Capítulo 18 #2
Desde mi rincón en la oficina, alcanzo a ver a la secretaria de Juli en la recepción.
Está escuchando el programa de radio de Marcos y de Andrés con toda la atención del mundo.
Y claro, no me sorprende: ese canal tiene tantos seguidores que parece imposible encontrar a alguien que no lo tenga de fondo.
Por lo que, al llegar, Juli no hizo más que elogiar la voz de su nuevo interés romántico y sexual.
Disfruto de este ambiente de trabajo, acompañada por las palabras del hombre que, de manera algo torpe, me confesó los sentimientos guardados en su corazón hasta hace unas horas.
Su presencia en el programa de radio me acompaña como si estuviera aquí mismo.
Sus comentarios ingeniosos y su buen humor llenan el ambiente; su energía se contagia y sus risas consiguen que mi día suene mucho mejor.
Antes, al encender la radio, sentía cierta incomodidad, como si me estuviera metiendo en un espacio que no me correspondía.
Pero después de la charla que tuvimos anoche, todo cambió: ahora lo disfruto distinto, sin esa sensación de estar cruzando un límite.
Admiro a Marcos por vivir de lo que realmente le apasiona y le hace feliz.
Su voz transmite dedicación y talento, y tiene una forma única de entregarse por completo a quienes lo escuchan.
No es sencillo mantener la atención de tanta gente, pero él lo consigue con soltura.
Estoy convencida de que incluso si hablara de temas aburridos, la audiencia seguiría ahí, porque tiene esa habilidad de transformar cualquier cosa en algo entretenido e interesante, como si pudiera darle un toque mágico hasta a las palabras más simples.
—¡Aquí estás! —exclama Juli, entrando en la oficina con una energía que casi hace temblar las paredes.
Yo la miro y pienso que su entrada merece aplausos.
—¿Ya acabaste tu clase?
—No, aún falta, pero me tomé un descanso. ¿Y tú qué estás haciendo? —pregunta, frunciendo el ceño mientras intenta descubrir lo que aparece en la pantalla del ordenador.
—Estoy escribiendo… —respondo con una sonrisa, sintiendo que las ideas fluyen como si mis dedos tuvieran piloto automático.
—Mmm… ¿Te inspira algo en especial? —pregunta Juli, inclinando la cabeza y poniendo una mano detrás de la oreja, como si intentara captar un secreto que anda flotando por el aire.
Enseguida entiendo a qué se refiere: la voz de Marcos.
—Qué cosas dices… —contesto negando con la cabeza, aunque mi sonrisa se ensancha todavía más.
—¿Y esa cara, Sofía?
—Nada, de verdad…
Se deja caer en el asiento frente a mí con una calma casi maternal, como si estuviera a punto de darme un consejo de vida. Pero al segundo entrecierra los ojos y me lanza esa mirada de detective aficionado, como si estuviera resolviendo un misterio y yo fuera la principal sospechosa.
—Me olvidé preguntarte… ¿Qué hiciste anoche? ¿Por qué llegaste de madrugada?
Intento contener mi sonrisa, pero resulta inútil. La emoción se apodera de mí y siento que mis orejas arden, revelando mi secreto.
—Estuve con él… —murmuro, sintiendo que mi corazón parece haber decidido correr una maratón sin avisar.
Ella abre la boca y levanta las cejas, con una mezcla de sorpresa y alegría tan evidente que por un segundo pienso que va a sacar confeti de algún bolsillo.
—¡Me encanta escuchar eso, So! ¿A dónde fueron? ¿No…? —Me hace un gesto obsceno con los dedos, dejando la frase inconclusa.
—¡Claro que no! —exclamo negando con la cabeza, tratando de disipar cualquier malentendido—. Estuvimos en Oveja Negra.
Una expresión de nostalgia cruza por su rostro.
—¡Qué lindo! Hace mucho tiempo que no voy… Podríamos ir de nuevo juntas, ¿qué dices?
—¡Claro que sí! Quiero regresar al bar antes de retomar mi rutina laboral en la ciudad…
Se inclina hacia mí, esperando una respuesta sincera que la haga partícipe de mi historia, interesada en conocer más detalles.
—Cuéntame… ¿Cómo están las cosas entre ustedes?
—Bueno…
Tomo una bocanada de aire para abrir mi corazón, pero antes de que pueda continuar, un llamado en la puerta interrumpe nuestra conversación, dejando la charla en suspenso.
Juli se disculpa con rapidez antes de abrir la puerta.
—Tienes una cita y la señora Méndez te está esperando. Parece estar muy apurada… —anuncia la secretaria con una expresión de preocupación.
—¿Se queja por solo cinco jodidos minutos? —se lamenta Juli, dejando escapar un suspiro de frustración—. ¡Dios mío! Dile que ya voy, por favor.
La secretaria asiente mientras se aleja como un corderito asustado.
—Perdón, Sofi… —dice, girándose hacia mí con una mirada apenada—. Tengo trabajo que hacer… ¿Prefieres dar un paseo o salir de aquí?
—No, no es necesario. Tenías razón, estoy inspirada… ¡Es el lugar perfecto para seguir escribiendo!
—¡Lo sabía! —exclama soltando una risita juguetona—. Regresaré enseguida…
Antes de que se aleje, aprovecho el momento.
—Oye, Juli…
—¿Sí? —Se voltea hacia mí con una mirada llena de curiosidad.
