Volver a mí Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

Creo que no puedo tener una expresión de alegría más grande en mi rostro que la que ocupa mi corazón en este momento.

Alguien me ha escuchado, a alguien le importa lo que he pedido, a alguien le interesa lo que me preocupa…

Quiero saltar de felicidad, pero al mismo tiempo me entran ganas de llorar porque ni recuerdo la última vez que me sentí así.

Es raro… quizá porque no me pasa muy seguido.

Me despido de Doña Itatí con unas palabras de agradecimiento y comienzo a repartir los avisos de búsqueda entre las personas desconocidas que se cruzan en mi camino, con la esperanza de que alguno pueda aportar una pista.

Con cada encuentro, escucho palabras de aliento y promesas de colaboración.

Me alegra saber que el mensaje ha llegado a través de la radio y que la comunidad está dispuesta a ayudar.

Aprovecho para dejar algunos carteles en las tiendas mientras compro comida.

Luego sigo buscando por mi cuenta y me desvío del camino a casa, pero no logro ningún avance.

A pesar del cansancio, aún anhelo sentir el sol acariciando mi rostro. Al llegar a casa, decido ponerme mi traje de baño y un vestido sencillo, dispuesta a disfrutar un poco de la playa. Preparo una pequeña nevera portátil con suministros y me aseguro de tener todo lo necesario.

Camino hacia mi lugar favorito frente al mar, sorprendida de haber llegado por mis propios medios. Debo lucir desaliñada con todas las cosas que llevo encima, formando una especie de montaña de objetos a mi alrededor.

Le doy un largo trago a la limonada de jengibre y menta que preparé antes de salir, sintiendo su frescura en mi boca.

En el fondo, de manera egoísta, me alegra encontrarme aquí en lugar de estar encerrada en la casa de la ciudad.

Recuerdo que Néstor siempre odiaba la arena, el sol y el mar por encima de muchas cosas.

Sin embargo, no puedo omitir los gestos desinteresados que tenía hacia mí.

¿Cómo podría olvidar el día que viajó, incluso viviendo con sus padres, solo para consolarme después de un día de trabajo horrible?

¿Cómo podría dejar de lado que hizo todo lo posible para cuidar de Cleo cuando estuvo enferma, mientras yo estaba en la oficina, llena de preocupación?

¿De qué forma eliminaría de mi memoria sus detalles hermosos, tratando de sacarme una sonrisa?

Y, sobre todo, ¿cómo podría olvidar que siempre estuvo allí para mí, brindándome su hombro en el que lloré innumerables veces?

Pero ahora me pregunto, ¿cómo puedo soltar y avanzar?

En un intento por elevar mi energía y seguir la tradición de escuchar buena música, me sumergí en una selección de canciones alegres.

Me dejé llevar por el ritmo, bailando bajo la sombrilla.

Sin embargo, perdí toda inhibición cuando cerré los ojos y canté en voz alta «Happy» de Pharrell Williams. Al abrirlos, me di cuenta de la atención que había captado y me sentí avergonzada por un momento.

Decidí cambiar el repertorio y opté por música instrumental de alta vibración, mientras me sumergía en la lectura de un libro de Elisabet Benavent titulado «Un cuento perfecto».

Disfruté de las cosas más simples: comer fruta fresca y darme el gusto de unos dulces como pequeño capricho.

Me deshice del vestido y me sumergí en el agua. No quería darle muchas vueltas a la situación temiendo que, si lo pensaba demasiado, terminaría por no hacerlo. Evité mirar a las personas que me rodeaban y solo me dejé llevar por el impulso.

Reí a carcajadas, con ganas de gritarle al mundo que lo había logrado, aunque en realidad no sabía muy bien qué era eso que supuestamente había logrado. Pero esa sensación llenaba mi pecho y agradecí a la vida.

Al salir del agua, aún sentía el movimiento de las olas reverberando en mi cuerpo. Fue entonces cuando noté a un niño de unos siete años que estaba construyendo castillos de arena cerca de mí. Sus ojos brillaban con una chispa de curiosidad y diversión.

—¿Me viste allí? —le pregunté, muerta de risa—. ¡Fue tan divertido!

El niño soltó una carcajada contagiosa y levantó el pulgar con entusiasmo. Yo le respondí con una sonrisa antes de volver a la sombrilla, agotada pero feliz. El cansancio y la calma me envolvieron, y terminé cayendo en un sueño profundo.

