Volver a mí Capítulo 17 #7
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Capítulo 17 #7

Me fijo en su perfil, notando que sus ojos se pierden en la oscuridad de la calle. Su rostro refleja una mezcla de tristeza y determinación, como si llevara consigo un peso invisible que lo consume por dentro.

—No importa, no hay nada de malo. La respeto.

—Escúchame, no te apresures en sacar conclusiones, ¿sí? —susurra con el ceño fruncido.

Asiento despacio.

Sobre nosotros, el cielo oscuro se llena de estrellas. Cada segundo parece alargarse, como si el universo nos diera tiempo para decir lo que todavía guardamos.

—¿La amabas? —pregunto con ansiedad.

Se ríe con nerviosismo y sus manos se mueven inquietas.

—¡Claro que no! Nunca la amé, ni ella me amó. Jamás nos amaremos. Lo que sucedió fue un error y no es lo que piensas. Por eso quiero que me escuches.

Sus palabras quedan dando vueltas en mi cabeza y, aunque no era la respuesta que esperaba, siento un alivio ligero que me afloja el corazón.

—¿Un polvo?

La tensión vuelve a apoderarse de la atmósfera y veo cómo su mirada se pierde en un recuerdo doloroso, removiendo las profundidades de su ser.

—No, ni siquiera hubo un beso, Sofía.

—¿Qué hiciste entonces?

Guarda silencio por un instante. Luego, en un suspiro cargado de culpa, encuentra el coraje para expresarse.

—Fue un enorme error… La seguí a su camerino y… no tuve una idea más enfermiza que… Solo le dije que la quería follar y que lo haría mejor que su esposo, ¿te das cuenta de lo mal que suena? Estaba borracho y enfurecido, herido…

—¿Por qué? —Mi voz tiembla.

—Porque la chica que me gustaba estaba enamorada, y… yo no me encontraba preparado para verla feliz y embarazada de otro —admite tras una pausa.

Sus palabras llenan el coche con pena y culpa. Las lágrimas me nublan la vista, incapaz de contener la tristeza que me atraviesa.

—No tuve una idea más brillante que ir tras nuestra mejor amiga para…

para darte celos, para ver si todavía te importaba.

Pensé que así podía recuperarte, pero lo único que hice fue lastimarte más.

Fui un completo idiota, cometí el mayor error de mi vida.

¿Y Julieta? Pobrecita… Al principio creyó que era una broma de mal gusto, luego…

me odió tanto que me arrojó sus cosas, el jodido maquillaje y lo demás.

Y por eso no quiero que entres a su casa pensando que te traicionó.

Marcos habla con la voz entrecortada, su rostro refleja el peso de la culpabilidad. Su mirada se desvía, incapaz de encontrarse con la mía.

—Yo no… —balbuceo, sin saber qué más decir.

—Julieta tenía miles de razones por las cuales iba a rechazarme, y yo las conocía muy bien.

En primer lugar, porque tú eres lo más importante para ella.

En segundo, amaba a su estúpido esposo. Y por último, no soy su tipo ni de coña.

Y sí… cuando te vi en aquel pasillo, noté cuánto te afectó, y eso me avergonzó muchísimo… No era mi intención dañarte, Sofi.

Finalmente, las lágrimas se deslizan por mis mejillas, liberando el dolor acumulado dentro de mí. Aunque estuve enamorada de Néstor, a pesar de haber estado embarazada de él… Me dolía mucho porque, incluso en esas circunstancias, me era imposible no seguir amando a Marcos en aquel entonces.

—En fin, pasaron los meses y luego me encontré con Juli en una fiesta cuando más la estaba evitando.

¿Sabes qué me dijo? «¿En qué momento piensas pedirme disculpas, maldito infeliz?

Además, me debes dinero por haber jodido mis perfumes y mi maquillaje».

—Deja escapar una risa llena de tristeza—.

Eso fue lo que hice. Junté el coraje y le pedí perdón, reconociendo sin vueltas que me había equivocado.

Aquella noche, miserable, borracho y destrozado, me refugié en su hombro y lloré por ti como un niño desconsolado. Soy patético…

Me pregunto si debería pedirle perdón. ¿Será lo correcto?

Marcos se pasa una mano sobre la cara y apoya toda su espalda sobre el asiento, luego me mira por fin…

—Ahora es momento de pedirte perdón, Sofi…

Sacudo la cabeza, incapaz de articular una respuesta coherente. Mi mente se ve abrumada por una tormenta de sentimientos que luchan por encontrar su lugar en mi corazón.

—No llores más, por favor. Perdóname. Aunque dejé de hablarte, nunca pude sacarte de mi cabeza. Intenté seguir con mi vida, pero siempre volvías a mí… —Su voz se quiebra, cargada de una profunda súplica.

Tomo su mano temblorosa y, sin poder contenerme, me acerco y lo abrazo con fuerza, como si ese gesto borrara de golpe todo el tiempo que estuvimos separados. Su aliento roza mi oído mientras la noche guarda silencio y nos envuelve.

—No soy tan despreciable —susurra—. Me alegró de corazón que lograras construir una hermosa familia con él, ¿me escuchas? Tienes una hija maravillosa, Sofi. Mírame…

Niego con la cabeza, incapaz de contener la emoción que brota de lo más profundo de mi ser.

Mis brazos se aferran a él con más fuerza, como si pudiera fundirnos en un solo ser y borrar todo el tiempo perdido. Él acaricia mi espalda en un gesto cálido y reconfortante, buscando consolarme.

—Lo único que he deseado es tu felicidad. No quiero que ahora sientas culpa, ¿de acuerdo? Por favor, mírame.

Al fin consigo apartarme de él, pero no suelto su mano; me da miedo que Marcos se esfume si lo hago.

—Sé que no tuviste intención de lastimarme. No has hecho nada malo. El tonto que debe pedir perdón soy yo, ¿de acuerdo?

—No, Marcos. Tú… fuiste la única persona que de verdad se preocupó por mis sentimientos y que dejó a un lado su propio egoísmo para asegurarse de que yo fuera feliz. ¿Crees que debo perdonarte por eso? Ha sido el acto de amor más grande que alguien me ha demostrado. Gracias.

Una sonrisa tierna se dibuja en sus labios, pero pronto recuerda que debe mantener la compostura y se endereza en su asiento, devolviendo la seriedad al momento. Aprovecho para secar mis lágrimas con un pañuelo desechable, tratando de controlar la avalancha de emociones que amenaza con desbordarse.

—¿Puedo verte de nuevo mañana? —pregunta con una mirada llena de esperanza y temor a la vez, como si estuviera sosteniendo el destino en sus manos.

Mi corazón da un vuelco en mi pecho y una sensación de felicidad se expande por todo mi ser. Quiero confesarle que estaré contando cada minuto hasta encontrarnos de nuevo, que el simple hecho de imaginar su presencia llena mi vida de luz y alegría.

—Me encantaría volver a verte —respondo con una sonrisa, sin preocuparme por ocultar la felicidad que me embarga.

Desciendo del coche con la delicadeza de quien guarda un tesoro preciado, evitando dar la impresión de ser una adolescente desesperada por un poco de cariño masculino.

Sin embargo, espero que pueda percibir la emoción y la gratitud que rebosan en mí en este momento, como un río desbordado que busca encontrar su cauce.

—Conduce con cuidado.

—Así lo haré. Descansa, Sofi —dice con ternura, como si quisiera envolverme en su protección.

—Buenas noches y… gracias por volver a mi vida.