Volver a mí Capítulo 18 #6
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Capítulo 18 #6

—¿Te puedo pedir un favor? —le pregunto, esperando su respuesta mientras cruza los brazos sobre la mesa.

Asiente, intrigado por mi solicitud.

—Si algún día tienes la suerte de entrevistar a Harry Styles, ¿puedes decirle de mi parte que soy su fan número uno y que lo amo?

Una carcajada escapa de sus labios, llenando el aire con su alegría contagiosa.

—¡Trato hecho! Aunque, si llego a tener esa suerte, buscaré la manera de que se lo digas tú misma en persona.

—Créeme que ese día moriré… pero feliz. Oye, ¿alguna vez… tuviste una aventura con una celebridad?

Levanta las cejas varias veces, insinuando la posibilidad.

—¿Tú qué piensas? —me desafía, invitándome a especular.

Sonrío, jugando con la idea.

—Bueno, me burlaré de ti cuando tu nombre aparezca en la televisión internacional.

—¡Es mentira! —Se ríe, negando con la cabeza—. No he llevado a ninguna famosa a mi cama.

Jugueteo con una servilleta, divertida por su reacción.

—Tú no, entiendo. Pero ¿alguna sí te ha llevado a ti a su cama? —inquiero, manteniendo la broma en marcha.

Su carcajada se mezcla con la mía, atrayendo la atención de las mesas cercanas.

—Tampoco, te lo aseguro —responde—. Oye, ¿te gustaría comer algo más?

—No, ¿y tú?

Niega con la cabeza, satisfecho.

—Pediré la cuenta.

—Ya he pagado, esta vez invito yo —anuncia mientras se levanta y se dirige hacia la salida.

Le alcanzo, sintiéndome un tanto culpable.

—Eso no es justo… —me quejo.

Su expresión se suaviza mientras me mira.

—Pues no me importa.

Sorprendida por su respuesta, decido jugar con el comentario.

—Con ese genio, entiendo por qué no te has acostado con ninguna famosa.

Abre la boca, sorprendido, y entrecierra los ojos, como si buscara descifrar si se trata de un cumplido o de una burla.

—Qué grosera eres… —dice, pero no puedo evitar notar una chispa de diversión en su mirada—. Solo para que sepas, eres la única que se queja de mi genio.

Se me ocurre decirle que por eso jamás concretamos, pero sé que sería un chiste de pésimo gusto, una broma sin sentido que podría arruinar nuestro encuentro. Además, sería una completa mentira.

—Doña Itatí, Irupé y Julieta estarían de mi lado. Incluso Dan.

Una risa genuina escapa de sus labios, así que disfruto del sonido.

—Es verdad… —admite, soltando un gruñido juguetón—. Y bueno, tampoco me importa. Todos tendrán que seguir soportándome.

Caminamos juntos hacia el exterior, dejando atrás el bullicio. Continuamos con la tiradera de bromas mientras avanzamos, disfrutando de la compañía. Cada chiste y risa compartida parece fortalecer nuestro encuentro, y deseo prolongar este momento tanto como sea posible.

Me siento envuelta en esta cercanía renovada y me cuesta pensar en despedirme.

Me gustaría decirle que quiero seguir con él un poco más, segura de que aceptaría.

Al mismo tiempo, noto una tensión extraña: recuerdo ese beso pendiente y me pasa por la cabeza la posibilidad de que todo avance más de lo que esperaba.

—Dejando de lado las bromas de una vez, Marcos, eres increíble —confieso mientras nos detenemos frente a la entrada de la casa de Juli—. Gracias por la cena y, ¡mierda!, por los crepes. ¡Moría de ganas! Tenía ese antojo pendiente desde hace mucho tiempo.

Su sonrisa se ensancha y puedo ver en su mirada que algo ha cambiado, algo se ha encendido dentro de él. Su atención se fija en mis labios, creando una tensión palpable entre nosotros.

—También tengo un antojo pendiente —susurra, como si estuviera compartiendo un secreto con el viento.

—Ah, ¿sí?

Él traga con fuerza, apartando la mirada hacia el césped bajo sus zapatos antes de volver a encontrarse con mis ojos.

—Bueno, sí —suelta, con una leve vacilación—. Tenemos…

—¿Nosotros?

—Sí. Creo que era un beso, ¿lo recuerdas? —Se rasca la nuca en un gesto nervioso.

Mis pensamientos se detienen por un instante, como si el tiempo se suspendiera a nuestro alrededor.

La mención de aquel beso prometido despierta una mezcla de emociones en mí, desde la nostalgia hasta la esperanza.

Sin embargo, antes de que pueda responder, las palabras se quedan atascadas en mi garganta, como si mis oídos no pudieran creer lo que acaban de escuchar.

—Oh… Bueno, hoy estuve pensando en nuestra graduación. Creo que sí, creo que era un beso… Pero…

Las palabras flotan en el aire mientras ambos exploramos el terreno antes de lanzarnos de lleno al campo minado de nuestros sentimientos.

—Claro que lo recuerdas, tanto como yo.

—Es que…

—Fui un idiota. ¿Por qué no me insultas? ¡Adelante! Estoy seguro de que nunca me lo perdonaste —dice después de un silencio.

Una risita suave se escapa de mis labios.

—No. Honestamente, prefería creer que lo olvidaste en lugar de pensar que me habías dejado plantada.

Un suspiro de frustración escapa de él, acompañado de una expresión de disgusto consigo mismo.

—¿Lo ves? Permití que te imaginaras cualquier cosa. No me lo perdono.

—Ya no importa…

—¿No quieres saber por qué?

—No. —Niego con la cabeza, insertando la llave en la cerradura y girándola con suavidad.

—Pero…