Capítulo 14 #5
Intento disipar cualquier rastro de incomodidad. Me pregunto si mis palabras han resonado más allá de lo que esperaba. Quizás ahora se plantean la posibilidad de que haya cierta verdad detrás de ellas, algo que nunca habían considerado.
Marcos se acerca, rodeando con su brazo el cuello de Daniel, y lanza su pregunta:
—Además de trabajar ocupando el puesto de He-Man, ¿tienes algún otro plan?
Las risas brotan de forma espontánea, llenando el ambiente de alegría contagiosa.
Dan, con una ligera arruga en la frente, responde:
—No tengo ninguno.
Marcos dirige su mirada hacia nosotras, mostrando curiosidad en sus ojos.
—¿Y ustedes?
Juli, con una sonrisa iluminando su rostro, responde:
—Tampoco. Sofi llegó ayer, por eso aún no hemos acordado nada.
—Habrá una fiesta mañana en la casa de un colega. ¿Se apuntan?
Daniel, ya acomodándose en su coche, responde:
—Te confirmaré después. No prometo nada, ¿de acuerdo?
Marcos arquea las cejas con exageración, como si no pudiera creer lo que oye, y replica con sorna:
—¡Un rato, hombre! No seas amargado y no pongas cara larga, que después no habrá quien te saque de ahí.
Daniel ríe, sacudiendo la cabeza mientras se ajusta el cinturón:
—Y tú deja de ser pesado… —contesta con tono juguetón—. Lo intentaré.
—¿Te gustaría ir, So? —pregunta Juli, pero antes de que pueda responder, ella misma se adelanta y se despide de Dan—: ¡Nos vemos, amigo! Te quiero.
Dan sonríe, levanta una mano en señal de despedida y nos desea buenas noches. El coche arranca y, mientras se pierde en la oscuridad, Marcos comenta con una media sonrisa:
—Mira cómo huye… Seguro ya está pensando en la excusa para no venir mañana.
—¡Oh, necesito arrancarme estos zapatos! —exclama enseguida Juli con un tono exagerado—. ¡Me los tengo que quitar! —Antes de adentrarse en su hogar, se vuelve hacia Marcos—: Iré a la fiesta si So quiere. Pregúntale a ella.
—¡Pero estoy aquí! —interrumpo en vano, porque no se detuvo a escucharme.
Marcos chasquea la lengua, captando mi atención al instante.
Es entonces cuando me doy cuenta de que esta es la primera vez que estamos tan cerca, a una distancia de apenas un metro.
La situación tiene algo de cómico: tanto tiempo esquivándonos y ahora el destino nos pone cara a cara, como si hubiera estado esperando el momento justo para hacer su chiste.
—¿Lo hizo a propósito? —me quejo, frunciendo el ceño.
—Sí, déjala. Entonces, ¿vendrás? —me pregunta. Su rostro parece iluminado por una chispa de emoción.
Un torrente de dudas me invade mientras considero su invitación. Mi mirada se desvía, buscando respuestas en el paisaje que nos rodea. Mis pensamientos se entremezclan, debatiendo si aceptar o no. La incertidumbre y la duda se reflejan en mi mirada mientras respondo con cautela:
—Bueno…
Marcos captura mi vacilación y la transforma en expectativa. Buscando una confirmación definitiva, insiste:
—¿Es un sí?
Un torbellino de pensamientos y emociones se agita en mi interior.
¿Qué me detiene? ¿El miedo a lo desconocido, a dejarme llevar por la diversión y la espontaneidad?
Pero también, ¿la posibilidad de experimentar momentos inolvidables, de reír sin inhibiciones y de sentirme viva?
Siento que la perspectiva comienza a ganar terreno en mi mente.
—Eso creo…
Ante mi respuesta, la sonrisa de Marcos brilla, como si la noche misma se iluminara a su alrededor.
—¡Estupendo! —exclama dejando escapar su entusiasmo—. Bueno, me voy… Luego le enviaré a Julieta la ubicación de la fiesta.
Asiento con complicidad, observando cómo se aleja despacio hacia atrás.
—De acuerdo. ¡Nos vemos!
—Te hará bien un poco de diversión —promete—. Disfruta y déjate llevar.
Mi mente se llena de expectativas y la idea se vuelve cada vez más seductora. Por fin soy capaz de sentir un destello de anticipación en mi interior.
—¡Dile que tenga buenas noches a nuestra amiga más infantil! Y también dile que se joda —añade con una pizca de sorna en su voz, revelando su sentido del humor característico.
Dejo escapar una pequeña carcajada, contagiada por su espíritu bromista y su capacidad para sacarme de mis pensamientos negativos.
—¡Está bien! —le grito en respuesta, mientras él se pierde en la distancia—. ¡Buenas noches, Marcos!
—¡Lo mismo digo, Sofi! Mañana te reirás el triple, te lo aseguro —me responde con firmeza.
Su voz tiene algo que me sacude. No es solo la seguridad, es la manera en que me mira, como si hubiera un puente invisible entre los dos. Y siento que hay una conexión que va más allá de las palabras.
Una chispa de alegría se enciende dentro de mí.
Su presencia deja una huella que no sé cómo explicar.
Además, había olvidado lo mucho que me gusta escuchar mi nombre en su voz.
Es simple, pero me conmueve. Tiene un ritmo distinto, una cercanía que me desarma.
Me descubro imaginando, con cierta vergüenza, que tal vez para él también significa algo.
Que al pronunciarlo siente una conexión, aunque sea mínima.
Y esa idea me acompaña, silenciosa, como un secreto que prefiero no decir en voz alta.