Me levanto de mi asiento y cierro la puerta con cuidado, asegurándome de que nadie más pueda escuchar nuestra conversación.
—Quiero decirte algo…
Al no saber cómo empezar, decido expresarlo a través de un abrazo apretado, buscando transmitir todo lo que siento.
—¿Qué sucede? —pregunta.
—Gracias y perdón.
—¿Por qué?
Me separo, apenas atreviéndome a mirarla a los ojos, sintiendo que las palabras se agolpan en mi garganta, anhelando ser pronunciadas. Me tomo un momento para responder, permitiendo que mis emociones se asienten antes de abrirme por completo.
—Marcos me contó lo que sucedió en tu camerino.
Su sonrisa desaparece en un segundo y su ceño se frunce al recordar el incidente.
—Oh, mierda… ¿Por qué nunca me preguntaste al respecto?
—Tuve miedo y… muchas cosas más.
—Tú… ¿Qué pensaste que había sucedido? —Ante mi expresión, abre los ojos como platos—. ¿Me consideraste capaz de hacerte eso?
—Soy horrible… —murmuro, negando con la cabeza mientras mis inseguridades me pesan como una mochila llena de piedras—. Tenía tantas dudas que ya no sabía qué pensar.
Juli suspira y me mira con ternura.
—No sé qué me ofende más: que me vieras como una traidora o que pensaras que tengo un gusto espantoso para elegir hombres —dice, intentando suavizar el momento con humor—. ¡Qué asco! ¿Marcos? ¡Puaj!
Su comentario nos arranca una risa a las dos, aunque yo sigo sintiéndome avergonzada por haber dejado que mis pensamientos me jugaran en contra.
—Vamos, So… Solo estoy bromeando —me anima—.
Marcos no está mal, pero él era tu amor.
Y es verdad: fue un desastre, justo en el día más importante de mi vida…
Aun así, entre Marcos y yo lo aclaramos rápido.
Lo entendí, lo hablamos y quedó atrás. Lo que me duele es que hayas cargado con esa idea tantos años; ojalá lo hubiéramos conversado antes.
—No importa, saqué conclusiones de algo que no lograba entender.
Y estuvo fatal. Por eso te pido perdón. No merezco ser tu amiga…
Y además… ¡Mierda! Yo no debía pedirte explicaciones a ti ni a Marcos, así que no lo hice.
No olvides que en ese momento yo estaba con Néstor y… En fin, no era asunto mío.
Siento que la vergüenza y el remordimiento me envuelven en sus garras.
—Lo entiendo, Sofi. Pero hay códigos de amistad. Es decir, yo no soportaría que tú tuvieras un romance con alguno de mis ex…
—No harías nada que no te gustaría que te hicieran a ti.
—¡Exacto, así es! —afirma moviendo la cabeza—. Te quiero, ¿okey?
Una sonrisa tímida se dibuja en mis labios mientras le abro la puerta, permitiéndole salir de la oficina.
—¡Yo más! —respondo, sintiendo que se alivia la tensión—. Te esperan, Juli. Ve rápido. No quiero que te retrases por culpa mía.
Ella levanta un hombro en un gesto despreocupado y sacude la cabeza.
—Está bien, hablaremos en otro momento si lo necesitas —asegura, guiñando un ojo de forma juguetona—. Aún tienes que darme detalles de tu cita con Marcos.
Me lanza un beso al aire mientras se aleja deprisa, dejándome con un sentimiento renovado de amor y amistad que me da fuerzas para seguir adelante.
Mientras llego a una parte crucial de mi novela, en la cual los protagonistas por fin se besan, un torrente de recuerdos me envuelve de forma automática. El presente y el pasado se fusionan en un instante, y me transportan a aquellos momentos que han quedado atrapados en mi memoria.
—Ya casi estoy lista —le dije a Miriam, mirándola por el espejo del tocador.
Me incliné un poco hacia el reflejo, enfocada en cada movimiento, como si nada pudiera distraerme mientras terminaba los últimos detalles.
Mis tacones plateados, elegantes y llamativos, se alzaban orgullosos en el suelo de mi habitación, combinando a la perfección con el vestido estilo griego en tono turquesa. Juli y yo nos aseguramos de que mi atuendo no dejara nada al azar.
—Acaba de llegar tu… amigo —dijo con un tono precavido.
—Ah, ¿Marcos? Dile que bajo enseguida.
Su expresión seria y el silencio que siguió me hicieron desviar la atención hacia ella.
—¿Qué sucede?
—Jamás lo aprobaré —declaró, dejando en claro su rechazo por Marcos.
Ante su contundente afirmación, suspiré resignada, sintiendo la familiar frustración que surgía cada vez que abordábamos ese tema.
—¡Ay, mamá! Hoy no —respondí en un intento de desviar el conflicto que sabía que se avecinaba.
No tenía ganas de volver a entrar en una discusión sin fin sobre mi relación con Marcos en ese preciso momento.
Ya había renunciado a defenderlo ante mi madre.
Era inútil hacerle entender lo que sentía por él y lo especial que era para mí.
Fue Marcos quien me repitió hasta el cansancio que no le importaba la opinión de mis padres.
—¿Sabes qué? Mejor no le digas nada.
Me puse de pie, dejando escapar un suspiro mientras miraba a través de la ventana abierta. El sol del atardecer pintaba el cielo con tonalidades cálidas y una suave brisa acariciaba mi rostro, generando un contraste con la tensión que se respiraba en el interior de la casa.