Volver a mí Capítulo 18 #7
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Capítulo 18 #7

—De verdad, ya no importa. Éramos dos tontos.

—De todas formas, yo… quiero decírtelo. ¿Sabes qué? La realidad es que no me sentía suficiente para estar con alguien como tú.

—¿Qué?

—¡Oh, a simple vista lo nuestro era una locura!

Yo era tan poca cosa. No tenía nada que ofrecerte.

Esa noche, mientras bailabas y brindabas con Juli, supe que jamás merecería tu amor.

Me asusté y lo arruiné. Te veías radiante e inalcanzable…

Entendí que, si me hacías tuyo y yo te hacía mía, era una especie de sentencia.

Yo no podría volver a apartarme de ti, por nada ni por nadie.

Besarte, tocarte y sentirte era algo que había deseado por tanto tiempo que, al ver que era real y que sucedería, no sabía si era capaz de resistirlo.

Yo sería tu condena, ya era un caso perdido y todos lo decían.

No iba a arrastrarte conmigo a la miseria.

Tú vivías en una mansión, mi casa se llenaba de agua cuando llovía.

Tú sacabas puros sobresalientes, yo cruzaba los dedos para sacar buenas notas.

Tu familia tenía dinero, pero la vieja y yo apenas llegábamos a fin de mes.

Tu vida y la mía eran tan diferentes. Yo no pintaba nada contigo, Sofi.

Tu madre tenía razón al no aprobarnos. Los príncipes no son así, así que rogué para que lo encontraras algún día.

Duele. Duele. Duele.

¿Quién hubiera dicho que un chico como Marcos pensara así de sí mismo?

—Y por eso me dejaste plantada.

—Sí.

—Idiota.

—Sí.

—Estúpido.

—Sí.

—¿Te arrepentiste?

—¡Mucho!

Ahoga su voz cuando lo envuelvo con mis brazos.

—Espero que hayas trabajado en tu autoestima —susurro contra su pecho.

Me pasa la mano por la espalda y una risita nerviosa se le escapa.

—No sé si algún día me sentiré a la altura de las circunstancias.

—Más te vale que sí.

—Lo intentaré.

—¡Eso es! —Me separo lentamente para mirarlo a los ojos—. Prefiero que nos enfoquemos en las nuevas oportunidades que van a llegar —digo, tratando de cerrar el tema y dejar una puerta abierta.

—De acuerdo. —Sonríe—. Parece que la vida así lo quiere.

—Yo lo quiero. Tenemos asuntos pendientes, tú lo has dicho.

—¡Mierda! ¿Qué ves en mí?

—Al chico al que amé. Me gustaría que no me rompa de nuevo el corazón.

Niega lentamente con la cabeza y su sonrisa me llena de promesas no dichas. Nos miramos a los ojos, pero los suyos bajan hasta mi boca. Suelto un suspiro.

—Uf, qué tarde es.

—Sí, será mejor que descanses.

—Bueno, buenas noch… —Mi saludo se ve interrumpido cuando Marcos bloquea mi paso de repente—. ¿Qué sucede?

Inclina la cabeza hacia mí, y cierro los ojos por instinto cuando sus labios rozan mi cuello. Un suspiro contenido se me escapa al sentir la calidez de su beso sobre mi piel después de tantos años. Me siento diminuta y frágil.

—Ahora sí. Buenas noches, Sofi —susurra, separándose y dejando una estela de deseo en el aire.

—Que descanses… —consigo articular, sintiendo que mis piernas tiemblan ante la cercanía y la intimidad de este gesto que no esperaba.

Ingreso deprisa a la casa tratando de no hacer ruido.

Me dirijo hacia mi cuarto. De reojo, observo que Juli sigue durmiendo en el sofá, delicada y tranquila.

Cierro la puerta de mi habitación con cuidado, como si pudiera alejarme de la realidad.

Me dejo caer sobre la cama, liberando el aliento que había estado conteniendo.

Sacudo la cabeza en un intento de despejar mi mente y me dirijo al baño. Necesito ese breve ritual de cepillarme los dientes y lavarme la cara para sentirme más despierta y presente.

Después de quitarme la ropa, me enfundo en mi pijama, sintiendo su suavidad y comodidad contra mi piel. Me deslizo entre las sábanas, buscando esa sensación de refugio y seguridad que tanto anhelo. Me estiro y suspiro, dejando escapar las tensiones acumuladas durante el día.

Al alcanzar mi teléfono para configurar el despertador, me sorprende encontrar un mensaje en WhatsApp. Es un número que no está dentro de mis contactos, pero la foto de perfil revela que pertenece a Marcos.

Marcos, 11:41 pm

Me gustaría saber cómo logras ser más hermosa con el paso del tiempo.

¿Te das cuenta de que no me interesa nada más cuando se trata de ti?

—Oh, Marcos…

Me aferro al teléfono, sosteniendo cada palabra de la misma forma que lo haría con un tesoro, y una sonrisa tímida se dibuja en mis labios. ¿Cómo es posible que alguien vea en mí esa belleza que a menudo me cuesta reconocer?

Cierro los ojos y visualizo a Marcos en su propia casa, en su cama, preguntándome si estará pensando en mí, del mismo modo que yo pienso en él.

La imagen de su rostro, su suave beso sobre la piel de mi cuello, la manera en la que me mira y el sonido de su voz se reproducen una y otra vez en mi mente.

Siento el eco de su toque, un calor que se expande y se propaga por todo mi cuerpo.

Muerdo con suavidad mi labio inferior, liberando un suspiro cargado de anhelo y, al mismo tiempo, permito que mi mano derecha, guiada por el deseo, se aventure directamente entre mis piernas.