Volver a mí Capítulo 16 #3
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Capítulo 16 #3

—Y tú siempre me ayudaste —susurro, dejando que mis palabras transmitan ese profundo agradecimiento que siento hacia él.

Marcos está a punto de decirme algo, pero una mujer interrumpe nuestro momento al desfilar entre nosotros con confianza, bajando hasta la cintura su ajustado vestido y dejando a la vista sus enormes pechos.

Ignoramos su presencia y él se sienta a mi lado, apoyando los codos sobre las rodillas y observando detrás de mí.

—Parece que Andrés no tardó en sacarse de encima a Ricky. Mira a esos dos… No pierden el tiempo —comenta con una sonrisa traviesa, señalando a Julieta y a su colega, que ya parecen inseparables.

—¿Tendrán sus lenguas enredadas y por eso…?

Marcos estalla en una carcajada contagiosa, un sonido que alegra mi corazón y que silencia el alboroto que nos rodea.

—Yo creo que se encuentran practicando una nueva técnica de respiración boca a boca —responde entre risas.

—O tal vez… solo intenta robarle su juventud. Sin ofender, pero tu colega debe tener la edad de tu abuela.

Una vez más, suelta una carcajada y echa la cabeza hacia atrás.

—¡No jodas! —exclama divertido—. Así que… ¿Has visitado a la vieja?

Antes de que pueda responderle, una mujer de cabello corto color rosa y una actitud segura de sí misma se acerca a nosotros, interrumpiendo nuestra conversación.

—¡Marcos, cielo lindo! Me acaban de contar lo que sucedió recién…

Reconozco su rostro, su expresión audaz y estilo único. Sin embargo, mi memoria falla al intentar recordar su nombre.

Pero a quien reconozco de inmediato es a la mujer que la acompaña, María Luz. Durante un tiempo, estuve enamorada de ella en secreto. A pesar de los años que transcurrieron, sigue igual de hermosa.

—¿Cómo fue que golpeaste a Ricky? —quiere saber la mujer desconocida, acomodándose sobre él, mientras los rayos de las luces de colores parpadean a su alrededor—. ¿Qué te hizo mi primo esta vez?

Marcos suspira, reflejando cierta amargura en su expresión.

—Nada importante… —suelta con un desgano que no esperaba.

Perdiendo su interés, la mujer saca un pequeño envoltorio de su bolsa. Es un paquete de pastillas de colores llamativos, que parecen tentadores caramelos. Toma una de ellas y la coloca sobre su lengua, como si fuera algo habitual. Luego extiende el envoltorio a Marcos.

—¿Quieres? —le ofrece, pero él niega con la cabeza.

—Estaba a punto de invitarle una copa a Sofi…

—¿Sofi? Creo recordar que nos hemos encontrado en algunas fiestas… Soy Cara —dice, deslizando su mirada por el lugar, como si buscara algo o alguien en particular.

—Sí, tal vez… —murmuro, tratando de recordar alguno de esos encuentros fugaces.

La música reverbera en el aire, invitando a los cuerpos a moverse en una danza frenética y desinhibida. Cara se levanta con gracia, tomando las manos de Marcos.

—¿Vamos a bailar, cariño? —pregunta, tirando de él hacia el centro de la pista.

Conozco la respuesta que parece no querer decir en voz alta gracias a su expresión, en la cual se mezcla resignación y cansancio, como si la idea de bailar no le resultara atractiva en absoluto.

—¡Oh, vamos! Solo un poco… Hazlo por mí, amor.

—Ve tranquilo, guapo —dice María Luz, entrelazando nuestros brazos—. Yo me encargaré de invitarle una bebida a Sofi.

Marcos inclina la cabeza, sus ojos se encuentran con los míos en un gesto de disculpa silenciosa.

—Estaré bien —le aseguro.

Me dedica una sonrisa triste antes de ceder a la insistencia de Cara.

María Luz me lleva hasta la barra. El lugar sigue cargado de energía, con el aroma de las bebidas mezclándose en el aire y esa sensación cálida que deja la fiesta en pleno movimiento.

—¿Cómo has estado? —le pregunto, tratando de ser amistosa.

—Disfrutando de esta loca noche —responde—. Ha pasado tanto tiempo… Es agradable volver a verte.

—¡Sí, lo mismo digo! No esperaba encontrarte aquí… Es una linda sorpresa. —Le sonrío.

Aprovechamos el momento en que dos sujetos abandonan sus sillas altas en la barra para ocuparlas con rapidez. María Luz se acerca al barman y le pide dos shots de tequila, mientras yo permanezco atenta, tratando de escucharla mejor, ya que el bullicio del lugar dificulta la comunicación.

