus ojos brillan con hambre.
¿Puede haber algo más intenso? ¿Existe un límite? Marcos me demuestra que no.
Somos dos seres desenfrenados, nos consumimos en una hoguera que nosotros mismos hemos encendido. Es adictivo, una entrega total que prescinde de toda delicadeza y se centra solo en la pura necesidad.
—No te detengas todavía —le suplico al notar la tensión en sus músculos, esa rigidez que anuncia el final.