Capítulo 20
—¿En serio? —pregunta Juli, arqueando una ceja.
—Sí.
—¿Es una buena idea? —insiste.
—¡Claro! —Me río—. ¿Por qué dudas tanto de mí?
Parece aliviada por mi respuesta. Suspira con suavidad antes de decir:
—Porque en la fiesta pasada… Bueno, no te sentiste cómoda y te marchaste.
—Esta es una situación y un lugar diferente. Estaré bien —aseguro.
Asiente con una sonrisa esperanzada.
—Qué bueno, te prometo que lo pasaremos de maravilla.
Juli no puede creer que haya aceptado ir al espectáculo que Marcos y Andrés presentarán dentro de un par de horas en la Playa Dorada. Me imagino que mi cambio repentino de actitud la ha tomado por sorpresa. Sonrío en mi interior, consciente de que mi energía renovada es palpable.
Después de que Miriam colgara la llamada, dejando claro que no aprobará jamás mi decisión, regresé sintiéndome otra persona. Juli me esperaba con la cena, unos fideos instantáneos que fueron una auténtica delicia. «Por fin en casa», me dijo.
Estoy liberándome de a poco de las energías negativas que no me pertenecen, y esa sensación es una de las cosas que más aprecio. Es como si una mochila gigante se hubiera desprendido de mis hombros, permitiéndome respirar.
Llegamos a la playa justo antes de que el show comience. En el modesto escenario proyectan un video musical, así que Juli y yo buscamos una mesa donde podamos disfrutar del espectáculo.
—Voy a comprar algo de comer —dice—. Espérame aquí.
Aprovecho el tiempo para tomar algunas fotografías y mostrarle a Brune cuando regrese.
No puedo creer que ya sea viernes. Quiero aprovechar al máximo estos últimos días en la costa, un lugar que aprendí a valorar recién hace poco.
Pero ahora, al sopesar todas las experiencias, lo que importa y tiene significado son los buenos momentos y las personas que me quieren.
Mientras tomo distintas fotos con la cámara, alcanzo a reconocer dos rostros que me resultan muy familiares.
—¡Hey, aquí! —Levanto mis brazos para captar su atención—. ¡Dan, Ana!
Apenas me ven, se acercan con sonrisas de oreja a oreja.
—Hola, Sofi. ¡Me alegra verte aquí, amiga!
—Qué lindo encontrarte justo cuando buscábamos caras conocidas —agrega Ana mientras me abraza.
Luego me dirijo a Dan para regalarle un apretón afectuoso.
—No tenía idea de que iban a venir, ¡qué agradable sorpresa!
—Lo decidimos ayer a último momento.
—Sí, Marquitos ha estado bastante insistente estas semanas, tratando de convencernos —añade Dan, rodando los ojos.
—¿Has venido sola? —pregunta Ana, curiosa.
—No, Juli está conmigo. Fue a buscar algo de comida. ¿Les gustaría compartir la mesa con nosotras?
Los dos se miran y asienten al instante, sin darle muchas vueltas al asunto.
—¡Por supuesto! —exclaman.
Se sientan juntos, entrelazando sus manos. Me alegra ver su amor tan palpable, esos gestos entre parejas siempre logran arrancarme una sonrisa de felicidad.
—¿Cómo está Noah?
—¡Excelente! Se ha quedado en casa con mi hermana.
—Es la primera vez que lo dejamos con alguien más —explica Dan.
—Ya veremos cómo les va…
Debido a que Ana revela una leve inseguridad en sus ojos, Dan trata de transmitirle confianza y la anima:
—Solo es por tres horas, amor. ¡Estarán bien! Ya lo verás…
Asiento, comprendiendo sus sentimientos.
—No es fácil… Creo que no hay nada que supere la preocupación que sentimos por nuestros hijos. Ana, si en algún momento te sientes incómoda o empiezas a preocuparte demasiado por Noah, no dudes en volver con él. No dejes que tu mente te muestre escenarios llenos de catástrofes.
Ana asiente con gratitud, moviendo la cabeza para decir que sí.
—Tienes razón. Gracias… Lo intentaré.
Mientras nuestras preocupaciones se desvanecen por un momento, la voz de Marcos resuena por los altavoces, anunciando su entrada.
—¡Buenas tardes, querido público! —exclama, irradiando energía y entusiasmo al salir al escenario, captando la atención de todos.
El lugar se encuentra impregnado de una atmósfera eléctrica y festiva, llena de luces parpadeantes y murmullos emocionados. Las mesas están ocupadas por personas expectantes, mientras que los jóvenes se agrupan en el centro, ansiosos por bailar al ritmo de la música.
—¿Se nos escucha bien? —pregunta Andrés, dirigiéndose al público y recibiendo una ovación en respuesta—. ¡Perfecto!
La agitación se palpa en el aire, como una chispa que se propaga entre la multitud, aumentando la expectativa con cada segundo que pasa.
—¡Está por comenzar! —anuncia Dan, uniéndose al aplauso colectivo.
Marcos y Andrés nos presentan el espectáculo que han preparado.
Detallan el cronograma de los invitados y nos brindan una visión de lo que podemos esperar de cada uno de ellos.
Es evidente que algunos de los artistas ya tienen seguidores entre el público, generando gritos de emoción y aplausos anticipados.
—¡Qué guapo se ve Marcos! —exclama Ana, admirando su apariencia desde la distancia.