—¿Qué te trae de regreso a la costa, Sofi?

—Vacaciones.

Sonríe, contagiada por mi alegría.

—¡Fantástico! Qué lindo que aprovecharas para venir. Tuviste una hija, ¿verdad? —pregunta, mostrando curiosidad genuina.

Asiento con la cabeza, dejando escapar una mezcla de nostalgia y orgullo.

—Sí, tiene diez años. El tiempo ha volado.

—¡A veces uno no se da cuenta de lo rápido que cambian las cosas! La última vez que te vi estabas embarazada.

En otra situación, me sentiría feliz al hablar de Brune. Siento un nudo en la garganta aún y no me apetece revelar mi reciente separación, ya que un tema llevará al otro.

Al menos, encuentro consuelo en el hecho de que conseguí hablar con Brune durante una hora y media por la tarde. Supongo que Lucía le entregó el mensaje a Néstor.

El barman, hábil en su oficio, coloca dos shots frente a nosotras, cuyos colores brillantes contrastan con la penumbra del bar.

—¡Salud! —exclama María Luz, levantando su vaso y bebiendo el contenido de un solo trago.

Trato de imitarla, pero mi gesto se ve deslucido y torpe. He perdido la costumbre de beber de esta manera, aunque el sabor amargo del tequila me recuerda a épocas pasadas, llenas de risas y desenfreno.

Intentando recuperar el hilo de la conversación, pregunto:

—¿En la boda de Juli?

María Luz asiente, su rostro se ilumina por las luces.

—¡Así es! Esa fue la última vez que nos encontramos. Han pasado tantas cosas desde entonces.

De inmediato, mis ojos se disparan hacia mi amiga, que permanece junto a Andrés, todavía entregados en un beso apasionado en medio del bullicio.

—¡Vaya noche! —exclama María Luz, siguiendo mi mirada hacia el mismo espectáculo hipnótico.

—Hace mucho que no salgo a divertirme, tal vez… ¿Tres años? Y esto no se compara en absoluto…

—Bueno, me encanta esta fiesta, pero me refería a la noche de la boda.

Un escalofrío me recorre al traer a la memoria aquel día especial, con todas las emociones que todavía se agitan por dentro.

—Ah, entiendo. Julieta estaba radiante de amor y más feliz que nunca. Todos disfrutamos.

—Es sorprendente que cada uno haya seguido adelante con sus vidas, considerando lo que había entre ustedes. Me refiero a ti, a Julieta y a Marcos…

No era ninguna novedad que la gente que nos rodeaba supiera que existía una conexión especial entre él y yo, así que no me sorprende que lo mencione.

—La realidad es que siempre fuimos buenos amigos.

—Yo diría más que buenos amigos. —Sonríe con picardía, buscando complicidad—. Ya sabes cómo es la gente, siempre hablando…

—¿Sí?

Elevo una ceja con curiosidad, capturando cada matiz de su expresión. María Luz, animada por el alcohol, se convierte en una narradora indiscreta.

—¡Hay cientos de rumores! Tú nunca tuviste problemas en asumir tu… —Sus ojos se deslizan hacia mis labios—. Es decir, nunca te avergonzó asumir tu sexualidad, y siempre estabas con Julieta, como siamesas…

Suelto una risa sarcástica ante lo ridículo que suena, como si la gente no hubiera tenido nada mejor que hacer que inventar chismes sobre nuestra amistad.

—Y Marcos… El rumor más repetido era que los tres compartían demasiado en la intimidad —insinúa en voz baja.

—¡Oh, por favor! ¿La gente de verdad inventaba esas cosas?

Miro al cielo, exasperada por la capacidad de las personas para fabricar cuentos sin fundamento.

—Algunos hasta juraban haberlos visto a los tres en la orilla del mar, teniendo sexo desenfrenado —comenta con una seguridad que hace parecer reales los rumores.

Un escalofrío me recorre al escuchar cómo María Luz lo dice, tan convencida de esas historias que no pasan de simples especulaciones.

—¿Y cuál es el rumor más reciente? —indago, aprovechando la ocasión.

Se toma un momento para pensar, mientras la atmósfera del lugar vibra con la energía de la música y las luces danzan en sincronía. La curiosidad se agita dentro de mí, esperando escuchar qué historias se han tejido en torno a nosotros.

—¡Hay bastante tela para cortar! Pero el que tiene que ver con ustedes… Mmm, déjame pensar… ¡Ah, sí! Bueno, han surgido muchas teorías sobre la ruptura de tu amistad con el chico guapo.

—¡Cielos!