Capítulo 14 #2
Me pregunto cómo hemos permitido que esto nos sucediera, en qué momento dejamos que nuestra relación se desmorone hasta convertirse en algo irreconocible.
La voz de la razón y del corazón chocan dentro de mí, buscando respuestas y culpables.
Quisiera tener el coraje de preguntarle, de enfrentar la verdad y abrir viejas heridas, pero el miedo y la vulnerabilidad me contienen.
Mi silencio se hace pesado, lleno de preguntas no formuladas y emociones no expresadas.
Nos observamos por un instante, nuestras miradas entrelazadas como hilos invisibles que conectan el pasado y el presente.
Me doy cuenta de que las palabras no son suficientes para desentrañar todo lo que hay entre nosotros.
Quizás, solo quizás, sea necesario el tiempo y la voluntad de ambos para reconstruir lo que una vez fue y ver si aún queda algo por rescatar.
—Sofi… —Su voz me llega como un eco distante, provocando un nudo en mi garganta.
Trago con fuerza, desenfocando mi mirada en un intento de procesar su repentina presencia. Sus labios se curvan en una sonrisa y, aunque sus ojos transmiten ternura, percibo una cierta reserva amarga en su expresión.
—Te queda bien ese color.
Me toco el cabello, mitad verde. Hago una mueca en un intento de sonrisa a modo de agradecimiento.
—Hola —susurro con un leve temblor en mi voz.
En el pasado, este encuentro desencadenaría una cascada de risas contagiosas.
Habría saltado a su espalda, ambos terminaríamos en el suelo, riendo sin control.
Nuestras bocas quedarían a nada de distancia, como si el universo nos estuviera empujando a dar el paso…
pero claro, nosotros retrocediendo, dos cobardes disfrazados de valientes.
Y después, obvio, nos reiríamos a carcajadas de lo patético que fue no besarnos, burlándonos de nuestra propia inmadurez.
Ahora aquí estamos, y las cosas ya no son como antes.
Las risas se han desvanecido y, en su lugar, hay una brecha profunda y desconocida entre nosotros.
¿Sigues ahí, Marcos? ¿Te ocultas detrás de este hombre alto, imponente y atractivo que tienes delante de mí?
Me gustaría creer que sí, que aún queda algo de aquel chico que conocí y amé.
No quiero pensar en la posibilidad de que te hayas transformado en alguien diferente, en una versión falsa o engañosa de ti mismo, al igual que yo. Pero dudo, y dudar me consume.
—¡Ya podemos comer! —El grito enérgico de Juli irrumpe en el ambiente, rompiendo el silencio y arrancándome de mis reflexiones. El comedor nos espera, testigo de nuestro encuentro incierto y cargado de interrogantes.
Comer frente a otras personas siempre fue un gran desafío por culpa de Miriam.
El momento que más detestaba era la hora de las comidas, ya que no podía disfrutar sin sentir el peso constante de los reproches y desafíos.
Debía mantener una postura recta y rígida, siguiendo los estrictos modales y protocolos antiguos e innecesarios, siempre cuidando el humor de papá.
Debía ser la perfección encarnada. Era más que comer con la boca cerrada, esperar a que todos estuvieran en la mesa o no levantarme antes de tiempo; se trataba de no poder desenvolverme con soltura.
Esa tensión y presión se fueron haciendo más grande a lo largo de los años, y las situaciones a las que me arrastraban cuando algo molestaba a mi padre eran humillantes, en especial ante las visitas.
Sin embargo, con mis amigos era diferente.
Con ellos, podía dejar atrás toda esa presión y ser yo misma.
Y todavía es así, solo que parece que ahora hay dos grupos en lugar de uno.
Mi relación con Juli y Dan forma uno, y la relación de Marcos con ellos conforma otro, como si existieran realidades paralelas en las que interactuamos al mismo tiempo.
Con él comparto una historia pasada, una conexión profunda que no puede ser ignorada.
Aunque no nos hablamos, nuestras miradas se encuentran en silencio, como un lenguaje secreto que solo nosotros entendemos.
Quisiera romper este muro invisible que nos mantiene en distintos mundos, y deseo con todo mi ser que él también sienta esas ganas.
Anhelo la oportunidad de reconstruir lo que una vez fue, de superar los obstáculos que nos separan y de redescubrirnos en una nueva dimensión de nuestra relación.
—¿Cuándo fue la última vez que nos encontramos todos juntos? —pregunta Daniel, uniendo estas dimensiones.
—En la fiesta de bodas de Juli —recuerdo.
La mención de ese evento despierta una mezcla de emociones en mí. La última vez que vi a Marcos fue en aquella ocasión. Yo estaba embarazada en ese entonces, llena de ilusiones y enamorada de quien ahora es mi expareja. Parece increíble cómo las cosas han cambiado desde aquel momento.
—¡Tanto tiempo! Y pensar que ahora estoy divorciada… —comenta Juli con una mezcla de amargura y resignación.
—Es más, parece que nunca te casaste.
—Es cruel, pero cierto, Dan. El amor dura tan poco que al final lo recordamos con ironía, como si nunca hubiera sido tan serio.