—Estaba pensando lo mismo —agrega Dan con una sonrisa orgullosa—. ¡Qué conexión tenemos, amor!
Estoy de acuerdo con ellos, aunque prefiero mantener mis pensamientos en silencio.
Marcos siempre ha tenido buen ojo para elegir su outfit.
En esta ocasión, lleva una camiseta rosada que resalta el color de su piel y unos vaqueros negros rasgados que realzan su figura masculina, en especial sus hombros anchos y su trasero.
Es como si el escenario fuera su pasarela personal, y su presencia magnética atrae todas las miradas.
Intento convencerme de que no soy la única que lo nota, ya que fue Ana quien hizo el comentario.
Sin embargo, no puedo evitar sentir una atracción indeseada y otras sensaciones que no deberían estar presentes en mi interior.
Es como si mi mente y mi corazón se deslizaran por caminos peligrosos, tentándome con emociones que prohíben a mi razón intervenir.
Marcos y Andrés dan paso al primer artista de la tarde, y justo diviso a Julieta, acercándose deprisa hacia nosotros, sosteniendo una bandeja con las manos temblorosas.
—¡Dan, Ani! —exclama, rebosante de alegría y casi de manera exagerada—. ¡Amigos! ¿Esto no es un sueño? ¿No serán impostores, So?
—¡No había considerado esa posibilidad! —respondo riendo—. Tal vez tengas razón.
Cuando Juli deposita la bandeja sobre nuestra mesa, Ana se levanta de su asiento y abre los brazos para recibirla en un cálido apretón.
—¡Tanto tiempo sin verte, Ani! ¿Cómo estás?
—¡Hey, amiga! No te olvides de mí —interviene Dan, tocándose la mejilla.
Julieta sonríe, mostrando todos los dientes, y le planta un sonoro beso antes de acomodarse a mi lado.
—¡Me niego a olvidarte! Oigan, y… ¡No puedo resistirme a preguntar!
—¿Noah? —Ana alza una ceja—. ¿Eso es lo que quieres saber?
—Está muy bien, Juli —agrega Dan—. Creciendo a pasos agigantados.
—¿Ya le salieron sus primeros dientitos?
—Aún no, pero pronto lo hará. Acaba de cumplir cuatro meses.
—¡Tenemos que comprarle regalos, So! Cuatro meses, ¡es increíble! —Dirige su mirada hacia el escenario, donde el solista comienza a tocar su guitarra—. Menos mal que llegué a tiempo.
—La comida se ve deliciosa…
—Traje calamares fritos para nosotros. Y los aros de cebolla extra crujientes son para nuestra adorada amiga, porque todos sabemos que no es fan de los bichos acuáticos.
—¡Gracias, me encantan! —afirmo, deleitándome con el sabor de la comida—. ¿Pudiste ver la presentación de tu adorado Andrés?
—¡Claro que sí! Lo estuve observando desde lejos. Es tan magnético…
—¿Qué me he perdido? —pregunta Dan, curioso.
—Pues… —Juli se toma un segundo para pensarlo—. ¡Me estoy tirando al colega de Marcos!
Las carcajadas estallan al unísono ante su repentina sinceridad.
Juli procede a contar cómo se conocieron esa noche en la fiesta, y no deja de ponerlo sobre un pedestal en cada palabra.
Ana se divierte a lo grande mientras Dan, con una expresión más seria, intenta ofrecerle consejos amorosos a Julieta, aunque estoy segura de que ella nunca los seguirá.
El tiempo se desvanece con rapidez mientras nos sumergimos en la música y los diferentes estilos que se suceden en el escenario, incluso aquellos que nos invitan a bailar, permitiendo que nuestros cuerpos se muevan al compás de la melodía.
Sin embargo, el punto culminante llega con la última artista, Cara, que irradia una energía cautivadora al interpretar «I Will Survive» de Gloria Gaynor.
No es nada más y nada menos que la chica que estuvo en la fiesta la vez pasada.
Su potente voz llena el espacio y desata una ovación ensordecedora del público, mientras nosotros nos dejamos llevar por la intensidad del momento.
El espectáculo llega a su fin con un cierre brillante. Marcos y Andrés agradecen y se despiden de su público, dejando un eco de emoción y satisfacción en el aire. Los aplausos y los vítores llenan la playa, sellando la tarde.
Nos concentramos en terminar nuestras cervezas, saboreando cada sorbo mientras el sol se desliza hacia el horizonte.
Dan nos informa que acaba de enviar un mensaje a Marcos, compartiendo nuestra ubicación exacta para que nos encuentre más tarde.
El bullicio de la multitud se desvanece cuando escuchamos la voz de doña Itatí.
—¡Con que aquí estaban, mocosos! —exclama la anciana con su característico tono jocoso—. Vaya espectáculo, ¿verdad?
A su lado se encuentran Irupé y Hugo, como siempre.
Nos confiesan que nos buscaron por todas partes, lamentando haber llegado justo en el último momento.
Nos sumergimos en una conversación animada, en un principio centrada en Cavill, mientras el resto de la gente se va retirando de a poco.
Media hora después, Marcos y Andrés nos sorprenden con su llegada.
—¡Estamos todos reunidos! Deberíamos tomarnos una fotografía como recuerdo —sugiere Juli.
Andrés toma la cámara, bromea con que es el nuevo del grupo y que tiene que ganarse su lugar, y empieza a ubicarnos para que la foto quede impecable.