Capítulo 19
—Buen día, So —saluda Juli, bostezando—. Qué pereza…
—Hola, dormilona. Te preparé un batido, ¿quieres?
—Claro que sí. Gracias.
Se levanta del sofá, donde durmió como un bebé toda la noche, y se acerca a la barra de desayuno, frotándose los ojos con el dorso de la mano. Sus gestos lentos revelan la resistencia del cuerpo a abandonar el sueño reparador.
—Te ves muy alegre hoy.
¿Será que un par de orgasmos nocturnos pueden provocar un cambio notable en mí? Mejor no le pregunto.
—Tal vez. Es divertido escuchar las tonterías que dices cuando duermes.
—Siempre es lo mismo contigo. Por cierto, ¿Marquitos? —Arquea una ceja, una expresión de enorme picardía y diversión que me asusta.
—Pues se marchó poco después de que comenzaras a roncar.
El ambiente se carga de expectativa. Juli se ve muy despierta de repente.
—¿Y?
—Nos encerramos en mi cuarto, consumimos drogas y luego practicamos sexo oral.
—¡En serio! —exclama riendo y me tira una servilleta de papel en tono juguetón.
—¿No era eso lo que querías escuchar?
—¿Cómo van las cosas entre ustedes?
—Bien, bien… —respondo, dejando escapar una sonrisa involuntaria—. De hecho, creo que van más que bien. Mejor que antes, al menos.
—Marcos te quiere, So.
—No es un buen momento para tocar ese tema, ya sabes.
—No, es mucho más que eso… Le importas y espero que pronto lo escuches de él.
—Calla… —me quejo, sintiendo que mis defensas empiezan a flaquear frente a su determinación.
—¿No lo deseas?
—No quiero pensar en eso. —Mi respuesta escapa en un suspiro resignado, tratando de ocultar la vulnerabilidad que se agita dentro de mí.
—Si se besan, o incluso si acabas en la cama con él, tampoco sería el fin del mundo…
—Acabo de separarme —le recuerdo.
—Lo entendería si habláramos de cualquier otro sujeto, pero Marcos no lo es.
—¿Quieres llenarme la cabeza? —Sonrío con tristeza.
—¡Solo deseo que seas feliz!
Su voz, cargada de afecto genuino, lucha por penetrar la coraza que he construido a mi alrededor.
—Yo también —le susurro—. ¿Tienes que marcharte?
—¡Cómo odio cuando cambias de tema! Sí, sí… Tengo que trabajar. ¿Quieres venir?
Lo medito. El día es espléndido y me apetece estar bajo el sol y a orillas del mar.
—Paso por esta vez.
—Esperaba que me dijeras eso. —Sonríe con orgullo, satisfecha por mi elección—. Debes aprovechar los últimos días de vacaciones.
—Quisiera olvidarme de eso.
Juli mira la hora y una expresión de alarma se dibuja en su rostro.
—¡Mierda, se me hace tarde! —Bebe su batido de un solo trago—. Debo darme prisa.
—¿No pasarás por la ducha?
—¡Ay, no! No tengo tiempo… Qué asco.
—Cuando éramos dos crías, conseguías lucir como una diosa angelical a pesar de haber pasado la noche embriagándote, e incluso después de haber hecho cosas irreproducibles.
—¡Es verdad! He perdido el toque. —Se desnuda por completo frente a mí para ponerse un traje limpio—. Después me encargaré de ordenar este desastre.
Le aseguro que no tiene nada de qué preocuparse. La miro mientras va y viene de su cuarto, hasta que se mete al baño.
—¿Cómo me veo? —pregunta con cierta inseguridad.
—Eres un desastre bien disimulado… —bromeo con cariño.
—Menos mal…
—Te ves guapa, como siempre.
Me da un abrazo fuerte y cálido para despedirse.
—Nos vemos por la noche.
—De acuerdo, te voy a esperar con la cena.
—¡Oh, Dios! —Se muerde el labio—. ¿No quieres quedarte a vivir aquí para siempre? Podríamos casarnos.
—Un matrimonio feliz.
Compartimos una risa llena de complicidad. Luego la realidad nos alcanza y le recuerdo que se le hace tarde.
—Dios, no pude tomarme la selfie diaria —se queja, hablando más para sí misma que a mí, mostrando una pequeña preocupación por los rituales y las cosas que dan forma a su día a día—. Soy un jodido desastre.
Se despide, diciendo adiós con un gesto, y se apresura en atravesar la puerta hacia el exterior, dejándome con la sensación de su presencia aún en el aire.
Me pongo manos a la obra, limpiando cada rincón de la casa. Mientras realizo las tareas domésticas, decido llamar a Ramona y activar el altavoz para poder tener una conversación mientras continúo con mis quehaceres.
Esta vez, Cleo se ha aburrido tanto que se ha metido dentro de la canasta donde guardo mis ovillos de lana y ha hecho un desastre que mi vecina tuvo que ordenar. Me río, imaginando que la pequeña puede llegar a sacar una faceta traviesa a pesar de su habitual pereza.
Luego Ramona me envía unas cuantas fotografías mientras lavo los trastos, donde se puede ver la diferencia entre el antes y el después del desastre que provocó Cleo. También me envía unas cuantas fotos de ella durmiendo patas para arriba. La extraño horrores.
Una vez que termino de lavar los trastos y de dejar la casa reluciente, me concedo un merecido descanso.
Me tiro en el sofá, sintiendo el peso del cansancio y la satisfacción del trabajo bien hecho.