—Ojalá durara poco para todos —susurra Marcos, con una voz llena de una amargura que no puedo ignorar.
—¡Qué va! Ojalá durara para siempre. Yo estaba muy ilusionada —interviene Juli, alegando su propia experiencia, aunque intuyo que Marcos no se refería a eso—. Fue mi ex quien no quería un matrimonio normal. ¡Yo estaba dispuesta a formar la familia perfecta!
Mientras Juli rememora, como ella misma denomina su «fracaso amoroso», mi mente se sumerge en aquel día, reviviendo los sentimientos que lo acompañaron.
Néstor y yo llegamos tomados de la mano al lujoso hotel donde Juli estaba alojada, preparándose con entusiasmo para ese día tan especial que se avecinaba.
Las elegantes lámparas de cristal iluminaban el vestíbulo, aportando un toque de sofisticación a nuestro encuentro.
Mientras avanzábamos hacia la recepción, podía sentir la emoción vibrante en el ambiente, como si cada detalle estuviera impregnado de la magia de ese día único.
Siendo su fiel dama de honor, mi objetivo era brindarle apoyo y compañía en cada paso del camino. Me sentía honrada de poder compartir ese momento especial con ella. La anticipación se reflejaba en nuestros rostros, radiantes y llenos de alegría.
Al llegar a la recepción, divisamos a Daniel y Marcos, que habían decidido acompañar a Néstor durante mi ocupación como dama de honor.
Les presenté con una sonrisa, esperando que se estableciera una buena conexión entre ellos.
Dan destacó de inmediato, conversando con Néstor como si fueran viejos amigos.
La charla se dio tan fácil que parecía que se conocieran desde siempre.
Marcos estaba distinto, más reservado. Sus ojos se detenían una y otra vez en mi vientre, y esa sonrisa incómoda que apenas se dibujaba en su rostro parecía esconder algo más que simple curiosidad.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, sentí un nudo en el pecho: ¿habría herido su corazón sin darme cuenta?
Las dudas comenzaron a revolverse dentro de mí, intentando descifrar lo que se ocultaba tras su expresión sombría.
—¿Bailamos? —Estábamos inmersos en la vibrante atmósfera de la fiesta, mientras observábamos cómo los demás se entregaban al ritmo y la diversión—. ¡Oye, Nes!
Néstor apartó la mirada de la pantalla de su teléfono y lo guardó en el bolsillo de su elegante traje.
—Disculpa, amor. ¿Me hablaste?
—¡Me encantaría bailar!
Un gesto de desaprobación se dibujó en su rostro mientras fruncía el ceño.
—Pues entonces hazlo —respondió indiferente, volviendo a sacar el teléfono y sumergiéndose en su mundo digital.
Consideré quedarme a su lado, aunque la música y el ambiente me empujaban hacia otra dirección.
Aun con mi barriga, tenía claro que quería disfrutar y dejarme llevar.
Sentía cómo Brune, mi pequeño tesoro en gestación, también se emocionaba, pues sus movimientos eran cada vez más notorios.
Mi mirada se desvió hacia el esposo de Juli, que se encontraba rodeado de amigos y parecía disfrutar al máximo.
Una chispa de determinación se encendió en mi interior.
—¡Voy a buscar a Juli! —anuncié, poniéndome de pie y encaminándome hacia la acción.
Néstor respondió con un simple «okey», sin siquiera mirarme a los ojos.
Mi corazón latía con fuerza mientras la buscaba entre la multitud, escudriñando cada rincón de la pista de baile, los baños, los balcones y las barras. Sin éxito.
Fue entonces cuando Dan se acercó a mí, rompiendo mi desilusión momentánea.
—¿Estás sola? —preguntó con una sonrisa amistosa.
—¿Tú también?
—Sí, Marcos se fue al servicio hace un momento…
—¿Has visto a Julieta?
—¿No está junto a su atractivo y rico esposo?
—No.
—Entonces se fue a retocar el maquillaje —sugirió, tratando de aliviar mis inquietudes.
—No está en el servicio. Ya la busqué.
—Creo que hay un camerino detrás del escenario, supongo que estará allí… —insinuó, tratando de ser útil.
—¡Eres un genio! Lo había olvidado por completo —exclamé agradecida mientras me alejaba en busca de mi amiga, dejándolo atrás—. ¡Por cierto, no te marcharás sin antes bailar con nosotras!
—¿Nosotras? Ya bailé con Julieta, no otra vez…
—Conmigo… ¡Y con ella! —grité por encima de la música, colocando mis manos sobre mi vientre.
—¡Con mucho gusto! —aceptó Daniel, contagiado por mi alegría.
Llegué a un largo y oscuro pasillo, cuyas paredes parecían absorber la música y la euforia de la fiesta, sumiéndolo en un silencio casi sepulcral.
Solo una tenue luz escapaba por debajo de la puerta que se alzaba ante mí, titilando como una guía en la oscuridad.
Movida por las ganas, me aproximé con determinación, sintiendo que la melodía festiva se desvanecía a mis espaldas.
Sin embargo, mi paso se detuvo a un metro de distancia de la puerta, cuando un ruido fuerte rompió el silencio.