Volver a mí Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—No tenía idea de que hablaban de mi nieto —dice, y en sus ojos aparece una chispa traviesa que contradice por completo sus palabras.

—No hay otro como él —suspiro, mientras los recuerdos de tantas charlas sobre Marcos vuelven a aparecer sin que nadie los invite.

Es casi un clásico: siempre terminamos hablando de lo mismo, como si fuera un tema obligatorio en este lugar. Nos reímos porque ya sabemos el guion de memoria, y aun así lo repetimos con gusto, como si compartirlo fuera parte del juego entre nosotras.

—¡Ay! ¿Has escuchado, anciana? No hay otro como él —se burla Juli.

Doña Itatí sonríe disfrutando del juego y del alboroto que ha causado la mención de Marcos.

—Ya lo creo…

—¡Está bien! —exclamo, alzando las manos en señal de rendición—. ¿Quieres que use otro diseño? Me llevaré este, entonces —anuncio, tomando un traje de baño con falda que destaca por su colorido. Es una elección más vivaz y vibrante que la anterior. Solo necesito desviar la atención hacia otro tema.

Juli asiente complacida, evaluando el nuevo traje de baño con una mirada de aprobación.

—Te cubrirá lo justo y necesario. No como ese otro que elegiste. Parece que está renaciendo mi amiga de buen gusto.

Entre risas y chismes de la farándula local, que algunos inevitablemente involucran a Marcos, finalizamos nuestra compra.

Doña Itatí nos acompaña hasta la puerta de su acogedora tienda, llena de objetos mágicos y recuerdos atesorados.

Nos despedimos con un abrazo colmado de cariño, prometiéndonos volver pronto a este refugio de amistad y alegría compartida.

—¡Pasaré a verte muy seguido esta semana! —le prometo con una chispa de emoción en los ojos, anticipando los momentos.

—Me encargaré de tener listas esas deliciosas y tentadoras galletas de coco que tanto te gustaban para acompañar nuestro café, ¿qué te parece?

—¡Sí! Tenemos temas pendientes de conversación, varias historias por compartir y más momentos por disfrutar.

—No se olvide de mí, anciana —bromea Juli, mientras coloca su brazo alrededor del mío en un gesto de unión y amistad profunda—.

¡Somos un combo inseparable! Estaré pegada a So toda la semana.

—Con un susurro apenas audible, agrega—: Tengo la intención de secuestrarla, pero no se lo diga. Será nuestra pequeña travesura.

Las tres reímos.

—¡Ay, mis niñas! Las estaré esperando a ambas. ¡Ahora vayan a la playa! Ya son las once… ¡Diviértanse, vamos!

Nos alejamos a pie, despidiéndonos con un gesto de la mano. Mientras caminamos, podemos escuchar que la anciana levanta la voz para decir:

—¡Bienvenida a tu hogar, Sofi!

—¡Gracias! ¡Hasta luego, nos vemos pronto!

Le sonrío desde el fondo de mi alma. Sí, tiene razón. Este es mi lugar. Solo me falta una personita especial para completar esta sensación: Brune, mi hija, el corazón que late dentro de mí.

Regresamos a la casa de Juli, dejamos las bolsas y empezamos a preparar todo para pasar el día en la playa.

Mientras me cambio, intento llamar a Néstor varias veces, pero todas mis llamadas terminan rechazadas, como si el teléfono tuviera algo personal contra mí.

Al final decido enviarle un mensaje directo, sin rodeos: le recuerdo que no tiene derecho a interponerse entre Brune y yo.

Si mi pequeña no puede contestar, esperaré con calma a que lo haga, aunque cada minuto sin ella se siente como un suspiro perdido…

detalle que, por supuesto, me guardo para mí.

No quiero involucrar a Silvia ni a Samuel en este asunto, pero si Néstor no recapacita, no tendré más opción que recurrir a ellos para poder hablar con mi hija, porque no puedo permitir que nadie ni nada se interponga.

Es frustrante y doloroso enfrentar esta realidad.

Detesto que la persona a la que tanto amé y que afirmaba amarme de la misma manera esté actuando así, desgarrando la conexión y sembrando dudas, pero aún mantengo la esperanza de que las cosas puedan mejorar.

Juli y yo conocemos este pedazo del mundo como verdaderas nativas.

Nos aprendimos de memoria los rincones a detalle, cada secreto que esconde este lugar.

Gracias a esa profunda familiaridad, encontramos el mejor sitio para pasar el rato, alejadas de la bulliciosa multitud de turistas.

Nos sumergimos en nuestra propia burbuja bajo una enorme sombrilla.

Por suerte, Juli decide no sintonizar el canal de radio de Marcos, donde a menudo transmiten canciones pegajosas que se quedan en la cabeza todo el día. En cambio, opta por una playlist de Ariana Grande y Miley Cyrus.

—¡Eres tan tonta!

—Olvida ya ese tema, no es así —me quejo, asumiendo que se refiere a lo que dijo antes sobre Marcos.

—¡Es que sigues cubriéndote! —me reprocha.

Tengo puesto un kimono tejido encima del traje de baño. Su suave tela me envuelve, creando una sensación de comodidad y protección. Sin embargo, sus palabras me hacen dudar. ¿Por qué me siento tan vulnerable? ¿Por qué es tan difícil para mí mostrarme tal cual soy?

—No seas pesada. ¡Déjame en paz!

—¿Cómo puedo hacer que entiendas que no hay nada de lo que debas avergonzarte? —pregunta con un tono amable pero firme.

—Ya sé… Es solo que me cuesta dar ese paso, aunque lo entiendo. Estoy dispuesta a animarme de a poco, ¿okey?

—Me conformaré con eso. —Suspira, quitándose el short con una confianza innata y exponiendo su estilizada figura sin ningún miedo.

El teléfono empieza a sonar con una insistencia que parece no tener fin.

Miro la pantalla y aparece el nombre de Miriam.

Suspiro y, sin pensarlo demasiado, la mando directo al buzón de voz.

Hoy no estoy de humor para sus conversaciones eternas, y prefiero mantener la paz antes que entrar en un maratón de palabras que sé cómo termina.

Mejor dejo que el contestador se ocupe de ella.

—Creo que me apuntaré al gimnasio —anuncio mientras observo a los surfistas montar en las olas.

—¿Seguro? Si eso es lo que quieres…

—Mírate… —le digo, examinándola de arriba abajo.

—¿En serio, So? ¿Vas a empezar a comparar tu cuerpo con el de otras personas? —cuestiona, intentando abrir mis ojos a una perspectiva más saludable.

Levanto un hombro en un gesto de resignación, sintiéndome inmadura e incapaz de ocultar mi enorme inseguridad. A veces siento que mi cuerpo es una cárcel en la que me encuentro atrapada.

Miriam vuelve a llamar, pero decido ignorarla por segunda vez. No es el momento de lidiar con las expectativas y opiniones de los demás. Quiero estar aquí, en este lugar tranquilo y apartado, enfocada en mí misma y en Juli.