Decido llamar a Brune para desearle buenos días, preguntarle cómo está y compartir un momento lleno de risas.
Después de la llamada, que me ha recargado de energía positiva, siento que es la oportunidad propicia para salir a caminar y comprar alimentos frescos, ya que la nevera de Juli está vacía.
—Hoy parece más feliz que de costumbre. Puedo notarlo en su voz —afirma doña Itatí con una sonrisa.
—¿Quién? —pregunto confundida.
Con un movimiento de su mentón, apunta hacia la vieja radio que descansa en la esquina de su tienda. Entonces me doy cuenta de mi distracción, absorbida por los comentarios de Marcos en la emisora local.
Vine a visitar a la anciana a su tienda. Me contó que doña Irupé está buscando a su mascota desde anoche; su cachorro se escapó para perseguir un gato callejero, y aún no lo pueden encontrar.
—Mi nieto… —aclara con un brillo de orgullo y ternura en su mirada arrugada—. Resplandece.
—Algo bueno debió de sucederle… Seguro te lo contará.
—¿Tú sabes qué?
Sorprendida por su pregunta tan directa, me encuentro sin palabras durante un momento, intentando descifrar qué conocimiento oculto cree ella que poseo. Al final, me encojo de hombros, mostrando mi desconcierto.
—¿Yo? —respondo con sorpresa—. ¿Por qué habría de saber algo?
Menea la cabeza, dejando escapar una risa.
—Qué bonito cuando alguien irradia tanta felicidad que parece que la piel no le alcanza para contenerla. —comenta con voz pausada y sabia.
—Sí, es muy bonito…
Sofía, 10:31 am
Perdón por no responder anoche. Me pasé las últimas horas buscando las palabras indicadas, pero creo que no existen ninguna que sea adecuada y que exprese lo que realmente siento…
Lo que tú me has hecho sentir con tan poco.
Aquello que parece revivir y que me da mucho miedo, pero también tanta alegría y…
No sé, no sé… ¿Tiene algo de sentido lo que digo?
Es de locos querer entenderlo o explicarlo.
Por otro lado, ¿puedo pedirte un favor? Doña Irupé perdió a Cavill, su cachorrito.
Acabo de enterarme gracias a tu abuela que se llama así en honor al actor que Irupé ama con todo su corazón desde su papel como Superman.
¿Podrías ayudarla con un llamado a la solidaridad a tu audiencia, porfi? Te juro que te lo agradeceremos mucho.
Creo que pocas veces he enviado un mensaje así de extenso. Comprendo que, para abordar este asunto, Marcos es el más indicado, ya que su presencia en el mundo de la radio alcanza a un público mucho más amplio que mis modestos carteles de búsqueda que tal vez pocas personas leerán.
—Bien, seguimos en «La Hora DJ» por radio Urbana —anuncia Andrés con una voz llamativa y enérgica, luego de haber llegado al final de una canción de Lana del Rey—.
Aprovecho este momento para recordarles a todos que mañana viernes, a partir de las siete de la tarde, se llevará a cabo un maravilloso recital con varios artistas locales. ¿Dónde, Marcos?
—En la Playa Dorada, queridos oyentes. La entrada es libre y gratuita. Estaremos desempeñando nuestro papel como presentadores del espectáculo. Además de acompañar a todos los artistas que son…
—¡De primer nivel!
—¡Correcto! ¿Sabes, Andrés? Tuve el placer de conocer a algunos de ellos durante el proceso de selección y debo decir que me han sorprendido. Mucho talento en juego. Mucha pasión por la música.
—Ya tengo ganas de escucharlos. ¡Estamos muy emocionados por este evento! Los esperamos a todos para disfrutar de una noche increíble y llena de música. Bueno, ahora continuemos… Perdón, Marcos, ¿deseabas decir algo más?
—Sí, necesito un minuto de atención. Quiero pedir la colaboración de nuestra audiencia para que nos ayuden a encontrar a un miembro muy importante de mi familia. Se trata de Cavill, un cachorro de tres meses que se extravió ayer…
La voz de Marcos se torna más seria, transmitiendo la preocupación y la esperanza en cada palabra.
—¿Se lo has pedido tú? —me pregunta la anciana con una expresión de asombro, mientras sus arrugadas manos descansan sobre su regazo.
—Bueno, algo así. Pensé que podría ayudar… —susurro, sintiendo que el rubor sube a mis mejillas.
—¡Excelente idea! —me anima, asintiendo con aprobación.
Marcos, con su voz clara y afable, procede a brindar una detallada descripción de Cavill.
—Otro dato relevante —continúa—, lleva un collar rojo. Podría estar en cualquier parte de la costa. Si alguien sabe algo o lo encuentra, por favor, que se acerque a la radio para que podamos ayudar a Cavill a regresar a casa.
—¡Todos juntos por Cavill! —agrega Andrés—. Lo vamos a encontrar, estoy seguro.
La emoción se contagia a través de las ondas de la radio. Puedo imaginar a las personas que escuchan el programa, uniéndose en un esfuerzo colectivo para encontrarlo. El corazón se me llena de gratitud hacia todos aquellos que se disponen a ayudar en la búsqueda.
—Me encargaré de recompensar a la persona que lo encuentre —promete Marcos.
—Podemos hacerlo viral en las redes sociales, vamos a publicarlo para llegar a más gente —añade Andrés, sugiriendo una forma de expandir el alcance de la búsqueda.
—¡Muchas, muchas gracias a todos! Ahora sí, seguimos llenando de música el aire de la radio.