Capítulo 16 #4
—Dicen que Marcos y Julieta decidieron seguir follando juntos, dejándote fuera, y que tú los descubriste en un camerino.
—Las palabras de María Luz flotan en el aire, alimentando mi confusión—.
Otros creen que no existe tal versión de poliamor, pero sostienen que algo ocurrió entre ellos durante la fiesta.
Dicen que Marcos le hizo una despedida de soltera en privado, ya sabes…
El recuerdo de aquella noche aparece de golpe, trayendo conmigo la mezcla de intriga y dudas que todavía me rondan.
Juli lucía tan afectada, sus ojos reflejaban un dolor oculto, y Marcos…
Él se alejó con una mirada cargada de tristeza y enfado.
No sé en qué creer. Me quedé atrapada entre distintas posibilidades, temiendo aquella que no quería aceptar.
Después me invadió la culpa, porque tampoco me gustaba pensar así de ellos ni de lo que alguna vez compartimos.
El barman coloca otros shots frente a nosotras, sus manos expertas en la creación de pequeñas dosis de euforia.
—¡Me encanta brindar! —María Luz ríe. Sus dedos acarician mi nuca, deslizándose hasta mi mentón—. ¿Alguna vez has tenido la oportunidad de estar con dos mujeres y un hombre? Un grupo de cuatro resulta más emocionante que tres, que es un número típico y simple, ¿no te parece?
Mis ojos se desvían de forma involuntaria hacia Marcos y su amiga de pelo rosa, mi corazón se aprieta ante la visión.
No quiero mirarlos, evitando la tormenta de emociones que amenaza con desbordarse.
Recuerdo que él rechazó bailar con Cara, buscando una excusa para invitarme a tomar un trago, y yo no le correspondí.
No lo ayudé de la misma forma que él lo hizo por mí frente al idiota de Ricky.
Una parte de mí seguía negando la verdad, engañándome en un intento desesperado por mantener intactas mis ilusiones. Tal vez siempre estuve equivocada, atrapada en un laberinto de deseos y verdades dolorosas.
Con un movimiento brusco me aparto de María Luz, sintiendo cómo mi cuerpo se pone tenso en medio del caos que me rodea.
Recorro el lugar con la mirada, atenta a cada detalle.
: las luces parpadeantes que llenan la atmósfera con colores artificiales, la música ensordecedora que retumba en mis oídos, los olores mezclados de alcohol y sudor que flotan en el aire cargado.
Observo a la multitud desinhibida entregándose al desenfreno de la noche, mientras la maldita cocaína es adorada por algunos como una diosa tentadora.
En medio del caos que me rodea, me pregunto qué demonios estoy haciendo aquí. No pertenezco a este mundo de excesos.
—Fue agradable verte, María Luz —me despido mientras me alejo de ella.
—¿Ya te vas?
Esquivo su expresión de decepción al mismo tiempo que crece mi urgencia de escapar de este lugar que me oprime.
—Es mejor que me vaya.
—La fiesta acaba de empezar…
—Lo sé… Aun así…
—Oh, está bien. Nos vemos, Sofi —dice, tomando mi shot abandonado y bebiendo de él.
Camino rápido hacia la salida, con la sensación de no encajar en este mundo tan efímero y superficial.
Los guardias me abren la puerta y atravieso el umbral hacia la libertad.
Sigo el mismo camino que recorrimos en coche para llegar aquí, cada paso me aleja más de la discordia que reina en el interior de este lugar.
Mientras avanzo, maldigo mi decisión de revivir una conexión perdida, de volver a un sitio al que ya no pertenezco.
En un intento por liberar mi mente de esta pesadilla, saco mi teléfono y le envío un mensaje a Julieta, avisándole que me retiro.
No sé si lo leerá, pero no me importa. Solo quiero sumergirme en la calidez de mi cama y, por encima de todo, estar junto a Brune.
—¡Sofi! —Marcos grita detrás de mí—. ¡Hey, espera!
Me detengo en seco, sintiendo una mezcla de sorpresa y enojo ante su persistencia.
—¿Por qué me sigues? —le inquiero, buscando respuestas que tal vez nunca encontraré.
Se planta frente a mí y sus ojos me examinan.
—Mejor dime por qué te vas.
Vacilo, deseando fijar mi mirada en cualquier cosa que no sea él.
—Es que… —Mi vista se pierde en la distancia, en la fiesta que continúa su frenesí—. Seré directa, ¿okey?
—De acuerdo.
—Lo siento, pero no debí venir. Este tipo de lugares no son para mí, ¿entiendes?
—¿A qué te refieres?
—Que tendría que estar en otro lugar… Al lado de mi hija —susurro, dejando escapar el peso que siento.
—Entiendo…
—De todas formas, agradezco la invitación.
—Déjame que te acompañe a…
—¡No! —Mi voz suena cargada de rencor y amargura—. Mejor no. Diviértete, Marcos.
Me alejo con decisión, sin esperar que me dé las buenas noches ni que intente detenerme. Total, bastante esfuerzo hace ya con fingir interés; no vaya a ser que se le arruine la actuación.
El aire se corta entre nosotros, como si todo lo que no decimos quedara suspendido, inmóvil.
Camino y cada paso suena demasiado fuerte, como si el silencio quisiera tragárselo.
Reconozco la escena: hace años nos alejamos igual, con ese vacío que vuelve y se abre otra vez, sin cerrarse nunca.
Y ahora pasa lo mismo, sin una maldita despedida.