Aunque acabo de despertar, mis ojos no logran desprenderse del cautivador espectáculo del atardecer. Una paleta de colores pinta el cielo, bañando el horizonte en tonos cálidos y vibrantes. Quiero absorber cada detalle e inmortalizar la esencia de esta preciosa escena en mi memoria.

Tomo una única fotografía, que pienso enseñarle a Brune cuando nos volvamos a encontrar cara a cara y después de llenarla de besos. Fijo la mirada en el horizonte mientras capturo la imagen.

—¡Hola, mamá! —exclama emocionada mi hija.

—¡Mi amor! ¿Cómo estás?

—Bien, papá me dejó usar el ordenador. ¡Estoy mirando videos en YouTube! ¿Qué estabas haciendo?

—Solo quería escucharte —le digo, sintiendo un cálido cosquilleo en el corazón.

—¿Por qué? —pregunta riendo, contagiándome de su alegría.

—Porque te amo y me encantaría que estuvieras aquí conmigo.

—Oh, yo también te amo. —Mis ojos se llenan de lágrimas mientras ella eleva la voz, transmitiendo su amor incondicional—. ¡Quiero que veas un video! ¿Te lo puedo enviar?

—¡Claro que sí! ¿De qué se trata?

—Cosas que no sabías sobre los ajolotes —responde con entusiasmo.

—¿Los de Minecraft?

—Sí, esos mismos.

—Eso suena muy interesante. Estoy emocionada por verlo.

—Lo es… Oh, espera —susurra. Luego noto que habla en voz baja con Néstor—: ¿Qué? No te escucho… —Se hace un breve silencio—. ¡Ah, cierto! Mamá, ¿estás ahí?

—Aquí sigo, mi amor. ¿Qué sucede?

—¿Sabes qué? La abu está triste.

—¿Te refieres a Miriam?

—¡Ajá! Dice que quiere hablar contigo. ¿Por qué no le coges el teléfono, mamá? —sugiere con inocencia.

—Es que… —Suspiro, sintiendo un nudo en mi estómago—. Tienes razón, pequeña. Estoy enfadada con ella, pero te prometo que la llamaré, ¿de acuerdo?

—¿Por qué?

—No es nada grave. Pronto me encontraré con tu abu y solucionaremos las cosas.

—Tú siempre dices que los problemas se resuelven hablando.

—¡Y así es! Solo necesito un poquito de tiempo y luego no habrá ni una pizca de enojo —le explico.

—Bueno, de acuerdo. Te enviaré el video de los ajolotes y después voy a ayudar a la abuela con la cena.

—Está bien. ¿Podremos hacer una videollamada más tarde?

—¡Sí, así escucho un cuento antes de dormir!

—Trato hecho, pequeña. Te amo mucho, muchísimo.

—Y yo a ti. ¡Besos! —se despide, dejándome con el corazón lleno de amor.

Espero ansiosa que me envíe el video de los ajolotes para poder verlo antes de irme. El sol ya ha desaparecido en el horizonte, dando paso a una noche estrellada.

Regreso a casa, y Juli aún no ha llegado. Me doy una merecida ducha y, justo cuando estaba pensando en ver una película para relajarme, recibo un mensaje en mi teléfono.

Marcos, 9:57 pm

¡Buenas noticias! Cavill ha aparecido y está en perfecto estado. Doña Irupé sigue llorando a moco tendido. ¡Estamos festejando en Oveja Negra!

Sofía, 10:03 pm

¡No tienes idea de lo feliz que me hace saber eso!

Gracias por todo.

Marcos, 10:06 pm

Lo encontraron cerca de tu antigua casa. ¡Vaya coincidencia!

Oh, mi casa…

Sin tener idea, Marcos acaba de abrir una grieta por la que se fugan diferentes tipos de recuerdos. Pienso en mi infancia y en lo mucho que deseaba crecer para vivir a mi manera, y me sumerjo en el pasado.

Me pregunto si la niña que fui se sentiría decepcionada de la persona en la que me he convertido. ¿Qué opinaría de mí si nos encontráramos de frente? ¿Vería en mí la valentía y la determinación que siempre anhelé tener? ¿Me juzgaría por no haber alcanzado todas las metas que me propuse?