Volver a mí Capítulo 14
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Capítulo 14

—¡Vaya, charlatanas! —dice Julieta con una sonrisa cómplice—. A ti y a Brunella les encanta hablar.

— Sí… —suspiro—. Apenas pasó un día y ya siento que la distancia se hace más dura. No tenía ganas de colgar, pero era tarde y tenía que descansar.

—Eres una buena madre.

Le devuelvo una sonrisa, aunque en mi interior aún se remueven las palabras hirientes de Néstor. Cada una de ellas golpeó con fuerza mi corazón y la confianza en mí misma.

—¿Nerviosa? —me pregunta, refiriéndose a la cena.

—Algo así… —Me toco el brazo con la otra mano, sintiendo cómo la tensión se acumula—. Pero es una mezcla de muchas cosas, ¿sabes? No estoy al cien por ciento. Hay tantas emociones en juego ahora mismo…

—¡Tranquila, te aseguro que podrás desconectar! El pastel de carne estará listo en treinta minutos. Espero que los muchachos sean puntuales.

Alguien llama a la puerta y Julieta levanta las cejas, contagiándome su emoción.

—¿Puedes atender por mí? —me pide.

Asiento con un gesto antes de caminar despacio hacia la puerta, sintiendo un nudo en el estómago.

Cuando la abro, me encuentro con Daniel.

Su sonrisa cálida me reconforta de inmediato, como si su mera presencia pudiera aliviar mi dolor.

Él me recibe en un abrazo sincero, envolviéndome en su calidez y afecto.

—¡Qué lindo verte, Sofi! —exclama con alegría y genuina emoción.

No encuentro las palabras adecuadas para responderle, así que solo me escondo en su pecho, buscando consuelo y protección en sus brazos.

—Cuando Julieta me invitó a la cena, no pude negarme por nada del mundo. —Suspira—. ¡Tenía muchas ganas de verte, amiga!

—Y yo… —respondo con voz entrecortada, sintiendo que las lágrimas amenazan con salir—. ¡Te extrañé tanto!

Me aparto y bajo la cabeza, como si así pudiera esconder mis emociones. No quiero que se vea lo vulnerable que me siento.

Dan frunce el ceño, preocupado por mi estado. Desearía poder aferrarme a él de nuevo y desahogarme sin restricciones.

—¿Estás bien? —me pregunta, como si pudiera leer mi alma.

Deseo poder hablar con él, pero hay heridas que obligo a mantener cerradas a toda costa, incluso frente a mis amigos más cercanos.

—Aún eres muy intuitivo… Vamos adentro.

—Pero…

—¡Andando! Juli nos está esperando.

Entrelazo su brazo en el mío, buscando apoyo en su presencia mientras avanzamos hacia el interior de la casa.

—¡Te ves tan guapo! —le digo, notando los cambios en su apariencia física.

Él sonríe agradecido por el cumplido y, al mismo tiempo, es humilde con su respuesta:

—Subí mucho de peso, pero comencé a entrenar de nuevo para recuperar mi estado físico. Me hubieras visto meses atrás… No estarías diciendo lo mismo.

La cocina nos recibe con su ambiente acogedor, mientras Julieta sigue atenta a su teléfono.

—¡Eres tan adicta a esa cosa! —acuso con una sonrisa juguetona—. Mira quién llegó…

—¡Mi buen amigo! —exclama ella, bajando de la mesada con un brillo travieso en sus ojos—. De todas formas, nos hemos reunido aquí por ti, So. Ese es el motivo principal de esta cena.

Dan asiente con cariño y añade:

—Es cierto, Sofi. Tú eres el centro de todo esto.

—Es que ya no tienes tiempo para nada —bromea Juli—. Ahora que eres padre, estás todo el día cansado. Esa es la excusa que usas con la idea de dejarme de lado.

Él suelta una carcajada y agrega con complicidad:

—¡Pero es verdad! Tú me crees, ¿o no, Sofi?

Me sale una sonrisa algo triste, pensando en todo lo que implica ser madre y en lo poco que a veces se entiende desde afuera.

—Lo he vivido, por eso te comprendo.

Julieta nos ofrece algo de beber y pone música suave de fondo. El ambiente relajado y acogedor de la sala nos envuelve mientras charlamos, esperando que la cena esté lista.

Sin embargo, a pesar de la agradable compañía de mis amigos, no puedo ignorar las heridas causadas por Néstor.

En medio de la conversación, su voz hiriente se entromete en mi mente, igual que un eco persistente y atormentador.

Las palabras crueles que pronunció, como «eres una zorra asquerosa», siguen resonando en mi cabeza, causando una sensación de angustia y desesperación.

—¡Oh, el pastel de carne está listo! —exclama Juli, interrumpiendo mis pensamientos mientras se dirige a la cocina—. ¡Oye, Dan! ¿Y no le molesta a Ana que salgas?

Las fragancias de especias y carne horneada se mezclan en el aire, despertando mi apetito. Observo a Juli mientras se ocupa en la cocina, admirando su habilidad y dedicación. Es evidente que ha perfeccionado su arte culinario y su entusiasmo se contagia en cada rincón de la casa.

—¡Qué va, Juli! Se veía hasta feliz. —Ríe con alegría—. Dijo que aprovecharía para ver las películas que no vemos juntos porque a mí no me gustan.

La luz tenue parpadea, iluminando las caras de mis amigos. Estar con ellos me calma, me da un respiro en medio de tanta emoción. Me esfuerzo por quedarme en el ahora y sentir la calidez de su compañía.

