Volver a mí Capítulo 13 #3
41%

Capítulo 13 #3

Mis manos, sin duda, se encuentran en pésimas condiciones, y su comentario me hace consciente de esa pequeña imperfección. Una mezcla de vergüenza y gratitud se apodera de mí. Vergüenza por mi falta de atención a los detalles y gratitud por contar con alguien tan atenta en mi vida.

—Están descuidadas, pero…

—¡Tenemos trabajo que hacer! —dice con decisión, dejando claro que quiere que mis uñas queden impecables.

Me abruma su cuidado, pero también me da paz. La tarde pasa entre risas y silencios, y en esos momentos simples encuentro consuelo. Como siempre, su compañía me recuerda que no estoy sola y que juntas podemos enfrentar lo que venga.

—¡Gracias! Me encantan —admito, sin apartar la mirada del trabajo que hizo en mis manos.

Las uñas brillan con la luz suave de la sala y me sorprende lo bien que se ven. No esperaba que me dieran tanta satisfacción, pero me sacan una sonrisa genuina.

—A esto me dedico, ya sabes —dice mientras me guiña un ojo.

Me encanta ver cómo disfruta lo que hace, y cómo esa pasión se nota en cada detalle.

Es como si cada movimiento suyo se transformara en algo especial.

Una envidia sana me embarga mientras pienso en mi propia vida y en la búsqueda de esa misma satisfacción.

Sueño con encontrar un empleo que me apasione tanto como a ella, uno que me haga sentir realizada y plena.

Antes de poder expresar todos estos pensamientos en voz alta, una llamada de Néstor interrumpe el momento.

—Perdona… Debo atender —informo, sintiendo un dejo de pesar en mi voz.

Salgo de la sala y me voy al balcón, buscando un poco de privacidad para esta charla incómoda.

Me quedo mirando el paisaje: el cielo azul se pierde en el horizonte, el sol me da en la cara y el sonido de las olas se mezcla con las gaviotas que vuelan cerca.

Cierro los ojos un instante, tratando de dejarme llevar por la calma del lugar, como si pudiera esconderme ahí de los problemas y miedos que me persiguen.

—¿Dónde estás?

Sus palabras me dejan sin aliento por un momento. Siento un nudo en la garganta, pero decido mantenerme en silencio, negándome a darle la satisfacción de una respuesta inmediata.

—¿Dónde estás? —insiste elevando el tono de su voz—. ¿Huiste? ¿Te marchaste para siempre?

—¿Y Brune? —logro articular.

—¡Te pregunté dónde estás, Sofía!

Los gritos de Néstor atraviesan mi alma como cuchillos afilados. Trato de mantenerme firme, de no dejar que su agresividad me desestabilice.

—No es asunto tuyo…

—¡He visto las grabaciones de las cámaras! —exclama.

Siento un escalofrío recorrer mi espalda al escuchar sus palabras. Mi mente se llena de preguntas y dudas sobre mi privacidad y mi libertad.

—¿Y qué?

—¿Estás saliendo con otro? No ha pasado ni un mes desde que me dejaste. ¿O es por eso que me abandonaste?

—¡No! —Mi voz se quiebra, incapaz de ocultar la tristeza y el dolor que anidan en mi interior.

Juli, al percatarse de mi angustia, levanta la cabeza y me observa con preocupación. Su mirada cálida y comprensiva me brinda un rayo de esperanza en medio de la tormenta. Le hago un gesto negativo con la cabeza, indicándole que se mantenga en calma, que todo estará bien.

—¿Me dejaste por otro? ¿Quién es el bastardo al que le abres las piernas? —continúa con un tono lleno de resentimiento y desprecio.

—¡No hay nadie!

Lucho por controlar las lágrimas que amenazan con brotar de mis ojos. Parezco una persona entera, pero mi corazón se encuentra destrozado, hecho pedazos y humillado.

—Entonces, ¿dónde estás, Sofía? ¿Por qué no me lo quieres decir?

—Fuiste claro al reclamar que no nos debemos explicaciones. ¿Prefieres que te recuerde todo lo que me dijiste hace unas pocas horas atrás?

—¿Estás con él ahora? ¿En su cama? Por eso no respondes a las llamadas de tu hija, ¿verdad? Porque prefieres dejarte follar por un sujeto cualquiera en lugar de atender a Brune —acusa.

—¡No es así!

Siento que la indignación y el dolor se entrelazan en mi interior. Mis manos tiemblan y el aire se torna denso a mi alrededor.

—¿Acaso es una lesbiana? Te aburriste de mí y te fuiste con una mujer, ¿verdad? Total, a ti te da igual lo que lleve entre sus piernas…

Siento un nudo en el pecho con lo que acaba de decir. El miedo a que me rechace o me juzgue por ser quien soy se mezcla con la esperanza de que Néstor, al final, pueda entenderme.

—¿Por qué quieres lastimarme, Nes?

—¡Eres una zorra asquerosa! —grita, y el sonido de un golpe fuerte seguido de un quiebre se escucha antes de que la llamada se corte.

Todo a mi alrededor se vuelve borroso mientras el dolor me arrastra. Mis piernas no aguantan y termino en el suelo, con las lágrimas cayendo sin control. Me hago un ovillo, cubriendo mi cabeza con las manos como si pudiera protegerme de la devastación que se ha desatado en mi vida.

En medio de mi desesperación, siento los brazos cálidos de Julieta rodeándome, dándome un apoyo que no pide nada a cambio. Su abrazo me envuelve con seguridad y cariño, y me permite soltar las lágrimas sin miedo, dejando que la tristeza salga de una vez.

Me alivia que esté a mi lado, porque enfrentar esto sola sería imposible. No sé qué haría sin ella. Tenerla conmigo me hace sentir acompañada y me recuerda que hay personas que me quieren y me aceptan, incluso cuando estoy hecha pedazos.