Volver a mí Capítulo 18
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Capítulo 18

El sonido de la videollamada de Brune me arrancó del sueño de repente, haciéndome despertar sobresaltada.

Estiré los brazos, me froté los ojos y contesté.

Aunque seguía medio adormilada, me alegró ver su rostro iluminando la pantalla.

Mientras continuaba acostada en la cama, nuestra conversación se convirtió en una especie de ritual matutino.

Brune no tardó en notar los rastros de mi baba en la almohada y soltó una carcajada juguetona.

Esa risa contagiosa llenó la habitación y solo pensé que daría todo por escucharla por el resto de mi vida y evitar que se extinga.

Mientras hablábamos, Brune giró la cámara para mostrarme la nueva decoración de su cuarto. Los detalles iban apareciendo en la pantalla y me dieron la sensación de estar allí mismo, observando cada cosa en persona. La habitación reflejaba su lado creativo y juguetón.

Después de mostrarme todos esos detalles, Brune dijo que tenía que salir. Planeaba ir de compras con Silvia para preparar el almuerzo. Podía visualizar a Brune y a su abuela recorriendo las tiendas, eligiendo ingredientes frescos y discutiendo sobre las recetas secretas de la familia.

Aunque no podía ver a Néstor, sabía que estaba a su lado, ya que a veces ella le dirigía preguntas y él respondía en voz baja.

Desde que finalizamos la llamada, el deseo de marcar a Brune de nuevo no ha hecho más que crecer. Así que le envié una nota de voz con su canción favorita de fondo.

Pronto mi estómago rugió de hambre, y la sensación de vacío se hizo cada vez más evidente. Decidí levantarme de la cama y encaminarme hacia la cocina.

Néstor, 09:03 am

¿No te da vergüenza hablar con tu hija mientras estás en la cama de otro? Respeta a Brune. Por suerte ahora ella no entiende, pero sí lo hará dentro de unos años.

Qué difícil me resulta no convertir a Néstor en el villano de mi propia historia personal.

La injusticia me hiere tanto que siento un impulso visceral de insultar y gritarle desde lo más profundo de mi ser, con la idea de darle razones más que suficientes para que me trate como lo hace.

Sin embargo, esta oleada de ira intensa solo dura unos instantes antes de que me derrumbe sobre la barra de la cocina, exhausta y abatida.

No tengo ni la más mínima noción del tiempo que ha transcurrido hasta que Juli hace su entrada.

—¿Estás dormida? —me pregunta con su voz suave y preocupada.

Me incorporo con desgano y niego con la cabeza. Ella me responde con una sonrisa cálida y sirve el café que había preparado, cuyo aroma llena el aire y me da un pequeño consuelo.

—Debe estar frío —comento sin entusiasmo—. Déjame calentarlo y luego desayunamos juntas.

Me mira con una mezcla de curiosidad y ternura.

—¿Estás bien?

Suelto un suspiro, dejando que la tensión se escape con cada exhalación.

—Lo estaré, solo necesito unos minutos para recobrar fuerzas.

Decidida a elevar mi espíritu, Juli se dispone a actuar.

—Voy a levantarte el ánimo. Tengo al hombre perfecto para eso… —anuncia con una sonrisa pícara, mientras abre la aplicación de Spotify y me lanza un guiño cómplice. Nuestras risas llenan la cocina cuando la música comienza a reproducirse.

—¡Harry Styles! ¡Qué excelente elección! Sabes a la perfección qué me hace feliz, mi querida amiga.

—¡De nada! —exclama, dirigiéndose hacia una enorme ventana que derrama luz natural en la estancia.

Sin preocupaciones, se descubre un hombro y comienza a tomarse algunas selfies, adoptando poses incómodas y poniendo cara de pato. No puedo evitar quedarme hipnotizada mirándola.

—Ahora debo retocarlas un poco —me explica cuando por fin se ubica a mi lado.

Le entrego su taza de café y ella me agradece deslizando sus dedos con agilidad por la pantalla del teléfono, aplicando filtros y efectos a las fotografías. Mientras tanto, mi mente retrocede hace algunas horas, cuando llegué a casa.

—¿Hazme un bebé? —pregunto, luchando por contener la risa y mantener una expresión seria.

Juli escupe el café de inmediato, sorprendida por mi comentario inesperado. Me mira con los ojos abiertos como platos, y yo le respondo con una expresión de asco exagerada a propósito.

—¡Ay, Sofi!

—¿De verdad? —le pregunto, entre divertida y asombrada.

—No pensé que me ibas a oír… ¡Qué vergüenza! —dice con una mezcla de risa y bochorno.

—Te aseguro que he escuchado a mis vecinos teniendo sexo muchas veces, pero la frase «hazme un bebé» se quedará grabada en mi memoria para siempre.

Se agarra la panza de tanto reír a carcajadas y me contagio de su risa.

—¡Oh, hazme un bebé! Sí, así…. —imito su tono de voz.

—Bueno, tienes razón. ¡Suena ridículo! Pero a él le encantaba que se lo pidiera de esa manera.

—¡No me digas! No me había dado cuenta… —bromeo, rodando los ojos de forma juguetona.

—No lo puedo creer… La próxima me coso la boca.

—No te preocupes. Primero me reí mucho, pero después puse los auriculares a todo volumen y me quedé dormida. Fue demasiado para mí…

Se cubre la cara, avergonzada por la situación.

—¡Perdón!

—¡Que no es para tanto, tonta! ¿Quién era? ¿Ese sujeto de la fiesta?