—¿Regresará al trabajo? —pregunto, tratando de desviar mis pensamientos oscuros hacia una conversación más liviana.

—Lo sigue considerando aún. Creo que le haría bien, aunque Ana no está segura… —Dan reflexiona por un momento antes de continuar—: Quiero que esté feliz y realizada, pero también entiendo sus dudas… ¡Oh, eso huele maravilloso!

La casa se impregna con el aroma del pastel de carne recién salido del horno, y es imposible no dejarse tentar.

—¡Coincido! Te has vuelto una experta.

—¡Gracias, amigos! Esperen a probarlo. —Juli toma su teléfono, de repente frustrada—. ¡Mierda, a este imbécil se le está haciendo tarde!

—¿Te refieres a Marcos? —interviene Dan—. Que sea puntual y que cumpla con horarios es imposible, es como pedirle peras al olmo. Déjalo…

Es de locos volver a verlo. La idea de encontrarme con él después de tanto tiempo me hace sentir como si fuera la primera vez, como si estuviera a punto de embarcarme en una cita a ciegas llena de incertidumbre.

Ojalá falte… Han mencionado que nos juntamos por mí, ¿por qué querría asistir a esta cena alguien como Marcos?

No tiene sentido… ¡Ni siquiera nos hablamos!

Aunque no sé por qué pienso esto… En el fondo, me dolería mucho si no viene.

Ya no puedo tolerar más rechazos de personas que me importan, en especial él.

—No le diré nada, él sabe lo que tiene que hacer… —Juli suspira con resignación—. ¿Les molesta si esperamos un poco más para empezar?

Niego con la cabeza, tratando de ocultar mi decepción por la posible ausencia. El deseo de su compañía se sigue mezclando con ese temor a enfrentar un nuevo rechazo.

—Vendrá. No tengo ninguna duda —afirma Dan con una sonrisa dulce.

Me aclaro la garganta y opto por cambiar de tema:

—¿Qué tal el trabajo?

Dan se ilumina y sus ojos brillan con entusiasmo, tanto que resulta contagioso.

—¡Es demasiado intenso! Estoy ocupado todo el día, pero es maravilloso. ¡Amo dar clases, Sofi! Me esfuerzo para que mis estudiantes descubran la magia de las Matemáticas.

—¡Eso suena aburrido! —Una voz familiar interrumpe, y mi corazón da un vuelco de sorpresa.

Giro la cabeza con lentitud y mis ojos se encuentran con los de Marcos.

Aparece en el umbral de la puerta, con una sonrisa traviesa en los labios y las manos que descansan en los bolsillos de sus pantalones.

Su presencia me trae una alegría que no esperaba, y siento una energía que me atraviesa, disipando las viejas heridas.

—¿Cómo entraste? —pregunta Juli, frunciendo las cejas.

—Creo que dejé la puerta sin llave —recuerdo—. Perdón por el descuido.

—Parece que no conoces el significado de la palabra «vocación», Marquitos —interviene Daniel, rompiendo el silencio y desviando la mirada indescifrable de Marcos sobre mi rostro.

—¡Ay, Danielito! Me recuerdas al señor Wagner —bromea Marcos—. ¡Qué asco!

—¿Y quién es ese?

—Fue nuestro profesor de Matemáticas en el último año de instituto, Juli —explica Dan.

Parece que Julieta tiene una laguna mental, así que me apresuro a refrescar su memoria:

—He… He-Man.

Un breve silencio se apodera del ambiente antes de que todos estallen en carcajadas.

—¡Ahora lo recuerdo! —Asiente ella, riendo—. ¡Qué tiempos tan divertidos!

—Pobre señor Wagner… —comenta Dan, conteniendo la risa—. Lo torturaste durante un año con ese mote, Marcos. Fuiste su pesadilla.

—¡Lo dices porque tú eras su favorito! No me vas a negar que tenía un parecido asombroso con su melena rubia hasta los hombros.

—Oh, también recuerdo cuando intentaste hacer un match entre él y la profesora de Literatura —añade Juli—. ¡Eso me emocionó muchísimo! He-Man se sonrojaba con facilidad. ¡Era tan lindo!

—Me odió tanto que llegó a pedirle a Dan que se alejara de mí. Fui una influencia nefasta.

—¡Aunque nunca lograste corromperme! —responde Daniel con orgullo.

—¡No! —gruñe Marcos, acercándose por fin—. Incluso te convertiste en aquello que juré destruir.

Nos ponemos de pie y el ambiente se carga de tensión. Dan y Marcos intercambian un breve abrazo, colmado de familiaridad. Juli se dirige hacia la cocina una vez más, chocando los cinco con Marcos antes de alejarse.

Me resulta difícil asimilar la realidad de tener justo frente a mí al chico que me hizo sentir tantas reacciones en el cuerpo. Es él, sin duda alguna, pero a la vez se ha convertido en un completo desconocido.

Mi mirada se pierde en su rostro, tratando de encontrar cualquier rastro de lo que alguna vez fuimos.

Sus ojos, que solían brillar con complicidad, ahora parecen ocultar un mar de emociones que no puedo descifrar.

La línea de su mandíbula tensa revela el peso de los años y las experiencias que hemos vivido por separado.

Sus manos, una vez tan familiares para mí, ahora parecen extrañas y distantes.

Una mezcla de melancolía y nostalgia se apodera de mi ser.