—Sí, Andrés… —Suspira y se muerde el labio inferior.

—De todas formas… ¡Qué envidia! —bromeo.

—¡Fue maravilloso! —exclama con una chispa de alegría iluminando su rostro—. Andrés es un verdadero experto en la cama. Nadie me ha follado como él, nadie me ha hecho sentir tanto placer.

—¡Qué suerte tienes!

Suspira de nuevo, sumergiéndose en sus recuerdos recientes.

—Su voz, Sofi… ¡Su voz! No comprendo cómo me provoca tantas sensaciones intensas y hermosas… Siento que solo con escucharlo podría alcanzar un orgasmo, ¿entiendes?

—No exageres…

Asiente con entusiasmo, como si toda su energía se reflejara en ese gesto.

—¡De verdad! ¿Alguna vez te han follado tan duro que te dieran ganas de suplicar?

—Eh, no…

—Casi me pongo a llorar cuando se marchó esta mañana. Quería que se quedara. Ay, y su lengua…

Con curiosidad, le pregunto:

—¿Lo vas a volver a ver hoy?

Noto en sus ojos una mezcla de deseo y expectativa.

—No lo sé… Me encantaría. Incluso si se trata de un polvo de tres minutos, me alcanza para que las sábanas se pongan contentas.

—¡Vas a terminar loca de amor por él! —le suelto, pensando en lo rápido que siempre se ilusiona, como si tuviera un botón automático para enamorarse.

—Lo sé, Sofi… Esta vez es otra historia. Lo nuestro es pura química, solo cuerpo y piel. Y ya me prometí que no voy a complicarme.

—Eso espero… Aprovecha el momento y disfruta mientras dure.

—No hace falta que me lo recuerdes. Estoy decidida a vivir lo que tenga con Andrés sin darle tantas vueltas. Además, tú también deberías permitirte un buen polvo…

—Uf, no sé…

—¿Por qué no? ¡Estás soltera! —me anima.

—Sí, lo sé… Pero…

—¿Tan malo era tener sexo con Néstor?

—¡No! No, no… —niego con determinación, bajando la voz como si el peso de mis palabras se hiciera más denso—. Estaba bien.

—¿Nada más que bien?

—Al principio, el sexo era frenético e intenso. Cuando estábamos juntos, el mundo desaparecía y solo existíamos nosotros dos. Pero… hubo un antes y un después…

—¿Al nacer Brune? —intuye.

—Sí… Todo cambió. Me cerré por completo a cualquier tipo de contacto físico. No me sentía a gusto con mi propio cuerpo, y aún no lo hago del todo…

—Eres hermosa, Sofi. No lo olvides nunca.

—Él decía lo mismo, pero me sentía como un objeto…

—¿Por qué?

—No sé bien por qué me sentía así. Tal vez haya cosas que debería analizar más a fondo. Además, ¿y si Brune nos escuchaba? Ella siempre estaba en casa, excepto cuando iba a la escuela.

—Bueno, supongo que es horrible como hijo darte cuenta de que tus padres tienen sexo… Aun así, es natural tomarte un tiempo con tu pareja, ¿no buscabas un momento a solas con él?

—No, era una pesadilla. No podía, de verdad… ¡Aunque estuviéramos a solas, no me relajaba! Y después… simplemente perdí todo tipo de interés.

—¿Solo con él?

Me encojo de hombros; supongo que mi cara ya lo dice todo.

—No tengo ni la más mínima gana, con nadie… ni siquiera me da curiosidad probar por mi cuenta.

El gesto de Juli se transforma al momento: una mezcla rara entre sorpresa y horror, como si le hubiese soltado la confesión más ridícula que podía esperar hoy.

—¿Es posible perder el interés de esa manera? Con lo maravilloso que es el sexo… ¡Vaya!

Me tomo un momento para reflexionar.

—No lo sé… ¿Tendré alguna especie de disfunción? —me pregunto en voz alta.

Sacude la cabeza con vehemencia, rechazando mi diagnóstico de inmediato.

—¡No digas eso! No hay nada de malo contigo, So.

—Yo creo que sí, ahora que lo pienso… ¡Soy incapaz!

—Quizás sea el estrés o la ansiedad… Supongo que solo necesitas encontrar a la persona adecuada. Tal vez ya no amabas a Néstor y eso te impedía entregarte por completo.

Agito la cabeza, rechazando esa posibilidad con rapidez.

—No, no es posible… No lo sé…

Me mira con compasión, como si de repente me hubiera diagnosticado una enfermedad incurable y no supiera de qué manera consolarme.

—No exageres, Juli. No es para tanto…

Ella corta por lo sano y cambia de tema.

—¿Y tú? ¿Tienes algún plan para hoy o vas a dejar que Netflix decida por ti?

Niego con la cabeza, sintiéndome un poco perdida.

—Nada de planes.

Una sonrisa cálida se dibuja en su rostro.

—¿Por qué no me acompañas al trabajo entonces? Así podrás distraerte un poco.

Acepto su propuesta encantada; cualquier cosa que me mantenga ocupada y lejos de mis dramas suena perfecto. Al fin y al cabo, distraer la cabeza siempre es un buen plan.

Mientras Juli da una clase sobre perfilado y diseño de cejas, yo me acomodo en su oficina, ordenada y tranquila, para ponerme a escribir y avanzar con mi novela. Aunque me dijo que podía presenciar la clase, preferí estar sola. A veces el silencio es el mejor aliado para que las ideas aparezcan.